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ABC DOMINGO 8 5 2005 15 Pasqual Maragall exige valor al PSOE para dar el paso de una España plural a un Estado federal Todo empezó con la propuesta de denunciar al patrón para conseguir la legalidad, y acabó con el padrón por omisión que colapsó los Ayuntamientos bla, precisamente, del rigor del procedimiento, y que no parece razonable que un empresario dé todos los datos de su negocio para luego arrepentirse de su oferta de empleo. Debe esgrimir razones de peso si al final no quiere dar de alta al trabajador La oposición, sin embargo, ve fácil justificar los cambios de opinión. Esos contratos son sólo declaraciones de intenciones señala Ana Pastor, secretaria ejecutiva de Política Social y Bienestar del PP. Como los trámites son interminables, las necesidades de las empresas pueden cambiar Pronto se conocerán más detalles, aunque Trabajo ha reconocido que las conclusiones finales no se escribirán hasta finales de año. La posibilidad apuntada estos días de que en dos meses estará todo atado y bien atado se antoja disparatada incluso para los hacedores de la medida. Lejos quedan ya los anuncios del verano pasado sobre unas medidas que aún tardarían varios meses en llegar y que, para el PP, espolearon el efecto llamada No hay recetas ni soluciones permanentes sobre el fenómeno de la inmigración sostiene Rumí. La gestación, el parto y el desarrollo del Reglamento- -y, en especial, de la disposición que daba luz verde a la normalización de inmigrantes- -tuvo varios golpes de timón que prueban esa aseveración. La propuesta de que el trabajador irregular denunciara a su patrón para obtener los papeles encendió las críticas unánimes de los implicados. El Gobierno rectificó. Más tarde llegarían otros cambios destinados a flexibilizar los trámites. Uno de los requisitos imprescindibles para legalizarse era estar empadronado antes del 8 de agosto de 2004. El Ejecutivo abrió la posibilidad del padrón por omisión; es decir, todos aquellos que pudieran demostrar de un modo fehaciente su presencia en España antes de la mencionada fecha podrían obtener ese certificado. Este remedio provocó una avalancha de inmigrantes en los Ayuntamientos y destapó el tarro de las esencias de la picaresca, factor que no ha faltado durante el proceso, aunque la Administración siempre ha asegurado tener todo bajo control El último día de la normalización estuvo marcado por la tranquilidad, después de que el viernes cientos de personas pernoctaran en la calle para no perder el turno Solos en la madrugada, a la espera del patrón TEXTO: JORGE SÁINZ, ISABEL G. ESLAVA El efecto Caldera I. G. E. JAIME GARCÍA MADRID. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, quiso hacerse la foto en su gran día y acudió acompañado por la secretaria de Estado para la Inmigración y la Emigración, Consuelo Rumí, a dos de los centros de la Seguridad Social en los que se cerraba el plazo de presentación de solicitudes. El ministro, en un tono muy optimista, dijo que el proceso ha sido un éxito y destacó que no es verdad eso que dicen de que en España hay muchos empresarios explotadores; con carácter general; tanto empresarios como trabajadores han demostrado ser muy honestos Los cerca de 700.000 inmigrantes que han presentado su documentación han superado todos los objetivos marcados en la mesa de diálogo social apuntó Caldera, quien criticó al PP por hablar de efecto llamada Esas críticas sólo se entienden porque esperaban que el proceso fracasara. Están desencantados, enojados El ministro también aclaró que los empresarios que no hayan actuado correctamente tendrán que enfrentarse a la inspección de trabajo a partir de la próxima semana, y en la que se han programado más de 200.000 visitas para perseguir el trabajo ilegal MADRID. En la movida noche madrileña se han dado dos polos extremos. Uno, degradante; pero no lo suficiente como para estropear el inicio de un fin de semana de mayo. Mientras las discotecas de la capital bullían de juventud y fiesta, María, una mujer ecuatoriana, trataba, una y otra vez, de arropar a su hija pequeña para que dejara de llorar, venciera al incómodo relente de la madrugada primaveral y durmiera, al menos, unas horas. Ella era una de las protagonistas forzosas de la última noche del proceso de regularización. En la avenida del Mediterráneo, en Madrid, y en otras muchas oficinas de la Seguridad Social de toda España, centenares de inmigrantes pasaban la madrugada a la intemperie, con el único sueño de ser los primeros en entregar sus papeles cuando se abrieran las puertas. Estaban solos, con sus cartones, con sus mantas y con sus plásticos a modo de camastros improvisados. No había ningún empresario de los que llevan tres meses guardándoles el puesto. Llegarían por la mañana, descansados, quizá después de una buena cena. Unas improvisadas vallas de obra separaban, al menos por esa noche, al regular del irregular, al legal del ilegal. Alauddin, un joven de Bangladesh, llevaba en la cola desde las nueve de la mañana del día anterior. Al igual que el resto contemplaba desolado la escena, mientras intentaba conciliar el sueño sentado en el frío asfalto, como todos, con las piernas entrecruzadas. Una patrulla de Policía y una ambulancia rompían el silencio de la incomodidad, pero no conseguían ensordecer los lamentos de la hija de María, ni tampoco acudían a socorrerla; la llamada era para atender un accidente de tráfico. Alrededor de la improvisada frontera de esta Europa sin barreras, los únicos testigos mudos de la madrugada eran los contenedores de basura que los equipos de limpieza acababan de vaciar. Mientras tanto, Gustavo, otro ciudadano ecuatoriano, maldecía su suerte por tener que pasar, por segunda vez en este proceso, una noche al único abrigo de las estrellas. Para conseguir el certificado de penales en la embajada de mi país, también tuve que maldormir en la calle decía. Oluer y Jackson, dos jóvenes colombianos, habían tenido más suerte. Mientras guardaban la vez a su madre, ésta dormía plácidamente en una furgoneta. Es degradante, podían haber dado unos números a todas estas personas, para que a la mañana siguiente fueran los primeros en entrar aseguraban. Mónica Yanes, ecuatoriana, era la primera de la fila. Es la segunda vez que presento mis documentos. Si todo sale bien, lo primero que haré es volver a mi país decía. Normalidad el último día Después de las interminables colas del viernes, la tónica de ayer fue la normalidad. Pasadas las doce del mediodía, en el centro de la Seguridad Social situado en la calle Londres de Madrid, unas 30 personas esperaban para presentar sus papeles en el momento en que hacía acto de presencia el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, que se detuvo unos minutos para hablar con algunos inmigrantes, empresarios y funcionarios. Una hora después, la puerta estaba desierta y todos habían podido acceder al interior del centro para cursar su solicitud. Un panorama similar presentaba a media tarde la avenida del Mediterráneo. Sólo unos pocos rezagados esperaban en bancos de la calle a que llegaran sus patronos para presentar los papeles. Una vez que éstos aparecían, entraban sin mayor problema en el centro. Otro tanto ocurría en Barcelona, donde las mayores colas se registraron por la mañana tras la apertura de los centros, aunque en todo caso hubo menos personas de las que se preveía. Sin embargo, y a pesar de la normalidad, los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Trabajo cifraban en casi 50.000 las solicitudes presentadas a media tarde, un nuevo récord en los tres meses de proceso. Unas vallas de obra actuaban, por esa noche, de improvisada frontera entre el regular y el irregular Pese a la tranquilidad, ayer se batió un nuevo récord de solicitudes al alcanzar a media tarde casi las 50.000