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ABC MIÉRCOLES 11 5 2005 7 cepto programático, o tan siquiera el de elemento interpretativo de las normas competenciales. Es, por el contrario- -prosigue el TC en su sentencia 146 1992- un precepto con peso específico y significado propios LA ESPUMA DE LOS DÍAS La solidaridad, en suma, no es un postulado de futuro, una idea en las nubes políticas que acaso un día se transforme en agua que dé fertilidad a todos los campos españoles. La solidaridad es un principio que vincula ya a todos los poderes públicos. Con esta vinculación solidaria, los poderes autonómicos tienen que ejercitarse de buena fe, con lealtad constitucional. He de invocar otra vez la doctrina del TC, intérprete supremo de la Constitución. Ahora en la Sentencia 64 1990: el ejercicio de las competencias por cada Comunidad Autónoma no ha de llevar a adoptar decisiones o realizar actos que perjudiquen o perturben el interés general, sino que han de orientarse, por el contrario, teniendo en cuenta la comunidad de intereses que las vinculan entre sí y que no puede resultar disgregada o menoscabada a consecuencia de una gestión insolidaria. Y para el tema de la financiación de las Comunidades y municipios, el principio de solidaridad exige que las zonas de mayor capacidad económica asuman ciertos sacrificios o costes en beneficio de otras menos favorecidas. La doctrina del TC, en este punto, queda perfectamente diseñada. La autonomía financiera no se configura en la Constitución en términos absolutos, sino que se ve sometida a limitaciones derivadas de los principios, que el artículo 156.1 CE proclama, a saber: coordinación con la Hacienda estatal y solidaridad entre todos los españoles. Finalmente, he de recordar que la solidaridad es un principio constituyente, si se quiere preconstitucional, anterior a la elaboración del texto de 1978. El poder constituyente ejerció su tarea sobre la base de la solidaridad. Pienso que hay que prestar atención sólo a las recetas técnicas, de saberes tributarios y financieros, que sean conformes a la Constitución, uno de cuyos principios expresamente constitucionalizado es el de la solidaridad entre todos los españoles. Las otras, las inconstitucionales a radice perturban tanto que pueden llevarnos a perder el juicio. ¿QUÉ DICEN DE NOSOTROS? O hace falta ser adivino: en el debate de hoy en el Congreso se hablará una y mil veces acerca de la vertebración territorial y del fundamento más o menos objetivo de las reivindicaciones nacionalistas. Paciencia. Perseverancia. Resignación, incluso. Algún día- -lejano, me temo- -vamos a saldar nuestra deuda histórica con el sentido común. ¿Será verdad que España es una nación artificial? ¿Es acaso un Estado que, incluso cuando aparenta ser democrático, oprime sin misericordia a sus minorías étnicas y culturales? ¿Será tal vez una falacia que se inventaron unos iluminados y que algunos ingenuos nos hemos creído sin atender a razones? No sé, lo dicen BENIGNO tan convencidos que uno PENDÁS termina por dudar. Procuremos ser objetivos y dejar que hablen las voces imparciales. Nada mejor que consultar a los más notables pensadores europeos: ellos serán capaces de juzgarnos con objetividad, libres de prejuicios irracionales y de pasiones fuera de control. ¿Qué dicen de nosotros? Para empezar por el principio, Maquiavelo, en el siglo XVI, habla continuamente de Fernando el Católico y de César Borja, dos candidatos de la tierra a la condición- -no siempre modélica- -de príncipe del Renacimiento. Thomas Hobbes, otro de los grandes, atribuye su pesimismo antropológico al miedo que le inspiraba la Invencible, ya desde el propio seno materno. Del XVII al XVIII: se ocupa Montesquieu de las causas de la decadencia de España (relativa, mientras conserve las Indias) y la compara con el declive de Roma. Ni el italiano ni el inglés ni el francés prestan particular atención a las cuestiones autonómicas. Parece más bien que España y su Monarquia son percibidas con naturalidad como un todo bien articulado. De