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66 Cultura DOMINGO 8 5 2005 ABC De tales palos, tales astillas. Son Holly Williams y Sarah Lee Guthrie, nietas de Hank y Woody, dos de los más grandes nombres de la música popular de la Unión. Las sagas continúan Williams y Guthrie, todo queda en familia TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Durante siglos, la música popular pasó de padres a hijos, de generación en generación, de boca en boca, de boca a oreja. El oficio de cantor se heredaba, como el de herrero, el de comerciante. Las sagas familiares son una constante de la historia del cancionero tradicional. Durante el siglo XX, este fenómeno, lejos de lo que pudiera creerse, no ha desaparecido. Bien conocidos son los casos de los vástagos de algunos de los gurús del rock and roll, Dylan y Lennon, sin ir más lejos, cuyos hijos han seguido sus pasos (sin llegar a las zancadas) musicales. En Estados Unidos estas historias forman ya parte de una nueva tradición. Son legión los apellidos que se han ido perpetuando a lo largo y ancho de los pentagramas: Wilson (Beach Boys) Phillips (The Mamas The Papas) Cash, Familia Carter, Sinatra, Simone, Buckley, los Seeger, los Jiménez (los Flacos) las Parton, las Macarrigle, los Earle... Padres e hijos, hermanos y hermanas, comparten la pasión por la música, incluso por el mismo estilo. Quien quiera acercarse a la vida de este hombre tiene a su disposición, además de su música, una maravillosa película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, Honkyton man El hombre de los garitos más o menos) que en España se llamó El aventurero de la medianoche Los artistas del neocountry, el country alternativo y el americano le tienen por un profeta. Canción protestona Otro de los grandes pilares sobre los que se asienta la música popular de Estados Unidos es Woody Guthrie. Woody se recorrió América de costa a costa, a menudo en tren (incluso como polizón) o caminando. Le cantó a los niños y a los hombres, a los blancos y a los negros, a los chicanos y a los emigrantes. Trabó amistad con sindicalistas, revolucionarios, comunistas, defensores de los derechos civiles. Conocida es la leyenda que llevaba escrita sobre su guitarra: Esta máquina mata fascistas En sus discos, Bob Dylan encontró buena parte de su fe, y las mejores instrucciones para el viaje a la cúspide de la música popular. También Bruce Springsteen es deudor de este hombre adusto de Oklahoma que murió en 1967, y basta con escuchar discos como El fantasma de Tom Joad o el reciente Diablos y polvo para cerciorarse. Pero no sólo los rockeros talluditos adoran a Guthrie. Wilco, una de las mejores bandas de rock de los últimos años, rindieron homenaje al trovador rebelde con sus dos discos Mermaid Avenue I y II en los que junto al británico Billy Bragg rindieron tributo al La miga de Pan Pero la casualidad (o el dios Pan) ha querido que en estos días prácticamente se estrenen dos jóvenes artistas norteamericanas que llevan (y a mucha honra) dos de los apellidos más importantes, señeros y legendarios de la canción popular de la Unión: Williams y Guthrie, que ésos y no otros son los apellidos de Holly Williams (nieta del rey del country, Hank Williams) y Sarah Lee Guthrie (nieta del inolvidable Woody, maestro de Dylan, y abanderado del folk y la canción protesta estadounidenses) Para Hank Williams, su paso por estos andurriales fue recorrer un valle de lágrimas, alcohol y drogas, demasiados excesos y unos cuantos defectos. Fue uno de los grandes titanes del country y se puede decir que uno de los padres (o abuelos, ya que estamos) del rock and roll. Su influencia sobre las siguientes generaciones fue enorme, trascendental. Dylan, Springsteen, John Fogerty, Neil Young, Jim Morrison o Van Morrison le tienen y han tenido por uno de sus músicos de cabecera. Una de sus canciones emblemáticas llevaba por título Nunca saldré vivo de este mundo Hank murió en 1952, a los veintinueve años de edad, en la soledad del asiento trasero de su cadillac azul. Nunca van a salirme arrugas en la frente, porque haga lo que haga nada me va a ir bien, por mucho que luche y me esfuerce nunca saldré vivo de este mundo Holly Williams, nieta de Hank Williams, actúa mañana en Madrid y pasado en Barcelona autor de Esta tierra es mi tierra Y de tales palos, pues tales astillas. Holly Williams es nieta de Hank, hija de Hank Jr. y hermana de Hank Williams III, todos cantantes. Vamos, como para haber acabado de funcionaria. Sin embargo, llevar ese apellido y dedicarse a la música también puede ser una carga pesada. Tanto, que la artista que ahora debuta con un precioso álbum de country- pop, The ones we never knews jamás se refería ni a su Libba Cotten, abuela no hay más que una Que se sepa no tuvo que vender su alma al diablo en un cruce de caminos como el gran bluesman Robert Johnson. Pero la vida de Elizabeth Libba Cotten, una de las más grandes y legendarias figuras del folk norteamericano (de ella aprendió Dylan) fue todo menos normal. Sin embargo, durante décadas de su larga vida (1895- 1987) su trabajo fue desconocido. Fue esposa, empleada, divorciada, hasta que en 1947 su vida cambió, cuando por una casualidad empezó a trabajar en casa de Ruth Crawford Seeger, madre de Mike, Peggy y madrastra de Pete, de los Seeger de toda la vida. En 1958, con Mike como productor y con 63 años debuta en el mundo discográfico con Freight Train And Other North Carolina Folk Songs And Tunes Aún hubo que esperar nueve años para que se publicara su segundo trabajo, Shake sugaree que ahora se edita en España (Resistencia) y procede del impresionante legado musical del Smitshonian Institute. Una joya de muchos quilates para cualquier amante de la música tradicional. Cotten había compuesto su primera canción, Freight train a los once años, pero esta pieza no se haría famosa hasta medio siglo más tarde. Entre su primer trabajo y el segundo pasaron nueve años, pero en 1972 comienza la lluvia de premios, que culminan con la concesión, en 1984, de un Grammy. Cinco años después, en 1989, fue escogida como una de las setenta y cinco mujeres afroamericanas más influyentes. Libba Cotten