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ABC MARTES 10 5 2005 Cultura 55 LAS MINISTRAS DEL VOGUE JAIME CAMPMANY De las ministras del Vogue se ha dicho lo más diverso. Porque el reír no me ahogue, lo repito, pero en verso: C omo si fueran modéposan en una revíslas ocho alegres minísque controla Zapaté- Al fin y al cabo mujé- están locas por la móy se retratan en Vó vestidas con modelí- haciendo de niñas píministras que eran de cuó- Está Cristina Narbó- ministra de Medio Ambién- sentada tan ricaménsobre unas pieles lujó- Que haya puesto el nalgatósobre pieles de chinchí- visones o cibelí- por mor de la alta costúno lo perdona a su cúnadie de la ecologí- Mirad a esa Magdalé- la del piropo a Galí- dispuesta a hacer el desfí- honor de la pasaré- Tire la primera piéquien libre esté de pecáy en un lírico arrebáo un disculpable descuíno se le escape algún díesa palabra tan guá- Que está feo poner mier en boca tan femeníni de pavo ni mosquíy ni siquiera de cer- Más a micrófono abierporque lo oiga toda Espá- que si gusta esa palátan sucia y escatoló- que le pongan un dodóen el lugar de la brá- Allí está la Sansegún- que Naomí no la supéy es como una enciclopécon todo el saber del mún- Responde a toda pregúncual Pitonisa de Apóy posee el sólido aplóque concede la ignorán- Rebuznará el estudiáncon sus planes pedagó- Todas aparecen línluciendo bella figú- No hallaréis un bello grúde tan socialista pín- Al frente del Paranínque forman tales cané- figura María Teré- toda vestida de blánvicepresidenta cándel cándido Zapaté- nado. Elena fue la primera que se empeñó. Después no sé lo que ha pasado. Aquello lo dominó mucho Polanco, hay que entrar con el visto bueno de él. A mi pariente José Zorrilla lo hicieron académico y lo tuvieron que quitar porque no pronunció el discurso a tiempo. Al cabo de unos años lo volvieron a elegir y entonces dijo: Pues ahora lo hago en verso A otro tío bisabuelo mío, llamado José Selgas, poeta, lo hicieron también académico y no hizo el discurso porque políticamente no era correcto... ¿Cuáles son sus bestias negras -No las tengo. Hombre, no sé si algún compañero me tiene tirria, o la diferencia ideológica llega a tal extremo que se le puede tener tirria a alguien. Yo no tengo ni practico esa manía. Soy amigo de mucha gente de izquierdas. He sido amigo de todos los periodistas y, por supuesto, de los ilustres, hayan tenido la ideología que fuera. Soy íntimo amigo de Raúl del Pozo. Y con Haro Tecglen, que nos peleamos y él se mete conmigo y yo con él, una vez coincidí en la Feria del Libro. Mi mujer compró su libro El niño republicano para que se lo dedicara. ¿A quién? le preguntó Haro. Pues mire, soy Conchita Campmany, la mujer de Jaime le dijo. Y él encantado firmó: La momia Cuando terminamos me acerqué y le di un abrazo. ¿Qué fue de los personajes litera- La época de oro del periodismo literario fue la de la censura ¿Cuáles han sido sus maestros? -Tuve un primer maestro de Periodismo, que entonces dirigía Línea de Murcia, que era Gonzalo Aguarón y fue quien me enseñó las primeras cosas de periodismo. Después, como director y escritor, aprendí mucho de Ismael Herráiz, de Rafael García Serrano, de Luis Calvo, de Eugenio Montes. ¿La mejor literatura se hace hoy en los periódicos? ¿Hoy? no. La mejor literatura que se ha hecho en los periódicos se hizo durante el franquismo. Le explico por qué: al no poder hablar de política, había que hacer artículos literarios. Ahora se va más al meollo de la cuestión. Pero la época de oro del periodismo literario fue la de la censura. ¿Cómo se toreaba a la censura? -La engañabas malamente porque engañabas también al lector si metías alguna referencia culta sin aclararla... Una vez le dije a Eugenio Montes: Tú sabes que yo soy republicano. Lo he sido siempre... Bueno, pues Eugenio, en Roma, en una cena con el embajador, me dijo: Campmany. Hace usted mal en ser republicano. Mire, si viene la República, a usted y a mí nos cortarán la cabeza. Y si viene la Monarquía, usted y yo escribiremos en el ABC Me lo dijo muchos años antes de que yo empezar a escribir en ABC. ¿Qué le pide a la vida? -No quiero ya nada. Los premios hay que dejarlos para los jóvenes. Yo creo que ya, a mi edad, me lo puedo permitir todo. Guillermo Luca de Tena me dijo una vez algo que me ha servido mucho para mis crónicas y artículos en ABC y que nunca olvidaré: Jaime, no te pido nada más que una cosa: que sigas escribiendo como escribes ahora sin pensar que escribes en ABC Porque debe haber muchos que al pasarse a ABC (le pasó a Paco Umbral, que de pronto no era Paco Umbral el que escribía en ABC) se encongen y piensan que hay que escribir aquí de otro manera. Lo de Guillermo me iluminó. rios Manolito el Pollero y Juan Pérez Creus? -Manolito el Pollero se presentó en un homenaje a Cela de esta guisa: Bueno, ustedes no me conocen, pero también puedo hablar aquí porque yo vivo de la pluma. Tengo dos pollerías en Madrid En otra ocasión, lleno de vino, estaba en el mostrador de una taberna de las que abren al amanecer. Y entraron tres individuos, uno cojeando. El Pollero le espeta: Amigo, no se haga usted el cojo que le va a castigar Dios ¡Joder, querían matarlo! Pérez Creus hacía unos epigramas fenomenales y el pobre se suicidió. No tenía hijos, vivía con una señora que le trataba mal: lo tenía sucio, lleno de piojos. Un día se lo encontró un vecino y le dijo: Don Juan, ¿adónde va usted? Y él contestó: Voy a la terraza, a suicidarme Y Pérez Creus se suicidió. ¿Se arrepiente de algún escrito? -Quizás de algún juicio inmisericorde de alguien. Cuando empecé a escribir de política me refugié en la literatura de humor sin haberla practicado. Nunca he sido un escritor ni de ironía, ni de humor. Pero de una manera instintiva, porque tampoco me lo propuse, pensé que plantearle a la gente un drama diario criticando a los políticos o plantearle a los políticos la molestia de estar zahiriéndolos todos los días era una cosa excesiva. Entonces me refugié en la broma. A veces molesta más, pero ahí ya no tengo la culpa. No es lo mismo llamarle a un tío cobarde que decir: Este es un cid de la pluma