acuerdo, pero quizá estamos hablando de antiguallas que hoy día ya no merecen crédito entre los historiadores serios. Preguntemos, pues, a los autores del siglo XX. En España, el sentimiento nacional vivía fortísimo desde hacía mucho tiempo escribe Benedetto Croce, italiano y liberal. Vamos con otro ejemplo. Ernest Gellner- -esta vez habla un judío centroeuropeo- -asegura que el nacionalismo agresivo no era necesario en nuestro país, como tampoco en Francia o Inglaterra, gracias a su poderoso Estado nacional, surgido en la Edad Moderna. Por último: España es una vieja potencia, cuya existencia nunca estuvo amenazada... explica Milan Kundera, el novelista checo, por contraste con Polonia o con su propio país. Así se manifiesta en El telón publicado en castellano hace muy pocas semanas. No hace falta seguir: parece que nuestros vecinos lo tienen claro. Pero seguramente se trata de un espejismo: no pueden estar equivocados a la vez Sabino Arana y sus epígonos, los de Esquerra y sus ancestros, los doctrinarios de la nación de naciones... De todas maneras, ¿sería mucho pedir que leyeran un buen libro de vez en cuando? N CARLOS KILLIAN La solidaridad es un principio constituyente, si se quiere preconstitucional, anterior a la elaboración del texto de 1978. El poder constituyente ejerció su tarea sobre la base de la solidaridad PALABRAS CRUZADAS ¿Es positiva la regularización de inmigrantes del ministro Caldera? NECESITAMOS A ESOS TRABAJADORES ONTESTO a la pregunta con otra pregunta: ¿era o no era necesaria esa regularización? Y a esta pregunta con otra: ¿era o no era cierto que en España había, hay, cientos de miles de inmigrantes en situación irregular, sí, pero trabajando, siendo útiles a la sociedad española? Porque ésa es la cuestión central de este debate. Y nuestra situación económica responde por si sola: necesita a esos trabajadores extranjeros. Y si no, que se lo pregunten, por ejemplo, a los empresarios de hostelería, y a los agrícolas, y a las madres con niños pequeños, y a otros muchos. Sobre el proceso, es evidente que ha habido chapuzas, que no se ha planificado adecuadamente. Pero ha acabado razoEDURNE nablemente bien y la cifra final de la reguURIARTE larización no estará demasiado alejada del objetivo inicial. No es como para que Caldera hable de orgullo, pero sí de algo que había que hacer. Algunos alertan sobre el efecto llamada. Lo pongo en duda. El efecto llamada es el que produce nuestro bienestar, ahora y antes. Y sobre la descoordinación con Europa, estamos en fases distintas. La inmigración es para nosotros un fenómeno mucho más reciente y hacemos ahora lo que ellos ya hicieron. Lo que realmente me preocupa es el futuro, la capacidad de los gobernantes para decir no más cuando sí haya que decirlo. LA EUFORIA Y LA REALIDAD C N O dejes que la realidad te impida la euforia. Este lema parece haber presidido la reacción del ministro Caldera. Había un problema, pero se ha resuelto mal. Las cifras aportadas carecen de rigor. El número de inmigrantes ilegales ha ascendido por el efecto coladero- llamada Bastantes contratos son ficticios y las mafias han actuado. El Gobierno exigió el empadronamiento y luego limitó la exigencia a la mera solicitud. Los Ayuntamientos se han visto desbordados. Buena era la intención de hacer aflorar la economía sumergida, mas no así el método. No sabemos qué va a pasar I. SÁNCHEZ con los que permanezcan en situación CÁMARA irregular, ni con los que lleguen ilegalmente, y muy poco sobre las medidas que se van a adoptar para el control de las llegadas. Los recursos para garantizar los derechos de los inmigrantes o para asegurar la inspección de trabajo son insuficientes. España ha recibido la mayor oleada inmigratoria de su historia y también la mayor, en un plazo tan corto, de los alarmados países de la Unión Europea. No parece probable que pueda garantizarse la integración ni es fácil evaluar los efectos sobre la delincuencia. La realidad no permite la euforia. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate