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ABC DOMINGO 8 5 2005 La Tercera LA TERCERA DE ABC SOFÍA LOREN SE QUEDA SIN POSTRE POR MANUEL MANTERO ESCRITOR Y CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO EN ESTADOS UNIDOS Es bueno ejercer la crítica, es intelectualmente higiénico; la protesta puede ser un arte noble, dependerá de sus motivos y su ejecución, pero basta ya, dejen unos y otros de tirarse de los pelos... A LESSANDRA Mussolini, nieta del Duce, pudo al fin presentarse a las elecciones regionales del Lazio, tras ser rechazado su partido, Alternativa Social, por una Comisión que entendió haberse falsificado casi mil firmas en apoyo de su candidatura. Apeló y ganó la partida, aunque el partido suyo no ganó. Cuando la rechazaron, Alessandra empezó una huelga de hambre consistente en alimentarse de sólo tres cafés al día, tres cappuccini con azúcar (lo del azúcar es dramático) No estuvo así más de diez días, si los estuvo. Y la nietísima declaró que su tía Sofía Loren la respaldó de tal manera, que prometió renunciar esos días al postre de cada comida. A uno se le arruga el corazón imaginando el heroico sufrimiento de Sofía Loren quedándose sin postre, como se castigaba a los niños antiguamente. Siempre se ha protestado, pero nunca con la intensidad y el encono de ahora. Vivimos dentro de la cultura de la protesta. Escribo este artículo de madrugada y voy a contarle a los lectores cómo se ha desarrollado mi día de hoy. Me levanté temprano y leí, lo mismo que cada día, los periódicos tras el desayuno. Lo pasé fatal. Con razón o sin ella, protestan contra Zapatero y Rajoy, contra Aznar y Felipe González, contra Ibarretxe y Maragall, contra Moratinos y Zaplana, contra el franquismo y el revisionismo, contra las posibles injusticias en la reforma de la Constitución Española, contra las elecciones vascas, contra la baja calidad de la enseñanza, contra el fútbol de nuestra selección, contra el matrimonio de Carlos y Camila, contra la boca sin labios de Camila, contra la gallardía del Papa Juan Pablo II en defensa de la paz y la justicia, contra la falta de reformas internas del Papa muerto, contra los que critican la falta de reformas... dejé los periódicos y me marché a la calle. en la valla de un solar el dibujo de un político en pelota y actitud venérea. Era un dibujo- protesta, como había jóvenes con su camiseta- protesta, su vaquero- protesta, su pulsera- protesta, su tatuaje- protesta, su móvil- protesta, su canción- protesta, su moto- protesta. Algún grafito me pareció estúpido: Monjón el que lo lea ¿Monjón? ¿Un monje corpulento? Ya sé, mojón. Mojón tú que al escribirlo lo leíste antes que nadie. Me llegué luego a Cibeles por el Congreso de los Diputados (estaba el día de leones) andando ligero, no me vampirizara el alma el cabreo incorrupto de los legisladores de la patria. Caía una lluvia tan leve que agradaba, una inaudible lluvia como de ceniza transparente y clandestina. Mejor para mí: oír la lluvia es detener el tiempo y no quiero ingresar todavía en la eternidad. Me fijé en los coches aparcados. Muchas pegatinas. Algunas contra el tabaco, vaya por Dios, ¿tendré que renunciar a mi puro diario o me meterán en la cárcel? Creo que fue el comediante norteamericano Chevy Chase quien, en una fiesta, preguntado por una dama si le importaba que encendiera un cigarrillo, respondió: Y a usted no le importará que me tire un pedo ¿verdad? Y se lo tiró a lo grande. Seguí paseando. Un coche por poco me llevó por delante, alcancé a leer su pegatina: Amaos los unos a los otros Nueva pegatina: Tratad bien a los animales Ojalá se cumpla el deseo, porque los animales no pueden hablar para protestar, protestan en los cuentos de hadas y en algunas películas. En la Biblia hay un animal que habla, la burra de Balam, harta de que su dueño le pegue; un conocido mío supermachista opina que la burra habló porque era hembra. También ví en la calle grafitos, especialmente alrededor de la Puerta del Sol, la mayoría pornográficos y políticos, acaso porque la moral política se confunde a menudo con la pornográfica. Vi A casa para comer. Antes, televisión, y otro repaso a periódicos y