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ABC DOMINGO 8 5 2005 Nacional 21 ÁLVARO DELGADO- GAL VISIONES BEATÍFICAS N o siempre las cosas son lo que parecen. Quizá Zapatero no haya mantenido contactos, ni aun indirectos, con ETA. Tal vez no esté dispuesto a pagar un precio político por la paz. Acaso siga confiando en la vigencia del Pacto Antiterrorista y mañana o pasado mañana nos enteremos por la prensa de que Rajoy ha sido informado en serio de lo que se habló en el encuentro a obscuras con Ibarreche. Es más frecuente, sin embargo, que las cosas sean lo que parecen. Si se cumple esta regla estadística, habremos entrado en una fase nueva e impredecible. Los datos de partida serían los siguientes: el Partido Socialista, manumitido de toda sincronía con el popular, ha iniciado un proceso que interesa a la propia estructura del Estado. Las probabilidades de que la aventura acabe bien son escasas, por varias razones. Una evidente, es que ciertas cosas sólo se pueden hacer en un clima de unanimidad. No puede haber tal si se deja en la cuneta al PP. Otra razón es que la posición de Zapatero es débil. Zapatero necesita un éxito político. Lo necesita en la medida en que se ha internado asaz por terrenos excusados, y no puede ya volver sobre sus pasos sin ofrecer algo gordo. Por ejemplo, la disolución de ETA. ETA, por el contrario, tiene mucho menos que perder, dadas las circunstancias. Hace unos meses, se hallaba al borde de la extinción técnica y sin perspectivas de dotarse de una representación en el parlamento de Vitoria. En este momento maneja la llave de la gobernabilidad en el País Vasco y es cortejada a la par por Ibarreche y por quienes esperan incorporarla a la vida civil. Ello la dota de un amplísimo margen de maniobra. Es dueña de arrancar concesiones enormes al Gobierno con la zanahoria de la paz. Y también de hacer un quiebro inesperado y aliarse con el PNV. O de hacer lo segundo después de haber hecho lo primero. El tiempo, en cierto modo, corre en su favor. El Pacto Antiterrorista, propuesto por el propio Zapatero, ha constituido la expresión formal de un tabú. El tabú prohibía ceder frente a ETA. O expresado al revés, sólo permitía tratar con ETA los detalles materiales de la rendición. Roto el tabú, no está claro qué será innegociable a partir de ahora. No está claro por parte del Gobierno. Cuanto más se dilate el periodo de incertidumbre, más consciente será el Gobierno de que su situación es insostenible, y menos consciente de los costes que supone dar más de lo necesario. La presión agobiará a Madrid, no a los que están habituados a vivir en la clandestinidad y libres del marcaje de la prensa o la oposición. La tercera razón para el pesimismo, y a mi ver la más seria, es de índole cultural, o si se prefiere, intelectual. Contra toda evidencia, una porción de la izquierda sigue pensando que las funciones distributivas del Estado Benefactor pueden sobrevivir a la desaparición o cuarteamiento del Estado. Esta creencia fabulosa circula bajo un membrete mágico: solidaridad Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba, expuso muy bien la actitud a que me refiero en una entrevista con Carlos Herrera, a mediados de semana. Aguilar aceptaría que el Estado continúe adelgazando, hasta confede- El Pacto Antiterrorista ha constituido la expresión formal de un tabú que prohibía ceder frente a ETA. Roto el tabú, no está claro qué será innegociable a partir de ahora rarse en la práctica. A la vez, confía en que catalanes, mallorquines o madrileños sigan desviando un porcentaje de su renta en beneficio de andaluces, manchegos o extremeños. Rosa Aguilar parece ignorar que los impuestos con que se sufraga sanidad o educación han sido recaudados por los inspectores de una Hacienda nacional, y que Hacienda inspira respeto porque detrás de ella está el poder coactivo del Estado. En la entrevista, y muy en línea con estos olvidos elementales, llamó fondo de solidaridad territorial a lo que hoy por hoy es la caja común en que confluyen el IVA, el IRPF, o los impuestos sobre sociedades. Todo esto sería substituido por las sinergias espontáneas y sentimentales de los pueblos de España. En el escenario fantástico que Aguilar lleva instalado en su interior, podríamos volver a las anfictionías griegas, sin mengua alguna de las virtudes erogadoras que en la era moderna trajo consigo una burocracia organizada y un señor con puñetas en la bocamanga para poner en su sitio al que se desmande. Ciertamente, el PSOE no es IU. Pero muchos socialistas no se aproximan a estas cosas con el debido despejo. Hace casi dos años, en los prolegómenos de Santillana, circularon papeles que semejaban inspirados en la visiones beatíficas de Aguilar. Los conceptos cambian, aunque no en un santiamén. Un Zapatero con la cabeza bien sentada, no daría alas a Maragall y los nacionalistas catalanes abriendo un frente inédito en el Norte.