Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 8 5 2005 Cultura 71 TEATRO Café Autores: Luis García- Araus, Susana Sánchez y Javier G. Yagüe. Dirección: J. G. Yagüe. Espacio escénico y vestuario: María Luisa de la Iglesia. Iluminación: Isabel Vega. Intérpretes: E. Elipe, F. Arraiza, J. Melchor, J. Pérez- Acebrón y A. Rivero. Lugar: Sala Cuarta Pared. Madrid. CLÁSICA Ciclo de Lied Obras de Schubert. Intérpretes: Christine Schäfer, soprano. Graham Johnson, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. MISTERIOS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE ADICCIÓN JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN l éxito de la Trilogía de la juventud una propuesta convertida en el más sobresaliente acontecimiento de los circuitos alternativos en su historia, ha animado a la compañía Cuarta Pared a repetir otra experiencia de autoría colectiva. Javier G. Yagüe, que como entonces se encarga de la dirección, ha trabajado ahora con Luis García- Araus y Susana Sánchez para poner en pie una vertiginosa comedia sobre la libertad personal en un mundo erizado de restricciones y mecanismos que la cercan. La divertidísima epopeya de un ama de casa adicta al café en una sociedad en que tal sustancia está terminantemente proscrita, propicia una aguda reflexión sobre el modo en que algunas prohibiciones generan unas vías paralelas de represión, adicción, intereses económicos, clandestinidad, delincuencia y extorsión. Sería fácil y probablemente poco acertado hacer de ese café prohibido una metáfora de cualquier otra sustancia, no es esa la cuestión. El principal acento crítico del texto radica, a mi juicio, en la puesta en solfa de determinadas paranoias sociales y en el subrayado de la libertad de elección como uno de los fundamentos de una sociedad libre. El gusto de Amanda, la protagonista de esta agitada trama, por la deliciosa infusión la lleva a un proceso clínico de reeducación y a ver cómo las rígidas normas y el frenesí que conlleva la vulneración de las mismas contaminan sus relaciones fami- E I Javier García Yagüe, autor y director de Café liares y laborales, y la conducen por un camino de dependencia que curiosamente desembocará en su independencia. Al comienzo de la obra, empapada de un humor que hurga en las paradojas del lenguaje y juega continuamente con el retruécano, el público es obsequiado con un vasito de excelente café en un cariñoso e irónico guiño trasgresor. Buen principio para un montaje en el que queda patente el sello de calidad de la casa, mimado por Yagüe con una vibrante y certera dirección que CHEMA BARROSO se apropia de las maneras del vodevil y las acerca a territorios contemporáneos. Los actores están todos estupendos: Frantxa Arraiza, José Melchor, Javier Pérez- Acebrón y Asu Rivero se multiplican con desparpajo en diferentes papeles, pero, sin desmerecer su labor, hay que quitarse el sombrero ante la formidable Esperanza Elipe, que nos hace cómplices de su atribulada Amanda vistiéndola de ternura, desamparo, soledad, desesperación, agobio y fortaleza sin salirse de los registros cómicos, que ya es mérito. CLÁSICA Comunidad de Madrid Obras de Von Weber, Fernández Álvez y Beethoven. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: A. Orozco- Estrada. Solista: Ramón Cuevas. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 4- V ESTRENO DE FERNÁNDEZ ÁLVEZ ANTONIO IGLESIAS cabo de asistir al estreno de una nueva obra del madrileño Gabriel Fernández Álvez- -en un tiempo discípulo de García Abril y de Bernaola- en el que rinde homenaje a la Sinfónica madrileña en su Centenario, y a la trompa como instrumento de característico sonido, con visión A del color púrpura Utiliza el compositor con inteligencia la tesitura grave del elemento solista, primero como color, pero a la vez para que cuando utiliza otros registros estos se denoten con mayor relieve y diga, así, perfiles hermosos que llegan a todos dentro de una estética posromántica; se