revistas. Ahora, el que protesta soy yo. Existen las proposiciones deshonestas, pero hoy resultan bastante más amenazadoras las preposiciones deshonestas, deshonestísimas si las largan personajes de relevancia nacional. Qué epidemia. Lista de algunas frases con preposiciones deshonestas: lo que pasa es de que ando resfriado pienso de que tienes razón mejor entrar a la habitación el juego consiste de saltar medio metro estaré callado por cinco días me he enamorado con Pepe cuidado, debes de jugar limpio cierto con que el asunto es legítimo etcétera. España no está- -todavía- desechada por los médicos, pero el idioma español necesita una urgente cirugía, la influencia del inglés tiene a nuestra gramática casi en coma. O en punto y coma. No dormí la siesta hoy, me declaré en huelga de insomnio, pues me solidarizo con tantos españoles que según las estadísticas duermen ya menos la siesta. No sé si lo hacen para protestar contra algo, ¿contra qué será? quizá con la bella intención de que se lean más libros. De modo que dediqué la siesta de hoy a leer poemas de dos libros geniales, dos libros que cumplen aniversario de publicación este año, no todo ha de ser celebrar el Quijote, dos libros que pueden considerarse como los más representativos de las dos Américas, la que habla inglés y la que habla español. Son dos libros- protesta. El primero, Hojas de hierba, del norteamericano Walt Whitman, publicado hace ciento cincuenta años en 1855; libro impreso a expensas del poeta y con venta imperceptible; el mismo Whitman tuvo que escribir reseñas laudatorias como si fueran de otros. Los poemas del libro aumentarían extraordinariamente, en plan agitador. El escándalo de Hojas de hierba fue mayúsculo, casi nada, cantar- -sin obscenidad- -al falo y a la procreación, gritar que el cuerpo humano es sagrado y que hay un destino cósmico para todos. Whitman se proclamó ciudadano intercambiable- yo soy de Madrid, Cádiz, Barcelona desde su fanático amor a Estados Unidos, que profetizaba como guardianes del futuro. Se opuso a la pena de muerte, luchó por los derechos humanos. También leí textos del otro libro, el de Rubén Darío, publicado en Madrid cincuenta años después en 1905, Cantos de vida y esperanza, escrito para denunciar desde su hispanidad el insolente amanecer de Estados Unidos. En el Prefacio al libro cincela su explícita protesta: Mañana podremos ser yanquis (y es lo más probable) de todas maneras mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan ilustres como Júpiter Con el tiempo, Rubén Darío expresaría su admiración por Estados Unidos, pero entonces, reciente la afrentosa pérdida en 1898 de los restos imperiales de España, él se erigió, a fuerza de hombría, en la conciencia más valiente de las paralizadas naciones hispánicas, vaticinando un porvenir colectivo de ilusión y prosperidad. ¿Ha ocurrido así? Cien años después, seamos sinceros: no. (Rubén Darío, como Whitman- -para el nicaragüense el primer poeta de su época- se pagó la edición del libro, que cuidó un joven llamado Juan Ramón Jiménez) Acabado el tiempo de la siesta y la lectura de Rubén Darío, como me esperaba una cena con gente de fuste, me vestí para la ocasión, sin desdeñar el toque de elegancia de una corbata de moda, color sapo y oro. Ante el espejo, recordé las protestas de los terroristas en Irak contra los peluqueros que accedieran a arreglar cabello, bigote o barba al estilo occidental; me toqué la barba con orgullo europeo. Terminó la cena. Sobremesa. Qué catálogo de disensiones. Compruebo durante esta temporada mía en España que todo se ha politizado, hasta lo más nimio. Es bueno ejercer la crítica, es intelectualmente higiénico; la protesta puede ser un arte noble, dependerá de sus motivos y su ejecución, pero basta ya, dejen unos y otros de tirarse de los pelos- -no se me olvidan los peluqueros asesinados de Irak- y en cuanto a usted, señora doña Sofía Loren, si usted ha renunciado al postre durante algunos días en solidaridad fascista con su sobrina Alessandra Mussolini, su huelga de hambre me parece la cosa más ridícula de que tengo noticia. Al menos, podría haber renunciado también a una aceituna del aperitivo.