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58 Los domingos DOMINGO 8 5 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI GORDON BROWN Ministro de Hacienda británico El resultado de las elecciones británicas ha alimentado la percepción de una retirada anticipada de Tony Blair. Gordon Brown recogerá el testigo Primer ministro a la espera CERVANTES Y FRANKENSTEIN Po C POR EMILI J. BLASCO lítica, política, política Eso dijo que era la vida de Gordon Brown una temprana novia, la princesa Margarita de Rumanía. Ya a los doce años, Brown repartió propaganda electoral del Partido Laborista y a los veinte estaba metido en la actividad política como dirigente juvenil. Pasado el tiempo se ha convertido en el canciller del Tesoro (el título que en el Reino Unido se da al ministro de Hacienda) con más años en el cargo, superando la marca de David Lloyd George, que ocupó el puesto entre 1908 y 1915. También ha superado cualquier posible récord de sucesor de primer ministro más o menos designado. Este mes de mayo habrá sido decisivo para sus aspiraciones. Porque la campaña electoral británica le ha entronizado como futuro sustituto de Tony Blair y porque el referéndum francés del día 29 sobre la Constitución europea podría sugerir el calendario del relevo. El triunfo del no en Francia haría desconvocar el referéndum británico previsto para dentro de un año y eliminaría una fecha de referencia para la retirada de Blair; si la consulta se mantiene, Blair tendría una ocasión preparar su adiós. Gordon Brown nació el 20 de febrero de 1951 en Glasgow, hijo de un sacerdote de la Iglesia de Escocia en la pequeña localidad de Kirkcaldy. Ese origen explica su estricta conciencia de la moralidad en el servicio público y sus características oratorias, que tienen todo el tono de un predicador. Después de estudiar Historia en la Universidad de Edimburgo intentó resultar elegido diputado en 1979, sin conseguirlo. Brown probó suerte en otra circunscripción escocesa en la siguientes elecciones y fue así como en 1983 él y el también nuevo diputado Blair comenzaron a compartir despacho en Westminster. Las carreras de ambos siguieron paralelas, promocionadas por Neil Kinnock y sobre todo por John Smith, sucesivos líderes laboristas. En 1992, con la llegada de Smith a la dirección, Brown fue designado para el puesto de ministro del Tesoro en la sombra. Taciturno y menos arrojado en la asunción de riesgos que Blair, Brown no se movió con la rapidez de su compañero en su aspiración de sustituir a Smith cuando éste falleció repentinamente en 1994. De aquel momento es el llamado pacto de Granita, nombre del restaurante en el que supuestamente ambos sellaron su colaboración para que Blair se conviertiera en primer ministro y Brown en canciller del Tesoro con derecho a sucesión. Esos términos nunca se han reconocido públicamente, pero han estado en la base de las relaciones entre ambos, unas veces estrechas y otras tan dañadas que han obligado a otros dirigentes del partido a mediar para salvar un tándem que no ha hecho sino beneficiar a los laboristas. Cuando la ruptura parecía incoarse a finales del año pasado, al apartar Blair en un principio a Brown de la organización de la inminente campaña electoral y parecer insinuar que en la siguiente legislatura buscaría otro canciller del Tesoro, la relación volvió a componerse. Tanto, que ambos no se han despegado durante la campaña y Brown ha puesto la espalda para parar golpes contra Blair: al fin y al cabo de su reelección dependía su propio futuro. El canciller encarna mejor que el premier el tradicional alma del laborismo, por más que los dos impulsaran la modernización del partido y pusieran en marcha el New Labour. Las bases laboristas sienten más cercana la personalidad de Brown que la de un Blair que ha acabado generando desconfianza. Pocas diferencias ideológicas en realidad existen entre ambos, igualmente comprometidos con la economía de mercado y la liberalización económica. La única divergencia seria se produjo cuando Brown se opuso a una privatización parcial de los hospitales. Otras disputas habría que interpretarlas como un intento del canciller y sus seguidores de pegarle en la espinilla a Blair en la pugna por espacios de poder. El nacimiento de un hijo en 2003, después de la muerte a los diez días de una niña que su mujer dio a luz el año anterior, significó para Brown un cierto relajamiento en su tensión política. La garantía de la sucesión que ahora parece habérsele dado le aportará la tranquilidad final que le faltaba, siempre que proceso del relevo no sea rocambolesco. omo vivimos tiempos políticamente correctos, cada vez que un político se ve en el compromiso de hablar sobre el Quijote incurre en unas interpretaciones más ideológicas que filológicas y más populistas que literarias. Por ejemplo, que el Quijote es una novela solidaria que predica la tolerancia y la esperanza en la utopía, como si en lugar del Ingenioso Hidalgo Alonso Quijano hubiera sido el Quijote Solidario o el Llanero de la Triste Figura Cuando uno revisa la bibliografía del III Centenario del Quijote, descubre divertido que también entonces hubo una lectura impregnada del sentimiento catastrofista de la crisis del 98, y que el caballero desbaratado y su escudero cabalgaron por donde las urgencias de aquellos años exigían. No obstante, de aquel exorcismo nacionalista quedó la Vida de Don Quijote y Sancho (1905) de Unamuno, así como valiosos textos de Azorín, Rubén Darío y Menéndez Pelayo, entre otros intelectuales. Más bien, por fortuna no sobrevivió ni uno solo de los discursos de los ministros, diputados o concejales que estaban de guardia en 1905, así que es de esperar que suceda lo mismo con los del 2005. Con todo- -y aunque resulte estéril- -me gustaría hacer hincapié en que la utopía, la tolerancia y la solidaridad no aparecen por ningún capítulo del Quijote, pues más bien abundan las palizas, los atropellos, las venganzas y los pensamientos más cerriles, ridiculizados todos por el gran ausente de los fastos de 1905 y este 2005: Miguel de Cervantes Saavedra. ¿Por qué celebramos al personaje y no a su creador? Los ingleses veneran primero a Shakespeare y después a sus criaturas, pero nosotros celebramos al Quijote y no a Cervantes porque no creemos en los méritos individuales de nadie. Ni siquiera en los del autor del Quijote. Hace unos años conmemoramos el V Centenario del Descubrimiento de América y entonces quien pasó desapercibido fue Colón, quien nunca tuvo especial fortuna en España, donde siempre se le consideró un villano extranjero y sin papeles. En USA Colón es un héroe y su culto sólo es comparable al de Washington, pero en España Colón apenas es un detergente. Aquí lo que nos importa es el Descubrimiento de América, pues si el descubridor no hubiera sido Colón habría sido cualquier otro. No obstante, si Cervantes no hubiera escrito el Quijote, modestamente pienso que no lo habría escrito nadie. Llevamos muy mal esto de reconocer la genialidad individual, y cuando no hay más narices que hacer alguna concesión se dice el milagro pero no el santo como reza un refrán cien por cien ibérico. Por eso en Italia veneran al Dante, en Inglaterra a Shakespeare, en Francia a Víctor Hugo y en Alemania a Goethe, mientras que a nosotros nos basta con venerar el Quijote. En realidad, desde nuestra mentalidad mezquina, retrechera y envidiosa, Cervantes habría tenido la suerte de escribir el Quijote. Así, al pobre Cervantes le ha ocurrido algo todavía peor que al Dr. Frankenstein: ser menos conocido que su monstruo, con la diferencia de que el Dr. Frankenstein no existió y Cervantes sí. Y conste que su existencia nos consta porque tuvo antecedentes penales y porque se quiso ir a Bolivia. www. fernandoiwasaki. com