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24 MARTES 10 5 2005 ABC Internacional Numerosos dirigentes mundiales caminaron ayer junto a la muralla del Kremlin en el homenaje a los caídos durante la Segunda Guerra Mundial AP Putin ensalza en presencia de Bush el pasado soviético de Rusia y promete que jamás habrá otra Guerra Fría Cincuenta mandatarios conmemoraron la toma de Berlín hace 60 años b Más de siete mil soldados de la guarnición de Moscú desfilaron con la exactitud y vistosidad propias del antiguo Ejército Rojo para celebrar la victoria aliada ENRIQUE SERBETO. ENVIADO ESPECIAL MOSCÚ. Los mandatarios más poderosos del mundo rodearon ayer al presidente ruso, Vladimir Putin, en una jornada de exaltación patriótica que incluyó una explícita reivindicación del pasado soviético, de la memoria de aquel país que desapareció hace quince años. Los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia, Estados Unidos, China, Francia y Gran Bretaña) y los derrotados de la II Guerra Mundial (Alemania, Italia y Japón) tuvieron un papel relevante en una ceremonia en la que Putin pidió que no se vuelva a repetir ninguna guerra, ni fría ni caliente Más de siete mil soldados de la guarnición de Moscú al mando del ministro de Defensa, Serguei Ivanov, participaron en un impresionante desfile realizado con la exactitud y vistosidad propia del Ejército Rojo y una estética claramente soviética de banderas rojas, hoces, martillos y retratos de Lenin, que desfilaron por la mañana en la Plaza Roja para celebrar la toma de Berlín hace sesenta años. El presidente norteamericano George Bush, por ejemplo, forma parte de la generación que creció bajo el temor de que cualquiera de los misiles nucleares que antaño desfilaban por la Plaza Roja podían amenazar Estados Unidos y sin embargo, ayer estaba allí en la tribuna junto a medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno del mundo entero, aplaudiendo los cantos patrióticos y viendo ondear las banderas rojas. Todos se pusieron en pie al paso de los veteranos, que como ya no pueden desfilar los llevaban en camiones antiguos. Al mundo le envió un mensaje más comprensible diciendo que la victoria no fue solamente de Rusia, sino de los países aliados y de los luchadores antifascistas de todo el mundo. Las memorias de la guerra nos envían una advertencia, que la indiferencia, la contemporización y los papeles de cómplices con la violencia nos llevan a inevitables tragedias a escala planetaria El discurso de Putin estaba claramente dirigido al régimen nazi alemán, pero dado que no lo nombra- Para todos los públicos Putin trató en todo momento de dulcificar para sus huéspedes el mensaje que estaba enviando a los ciudadanos rusos y que no es otro que decirles que les está permitido sentirse orgullosos, al menos de algunos fragmentos gloriosos de su tormentoso pasado soviético. Putin tuvo la deferencia de recibir al canciller Schröder y al primer ministro japonés, Koizumi, como una señal de normalización Con Chirac, el presidente ruso inauguró una estatua del general De Gaulle ba abiertamente en todos los casos, las referencias a la victoria de la libertad frente a la tiranía también se hubieran podido entender en clave de lo que fue la URSS en su faceta más siniestra de un régimen dictatorial y opresivo. Pero ayer nadie se acordó de Josif Stalin, que era el comandante en jefe del Ejército que logró la victoria que se conmemoraba, ni por supuesto de los millones de ciudadanos soviéticos que acabaron con sus huesos en los campos de concentración de Siberia. Pero ayer Stalin no se movió de su tumba, situada bajo las tribunas de los espectadores, ni Putin se dejó llevar por el entusiasmo frente a sus ilustres invitados. Incluso tuvo la deferencia de recibir en forma bilateral al canciller Schröder y al primer ministro japonés, Juinichiro Koizumi, los representantes de las dos naciones derrotadas en la guerra, como una señal de normalización Con Chirac, que no paraba de referirse a su amigo Vladimir Putin el presidente ruso inauguró una estatua del general De Gaulle. Estos días no ha habido en Moscú ni conflicto ni diferencia política alguna que fuera capaz de ensombrecer esta fiesta preparada por Putin hasta el último detalle. Enfrentados hoy al peligro real del terrorismo, debemos permanecer fieles a la memoria de nuestros padres. Nuestro deber es defender un orden mundial basado en la seguridad y la justicia y una nueva cultura de relaciones entre las naciones que no nos permita repetir ninguna guerra, ni fría ni caliente A las ocho de la noche hora de Moscú, toda Rusia guardó un minuto de silencio y en la Plaza Roja se realizó un