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ABC MARTES 10 5 2005 Internacional 27 Brown no alienta la dimisión de Blair, pero espera pactar un calendario para el relevo El 46 por ciento de los británicos desean su marcha antes de fin de año EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El Partido Laborista británico se ha convertido en un gallinero entre los críticos que reclaman que Tony Blair abandone el cargo de primer ministro cuanto antes, los fieles que piden a todos los diputados que se dejen de disputas y se concentren en el programa electoral por el que han resultado elegidos, y los que sin militar estrictamente en uno u otro bando estiman conveniente que Blair fije un calendario para su marcha que apacigüe los ánimos. La controversia interna que ya vivían los laboristas antes de las elecciones entre los seguidores del primer ministro y los del canciller del Tesoro, Gordon Brown, se ha visto aventada por los resultados electorales. La mayoría lograda por Blair es suficientemente amplia para no provocar su marcha inmediata, pero también demasiado corta como para permitirle que llegue hasta el final de su tercer mandato. De momento, las voces más fuertes para una retirada de Blair a final de año, cuando terminará la presidencia del G- 8 y el semestre presidencial de la UE, o bien antes de que en la próxima primavera tengan lugar elecciones municipales, corresponden a los tradicionalmente más críticos con el premier entre ellos los ex ministros Robin Cook y Frank Dobson. por la labor de perdonarle la guerra de Irak, va a aprovechar esta pérdida de autoridad para crecerse y complicarle las cosas a fin de estorbar todo lo posible su acción gubernamental y forzar la salida de un líder que no quieren. Un difícil equilibrio para Tony Blair. Si la legislatura comienza con estos tonos de enfrentamiento, a Blair le va a resultar difícil adentrarse en su mandato con la creación de un mínimo consenso entre las partes. Con polémicas decisiones por delante, como la relativa a la introducción del carnet de identidad y la reducción de los beneficios por incapacidad laboral, los diputados rebeldes van a tener ocasión para poner al primer ministro en aprietos. Tony Blair EPA Compás de espera Ni Gordon Brown ni sus más estrechos colaboradores se han subido al carro, conscientes de que una desestabilización del partido no beneficiará al tranquilo traspaso de poderes que procuran. Sólo si fallara un claro pacto de sucesión, Brown podría maniobrar para forzar la salida precipitada de Blair. Según una encuesta publicada ayer por The Daily Telegraph, el 46 por ciento de los británicos desea que el primer ministro dimita antes de fin de año, el 26 por ciento estima que debe hacerlo dentro de dos o tres años y únicamente el 18 por ciento considera que debe permanecer en su puesto toda la legislatura. Entre los votantes laboristas, la opinión más extendida es que Blair siga dos o tres años más (46 por ciento) frente a los que reclaman una inmediata renuncia (17 por ciento) y los que piensan que tiene que agotar el mandato (9 por ciento) Destacados miembros del gobierno salieron ayer en defensa de Blair. David Blunkett, que ha regresado al Ejecutivo como ministro de Trabajo, apeló a los críticos a no dar aires de derrota a lo que ha sido una victoria electoral. Les conminó a centrarse en la aplicación del programa electoral, cuya ejecución es el encargo que ha recibido Blair del electorado. La pérdida de casi cien escaños de su mayoría se traduce en pérdida de autoridad frente a su gabinete, y el ala izquierda de los laboristas, que no está