siente a gusto en la tonalidad, que la libera con largueza en pasos actuales, perfectamente envueltos en reflexivos cañamazos. La estructura de este interesante discurrir de veinticinco minutos de duración, algo excedida quizás, de un allegro y un lento nos anota seis secciones y, dentro de ella, la trompa, solista en verdad, con dos dificilísimas cadenzas vertebra la Voz púrpura que ya es hora de que dejemos constancia del título de este Concerto para trompa y orquesta y nueva y valiosa aportación compositiva de Fernández Álvez. Ramón Cuevas, valenciano, solista de la Orquesta Sinfónica de Madrid, corrió con la parte esencial con seguridad, haciéndolo con notoria holgura, sonoridades preciosas, valorando la composición (a él dedicada) con contagiosa emotividad. Saludó, participando de la magnífica acogida del público, el compositor estrenado, pero nadie levantó para compartir el éxito a los profesores sinfónicos, lo que me pareció totalmente injusto, puesto que ellos seguirían en maestros del extraordinario trabajo de toda primera audición en auténtico logro interpretativo, muy bien conducidos por la batuta colombiana de Andrés Orozco- Estrada, al que ha de agradecerse una versión de claridad inusitada y firme convicción textual. El estreno tuvo un anticipo: Euryanthe (Obertura) de Carl Maria von Webber, y de una segunda parte incluyendo la Séptima Sinfonía de Beethoven, donde bien se puede recurrir al tópico de una evocación de aquellos viejos triunfos de un glorioso maestro y sus fieles profesores. Hoy, el llevarlos a buen puerto estuvo en las manos y la mente de Orozco- Estrada. ndaga la ciencia en lo atómico, observa la configuración del universo, pero ni en uno ni en el otro extremo consigue descubrir las razones que dan forma a la emoción temporal y evanescente producida por la música. Al tema se han referido filósofos y pensadores, desde Platón hasta nuestros días, algunos proponiendo códigos y fórmulas. En ellas se apoyaron los compositores barrocos al asociar las obras a determinados sentimientos o el mundo sutil y milimétrico de los ragas árabes. Pero, hoy por hoy, se sigue resistiendo la teoría unificada que explique todo ello de forma clara y concisa. Sucede en la física, y sucede en el arte. Seguimos, por tanto, enmudeciéndonos ante sucesos aparentemente lógicos. Por ejemplo, que la soprano Christine Schäfer y el pianista Graham Johnson hayan actuado, por fin, en Madrid, tras una previa cancelación por motivos de salud. Lo han hecho en ese Ciclo de Lied que, en justicia, tantas veces consigue traspasar la barreras de la razón, con un programa dedicado a Franz Schubert. Y en principio, de forma aparentemente inocua, con cerca de una treintena de lieder ordenados en cuatro grupos con referencia a las estaciones del año. Inocua, pero medida en los tiempos y en la intensidad. Hay que pensar que si la sabiduría schubertiana de Johnson está detrás de todo ello, también debe ser notable la inteligencia de Schäfer para aprehender los mil recodos de estas obritas. Desde el piano surgió el paisaje; desde la voz el mensaje. Por eso, todo fue escuchar al primero contornear las figuras, dar forma al sustento poético mediante el dibujo musical de unas hojas que caen, del agua que fluye o de una simple impresión ante el paisaje. Johnson lo hace siempre de manera elegante, afirmándose en el compás y controlando su presencia para permitir que la voz se exprese con una pasmosa comodidad. Mientras Schäfer se obligaba al texto para decirlo con extrema claridad, sirviéndose de las palabras para columpiarse sutilmente en el tiempo. Así, quedaron en el aire mil sutilezas, algunas profundas y graves como la Letanía para el día de difuntos donde todo fue ir recogiéndose en una concentración sobrecogedora, mientras se alargaba la voz en el descanso de las almas y las manos apenas se despegaban del teclado. Quienes lo escucharon supieron por qué todavía hay cosas difíciles de compendiar.