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ABC DOMINGO 8 5 2005 Opinión 7 ESCENAS POLÍTICAS ACUERDOS POLÍTICOS A ECHO LOS PAPELES PARA SER INGLÉS la vista de los resultados de las elecciones en el Reino Unido de la Gran Bretaña y contemplados los antecedentes históricos de comportamiento colectivo de aquel pueblo (perdón, de aquellos ciudadanos y ciudadanas) cada vez me dan más ganas de hacerme inglés. Y si no inglés de todo anglicanismo, que diría Carmen Calvo, al menos inglés estampillado, inglés provisional, inglés supernumerario, inglés honorífico. Dadas las generales simpatías que tiene la Gran Bretaña, deberían abrir un banderín de enganche para que nos dieran papeles de ingleses a los españoles que la consideramos nuestro paraíso cívico. ¿Usted no ha visto nuestra barra libre de papeles para los inmigrantes? Pues lo mismo, y con igual manga ancha, deberían hacer los ingleses para darnos papeles a los que queremos ser como ellos, vivir como ellos, comportarnos como ellos, enfrentarnos ANTONIO al mundo de un modo tan elegante. Si BURGOS los ingleses se apiadasen de nosotros, nos darían su condición legal, ¿qué digo yo? presentando un tique de compra de las últimas rebajas de Harrod s; o una factura del costroso hotel Mont Royal donde en los 70 estuvimos miles de estudiantes españoles con un viaje baratito del Club de Vacaciones. Si los ingleses se apiadasen de nosotros, nos estampillarían de británicos al presentar un billete de la Circle Line del Metro de Londres, o incluso una argéntea jarra de pico que compramos baratísima entre la españolería sabatina que rebusca gangas en los puestos de Portobello Road. ¿Por qué quiero echar los papeles para ser inglés? Hombre, por la maravilla de Partido Socialista que tienen allí, esos laboristas de Tony Blair. Un señor, y no un malvado con cejas de demonio. Aquí en España ganan las elecciones los socialistas y los conservadores pierden el sueño y la esperanza. Pero allí ganan las elecciones los socialistas y los conservadores, en- A cantados de la vida. Ya quisiera yo para España un partido socialista como el inglés. Un partido socialista que, perteneciendo a la misma Internacional que el PSOE, no está basado en el sectarismo radical. Que no llama facha y reaccionario a todo adversario. Un partido de izquierda que llega al poder y no se dedica a deshacer todo lo que lograron los anteriores sino, sobre esos aciertos, tratar de mejorar un indicador social tan importante como la Felicidad Per Capita. Que no acaba con la Ley Antiterrorista, ni sienta a los pistoleros asesinos en el Parlamento, ni hace la vista gorda ante partidos cómplices de los criminales. Un partido socialista que no rompe con los Estados Unidos, orgulloso de pertenecer a la vanguardia de las libertades. Que no establece una alianza de civilizaciones con las dictaduras más impresentables del mundo, caribeñas o rifeñas. Un partido socialista que no pone en almoneda los principios religiosos de la sociedad, ni se enfrenta al obispo de Canterbury. Que no presenta como matrimonio una fotocopia burlesca de uniones de mondrigones. Que no predica un pacifismo de boquilla mientras vende armas a todos los dictadorcillos impresentables del mundo y tanques para que nos quiten Ceuta y Melilla. Que no tritura el Ejército, la enseñanza y la cultura, ni abre fosas para desenterrar el odio de la Guerra de los Cien Años. Un partido socialista que no pone en cuestión la Monarquía, ni alienta a sus bases a que saquen la bandera republicana a la calle. Que respeta a la Reina Isabel y no la utiliza para mandarla por café a Venezuela, por tabaco a Cuba y por té moruno a Marruecos (entre otras cosas, porque ella no se deja, y no como otros) Un partido socialista, en fin, que para gobernar no pacta con los separatistas que llevan en su programa la urgente conversión del Reino Unido en la República Desunida de la Gran Bretaña. Y que para perpetuarse en el poder no arrincona y extermina a sus adversarios, pactando con el diablo si hace falta. Por ejemplo, con la ETA. LGUIEN, nosé quién, que si lo supiera lo citaría, ha dicho algo así como que Zapatero e Ibarreche han representado la escena del sofá, pero con la luz apagada. Lo único que hemos sabido de esos suspiros silenciosos que se han cruzado los clandestinos es que se ha tratado de acuerdos políticos y esa frase me ha producido escalofríos. Ya sé que lo más natural en la conversación de dos políticos, cada uno con su responsabilidad a cuestas, es que se produzca una de estas dos soluciones: o se llega a algún acuerdo, o se constata la falta de acuerdo o el desacuerdo. Que nos cuenten que hubo acuerdos políticos entre el presidente del Gobierno de España y JAIME el de una Comunidad, aunCAMPMANY que sea tan conflictiva como la del País Vasco, es una información absolutamente lógica y perfectamente ordinaria. Se reúnen dos políticos, hablan, tal vez debaten, llegan a unos acuerdos, y esos acuerdos son naturalmente políticos. No van a ser, pongo por ejemplos, acuerdos amorosos o acuerdos gramaticales, aunque nunca se sabe, porque ahora en materia amorosa todo es posible, y en materia gramatical, podría Zapatero haberle explicado al lehendakari que el hayamos escrito con y griega es del verbo haber y si se usa el verbo hallarhay que escribir hallamos escrito con doble ele. Qué cosas. Si los acuerdos políticos entre responsables políticos son lógico resultado de sus encuentros políticos, ¿por qué misterioso motivo me ha alarmado y puesto en guardia esa expresión: acuerdos políticos Pues por aquello de representar la escena del sofá con la luz apagada. Si apagan la luz es porque va a haber ahí tocamientos pecaminosos, concesiones a la lujuria política, besuqueos, exploraciones íntimas, magreos y quién sabe si todo eso no terminará en fornicación. Conocemos perfectamente cuáles son las propuestas políticas y los proyectos estatutarios de Ibarreche, y poseemos suficientes indicios y algunas pruebas de la debilidad negociadora de Zapatero, que defiende a veces lo más intocable de la Constitución con la misma firmeza que defendía su honestidad la Lozana Andaluza. No soy yo solo, pobre periodista y modesto mensajero, el que se alarma ante esa debilidad del presidente del Gobierno. Son las gentes de su propio partido las que están preocupadas, alarmadas a veces y con el alma en vilo en alguna ocasión. A Felipe González le hemos oído algún campanillazo deaviso en alguna de esas ocasiones alarmantes. Alfonso Guerra ha dado un puñetazo en la mesa como presidente de la Comisión Constitucional. Rodríguez Ibarra es quien ha hecho advertencias y reproches con voz más fuerte y con estilo más directo. Y a pesar de todo eso, Zapatero soporta impávido que un mindundi de Esquerra Republicana le amenace con echarle del Gobierno si no actúa como él y su partido desean. Ya no es que a este presidente se le suban sus socios a las barbas. Es que lo chulean. ¿Con cuáles acuerdos políticos le habrá chuleado Ibarreche? ¿A que no lo dicen?