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28 La sucesión a la Corona LUNES 9 5 2005 ABC LA ESPAÑA DE DON FELIPE Anteayer. 30 de enero de 1986, Don Felipe cumplía los dieciocho años y con ellos alcanzaba la mayoría de edad. España abría la puerta de Europa, los ciudadanos deshojaban la margarita del sí o el no a la OTAN, la Quinta del Buitre dejaba ver sus afiladas garras, se producía el desastre de Chernobyl y los televidentes se ponían a punto y se desayunaban con Eva Nasarre El Príncipe se hace mayor rece que fue ayer, pero no. Anteayer, 1986. Tierno, el del loro, nos acababa de dejar y su entierro se había convertido en uno de los momentos más intensos y emotivos vividos por el pueblo de Madrid. Tras un largo y tortuoso proceso (con algún momento de chiste, verdad señor Morán) España había alcanzado la mayoría de edad al hacerse efectivo su ingreso en la entonces CEE. Supimos lo que es vivir con un valor añadido, el IVA, y ese mismo año, el 30 de enero, el Príncipe de Asturias también llegaba a sus dieciocho años. Parece que fue ayer, pero no. La tarta fue su presencia ante el Congreso para prestar el juramento que le comprometía con la Constitución y sus futuros deberes como Rey constitucional. El acto consistió en una breve ceremonia presidida por su padre el Rey Don Juan Carlos y su abuelo el Conde de Barcelona, acompañados de las más altas autoridades del país. Pa TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE El Príncipe de Asturias jura la Constitución ante Su Majestad el Rey al cumplir la mayoría de edad que ya presagiaba la conquista de la primera Liga de las cinco de la Quinta del Buitre. La televisión, la única, primer programa y segundo programa, tenía su estrellas aquel día 30 en Mercedes Milá y De jueves a jueves seguía en la cresta de las 625 líneas Falcon Crest y el capítulo de Barrio Sésamo se llamaba El globo de Espinete Eso sí, habían empezado las emisiones matinales, con Eva Nasarre con su Puesta a punto y Los ricos también lloran a la espera de la llegada a Prado del Rey de Pilar Miró, el 20 de octubre. En aquel enero de 1986 la cartelera estaba animada. Tomen asiento: Bajarse al moro de Alonso de Santos; Mamá quiero ser artista Amparo Rivelles y Lola Cardona en Hay que deshacer la casa de Junyent y otros títulos como las Flowers de Lindsay Kemp, Las amargas lágrimas de Petra von Kant con Lola Herrera, o la Madre coraje de Bertolt Brecht, con Lluís Pasqual y Carlos Lemos. Los amantes del cine podían hartarse de palomitas viendo La rosa púrpura de El Cairo de Woody Allen, o echarse un baile con Richard Gere en el Cotton Club viajar de Regreso al futuro o ver al Gobernador Schwarzenegger haciendo méritos en Commando En alguna parte, de alguna manera, alguien va a pagar aunque los artistas principales fueron Robert Redford y Meryl Streep, pareja protagonista de Memorias de África que se llevó seis Oscar de la Academia de Hollywood, golpeada con saña ese año con la muerte de Cary Grant, James Cagney y Otto Preminger. za madrileña. La movida ya se había asentado aunque la calle, las calles de España, lo que realmente hacían era deshojar la margarita de la OTAN, sí, no o abstención, aquella apuesta de Felipe González aprobada por los pelos en marzo y que sería reforzada por la segunda mayoría absoluta socialista el 22- J. Por el camino, los norteamericanos le habían dado un buen rapapolvo en forma de bombardeo a Gadafi, Olof Palme había sido asesinado el 28 de febrero, medio mundo se envenenaba con el desastre de Chernobyl, Barcelona era designada como ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos del 92, y el Metro de Madrid valía 40 pesetas. ABC Don Felipe, de perfil Con tal motivo, El Corte Inglés y Numisma ponían a la venta la Onza del Príncipe una acuñación conmemorativa, con una efigie en perfil romano de Don Felipe. Salía por algo más de cien mil pesetas. Ese mismo día, Galerías Preciados (lo que el viento de la competencia y de Rumasa se llevó) ofrecía su Gran Desfile de las Rebajas en tanto que el precio del barril de crudo había caído por debajo de los veinte dólares. Otras cosas, sin embargo, no han cambiado, porque en esas fechas Israel seguía a lo suyo, a lo de siempre, bombardear los campos de refugiados palestinos en Sidón y al sur de Beirut. Peugeot promocionaba su vistoso modelo 505 y los actores ya tiraban de pancarta y pegatina y anunciaban una huelga, al tiempo que Marsillach se embarcaba en el bello y utópico proyecto de poner en marcha la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Mientras, en esos primeros días del año la afición futbolera estaba pendiente del inminente derby entre Atlético y Madrid, en el Manzanares. Los blancos ganaron 0- 1, en lo Butragueño: volando voy Con el verano, Argentina (de la mano de Maradona, claro) se llevaba el Mundial de México tras vencer a Alemania, en un campeonato todavía recordado por el vuelo de Querétaro, cuando el Buitre clavó sus zarpas sobre Elsinor, sobre Dinamarca, y le dejó a Ham- let con más dudas que nunca, aunque fuesen futbolísticas. También aquel año tocaba pasar por el aro, y el Mundobasket 86, celebrado en España, era para Estados Unidos, que superó a la entonces Unión Soviéti- El 30 de enero, Don Felipe cumplía dieciocho años y acudía al Congreso para prestar el juramento que le comprometía con la Constitución La Primi El Papa visitaba la India, el premio súper millonario de la Primitiva era de ciento treinta millones, el Ford Scorpio era declarado coche del año y la banda terrorista ETA seguía dejando su reguero de sangre por España, como el 14 julio, cuando asesinó a once guardias civiles en una pla- ca. La copa fue entregada por Don Felipe a Tyrone Bogues, un chavalín de 1,59 que le llegaba a nuestro Príncipe por la cintura. España fue quinta y entre los nuestros destacó el malogrado Fernando Martín que ese mismo año se convertía en nuestro primer enviado especial en la NBA. Fue también el año que pasamos muchos meses Al calor del amor en un bar y el año en el que el Príncipe de Asturias ingresaba en la Escuela Naval de Marín y desfilaba el Día de las Fuerzas Armadas como cadete de la Academia General Militar de Zaragoza. El espacio se teñía de sangre, cuando el transbordador espacial Challenger estallaba con siete tripulantes a bordo, al tiempo que los soviéticos también veían las estrellas pues ponían en órbita la estación espacial MIR. Nuestro Príncipe entregaba en Oviedo los galardones que llevan su nombre, entre los que se encontraba Mario Vargas Llosa, el Cervantes era para un hombre de teatro, Buero Vallejo, y el Nobel para Wole Soyinkja, y la literatura perdía unas cuantas letras mayúsculas, las de Borges el memorioso, Genet, Simone de Beauvoir, Juan Rulfo... Casi un año cualquiera, o quizá uno de los mejores años de nuestra vida.