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34 Internacional DOMINGO 8 5 2005 ABC Sir Paul McCartney, un ex Beatle, en el escenario de The Cavern, donde el grupo comenzó su carrera ABC Seguidores del Liverpool celebran el triunfo ante el Chelsea AP Conocido por ser la cuna de los Beatles, por la fiereza de los hinchas del club de fútbol local o por la tragedia del estadio de Heysel (39 muertos en 1985) la elección como Capital Europea de la Cultura podría relanzar su imagen, que hoy es la de una oscura ciudad del oeste británico El drama de resurgir de sus propias cenizas MADRID. El drama de Liverpool no se limita a lo social o lo deportivo. En realidad, esta era una ciudad sin excesiva significación política hasta bien entrado el siglo XX (si se exceptúa que su alcalde, John Moore, firmó la orden de ejecución de Carlos I) Liverpool no era exactamente un feudo laborista, aunque solieran ganar, como en estas últimas elecciones. Pero su Ayuntamiento entre 1983 y 1987 ocupó buena parte de la política nacional. Los concejales de la corriente Militant (hay quien afirma que trotskista) retaron al gobierno Thatcher con medidas de reforma y mejora urbanas en una ciudad deshecha y con más de 100.000 nuevos parados. El problema es que Liverpool lo hacía incurriendo en déficits de los que el Estado era subsidiario. A tanto llegó la cosa que Thatcher suprimió los grandes ayuntamientos- -también el de Londres- -ocupado entonces, y ahora, por el izquierdista Ken Livingstone. Para los laboristas, los compañeros de Liverpool se convirtieron en la contra- imagen y buena parte de sus dirigentes ganaron sus medallas en la lucha contra el entrismo de Militant. Paradójicamente, el resurgimiento de Liverpool se debe al irresponsable legado de aquel consistorio y a la reacción conservadora tras su suspensión, al poner en marcha un proyecto semejante al de los docks de Londres. A veces la historia se escribe con líneas difíciles de seguir. El mal ejemplo de Liverpool quizás se ha convertido en su salvación. Liverpool, entre la gloria exaltada y la extremada tragedia JOSÉ MANUEL COSTA Era para verlo. Una marea de bufandas rojas flameaba sobre el estadio de Anfield Road celebrando el regreso a primer plano de una ciudad singular, que en esto del fútbol como también en lo social, lo cultural y lo político, ha conocido momentos de exaltada gloria y de extremada tragedia. El Liverpool FC, el fútbol, les llevó en los años setenta y ochenta al mayor de los éxtasis y a un notable respeto entre las ciudades europeas (cuatro Copas de Europa, sólo por detrás del Real Madrid y del AC Milán) Pero el fútbol les precipitó a la más abyecta vergüenza tras el desastre del estadio Heysel (1985, 39 muertos, debidos a la actitud agresiva de los hooligans del Liverpool) y sólo poco después a una tragedia aún mayor, cuando en 1989, 96 aficionados scouse murieron durante la final de la Copa inglesa en el estadio de Hillsborough. El fútbol es como una metáfora de lo social y lo político en una ciudad marcada por hitos únicos e improbables. Liverpool tiene mar. Vamos, está justo en la boca del amplio estuario de un río no demasiado importante, pero que saltó a la fama mundial durante los años 60: el Mersey. Para muchos, Liverpool paso a ser un nombre familiar debido a un movimiento musical fomentado precisamente por el carácter portuario de la ciudad (como en los últimos veinte años Bristol, por ejemplo) Eran grupos que surgieron bajo la etiqueta de Merseybeat nombres co- mo Billy J. Kramer and the Dakotas, Gerry and the Peacemakers, The Searchers, The Swinging Blue Jeans y un cuarteto que pasaba más tiempo en Hamburgo que en su ciudad natal y se llamaba The Beatles. Siglo y medio antes Liverpool había adquirido una cierta notoriedad debido a un negocio mucho más turbio. En vista de que los armadores de los principales puertos ingleses no tenían bastante con sus lejanas expediciones en busca de especias, sedas o marfiles y el comercio continental, los del pequeño y nada próspero villorrio de Liverpool, fundado en 1206, decidieron dedicarse a partir 1700 al recién autorizado comercio de esclavos. Ron, tabaco, algodón... esclavos De Liverpool partían hacia África barcos cargados con los tejidos o las manufacturas de la naciente industria británica. Allí se cambiaban a mercaderes árabes por esclavos que eran trasladados a América, donde los barcos cargaban ron, tabaco o algodón en rama para la metrópoli y sus industrias. Liverpool lleva esta lacra marcada a fuego y aunque el comercio de escla- El fútbol es como una metáfora de lo social y lo político en una ciudad marcada por hitos únicos e improbables vos quedara abolido en 1807 (después de la independencia de las colonias, eso sí) el tráfico humano siguió ocupando a los armadores de la ya próspera ciudad. Entre 1830 y 1930 pasaron por allí unos nueve millones de ingleses, escoceses, irlandeses, suecos, noruegos y judíos rusos con destino a los Estados Unidos de América, la nueva tierra prometida. Al mismo tiempo, era el puerto de acogida para la aún muy minoritaria inmigración antillana, india o china, convirtiéndose en una de las primeras ciudades cosmopolitas de Europa. Tras la II Guerra mundial, la ciudad quedo machacada. La impresionante fachada portuaria de estilo georgiano había sido tan dañada como la industria o el mismo puerto y Liverpool regresó a su antiguo carácter de enlace principal, pero poco excitante, del mar de Irlanda. Hoy en día, Liverpool sigue estando entre dos aguas. La imagen de la ciudad ha mejorado, pero en general sigue teniendo ese aspecto opresivo de alguna película de Ken Loach The Big Flame 1961) Es un lugar gris golpeado por la lluvia y terribles vaivenes de la fortuna. ¿Puede servir la llama de miles de bufandas rojas para alumbrar ese siempre prometido renacer? Quizá sea mucho suponer, quizá el hecho de que vaya a ser Capital Europea de la Cultura, contribuya otro poco. En Liverpool, ya se ha visto, puede suceder cualquier cosa.