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ABC SÁBADO 7 5 2005 Los sábados de ABC 105 EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO La joyería actual sigue la tendencia del oro blanco y brillantes para las alianzas clásicas ANTONIA Y SU LORO El mueble pequeño y util es el comienzo de la afición que las demandan con anticipación porque es un trabajo prácticamente artesanal. Hace dos siglos, este tipo de joyas se comportaban como un indicador social que marcaba el rango de la familia, su situación, su tradición. Hoy el concepto ha cambiado y las tiaras se comportan especialmente como indicadores de posición económica. Cualquiera puede venir y comprar, dice Mato, pues de hecho las seguimos haciendo con diseño clásico y reinterpretando los cuadernos de dibujos de la Casa de 1850 y 1910 En las subastas, donde compra hasta la Casa Real, la gente adquiere piezas antiguas para lucirlas como de familia Cuando el gusanillo de las subastas asalta a exquisitos y caprichosos Las subastas de objetos de arte en España son, en parte, desconocidas. Nacieron hace unos 40. años, mientras que en Gran Bretaña, por ejemplo, llevan celebrándose más de dos siglos, fecha en que comenzó esta original forma de compra, que hoy es práctica común en todo el mundo, para adquirir antigüedades, caprichos y curiosidades. Muebles de calidad, pintura antigua (sobre todo del siglo XIX) y moderna (de autores muy conocidos) cerámica, libros, cristal, tallas de madera, ropa de ajuar o de acontecimientos, alfombras, plata, y últimamente vinos, son los objetos preferidos de las casas de subastas y de los cada día más entusiastas postores que levantan la mano en aras de llevarse a casa, y por un buen precio, el antiguo objeto de deseo. Y como los objetos figuran en el catálogo previo, hasta la Casa Real manda sus emisarios para adquirir la pieza de familia que quieren recuperar o cualquier objeto que por su belleza les hará quedar muy bien a la hora de hacer un regalo de boda. Acudir a las subastas para hacer regalos especiales es lo más elegante del momento. Da igual que se trate de una cristalería de La Granja, que de una alfombra de Cuenca o de la Real Fábrica de Tapices. Lo importante es que sea un objeto de calidad. Sin embargo- -asegura Jaime Mato- -tenemos clientes que demandan la compra directa, pues prefieren, por diversas razones, no incluir sus objetos en los catálogos de las subastas sino traerlos a la sala de ventas para que desde aquí se gestione la compra. Por eso hemos tenido que ampliar la sala. Valoramos las piezas a subastar o a vender, siempre con un precio interesante, la base de la subasta. Otra cosa es que la pieza sea objeto de capricho de varias personas y esto eleve el precio inicial. Si nadie puja les ponemos en contacto con el vendedor para que puedan llegar a un acuerdo. Nuestra labor es facilitar esa gestión. Y aunque museos, anticuario y coleccionistas son nuestros principales clientes, cada vez hay más público joven, exquisito, culto, preparado, a quien no sobra el dinero, que, probado el placer de la subasta, se les ha metido dentro el gusanillo de este tipo de compra En la subasta se cobra comisión al comprador y al vendedor y el IVA. Por ejemplo por un objeto adjudicado en 100 se ha de pagar 118. El mueble inglés y francés es lo que más gusta y con lo que la gente se inicia en la compra, un pequeño y selecto objeto, para acabar, donde el espacio y el dinero se lo permite, con piezas importantes que adquieren por el placer de disfrutar de ellas, mucho más que por inversión, pese a que las joyas y el arte son valores refugio clarísimos. Muchos muebles vienen de testamentarias que, los herederos, por diversas razones, no quieren conservar. También hacen broches, pendientes y pulseras inspirados en los encargos exclusivos de otras épocas, como los de Isabel II que llamó a Celestino Ansorena el Diamantero de la Casa Real Desde entonces este joyero recibió encargos de un Madrid cuya Corte compraba para uso y capricho el tipo de alhajas que la indumentaria, la vanidad, el poder y la etiqueta marcaban. Una Corte que era el espejo donde se miraba una aristocracia resplandeciente y dominante de una clase social cuya vida atraía el interés del pueblo y cuyas modas, sobre todo las alhajas, eran el complemento indispensable y exclusivo de la belleza femenina. Perlas y brillantes eran lo que más gustaba a las damas, seguidas de las aguas marinas. Los Reyes, según Jaime Mato, eran generosos y en los viajes oficiales encargaban joyas para los alcaldes o las personalidades a visitar. Pero fue el Rey Alfonso XIII el mejor embajador de Ansorena al encargarle para Victoria Eugenia las alhajas de la boda la famosa diadema de la flor de lis y el collar de chatones que cada vez es más corto Todas las diademas que tiene Doña Sofía han sido adaptadas a su cabeza y forradas con un terciopelo de parecido color al de su pelo. Hoy, siguiendo la tradición, la casa ha creado una diadema exclusiva en perlas, brillantes y con la flor de lis con la idea de que un día sea para Letizia, Princesa de Asturias. Solo falta el comprador. Dibujo (derecha) de pendientes en platino y brillantes realizados en 1910 en forma de lazo y borlas n casa de mi abuela había un loro que no era suyo sino que se lo dejaba una sobrina cada vez que se iba a Estados Unidos porque era muy excéntrica y jamás compraba el ABC pero le pedía a mi abuela que le guardara, además del loro, los suplementos culturales. Sabía muchísimo de todo y a todo lo que le contabas te decía, con acento americano: qué interesante. María Antonia, era su nombre. El loro, se llamaba Pepe. Yo los recuerdo siempre con la misma edad, como si no pasaran los años por ellos: María Antonia con la piel muy morena, los ojos muy claros y el pelo muy blanco; el loro siempre verde. Vivían ambos con una americana de Miami y los tres pasaban largas temporadas en Malpica, en Toledo, donde tenían una casa muy blanca y muy cuadrada, con un patio en el centro. La entrada, estaba llena de sombreros, y toda la casa decorada con colores muy chillones, azules, verdes, amarillos, que entonces ni siquiera se llevaban pero entre los que el loro tenía que sentirse a sus anchas, como en la selva. Cada vez que sonaba el timbre, el loro gritaba: el correo, el co- co- co- correo y aunque no estuviera en Malpica sino en Madrid, por el principio de respuesta condicionada de Paulov, el loro chillaba: el correo, el co- cocorreo Era para volverse loco porque la casa de mi abuela tenía mucho eco y mucho sonido de timbres, por lo que cuando no podíamos más tapábamos la jaula del loro con una manta para que se durmiera. Según va pasando el tiempo y la nebulosa de mis parientes me parece cada vez más borrosa y más blanca, surge en mi memoria esta prima de mi madre que ahora recuerdo con una vida tan coloreada como su piel y su loro. Su amiga, que se llamaba Johnny, desapareció en tierras americanas cuando a María Antonia se le empezaron a olvidar las cosas y, como el loro había muerto, fue la parte menos coloreada de la familia la que le dio amor y cuidados hasta el último día. Su primer desvarío consistió en regalar a unos vecinos la casa de Malpica, donde se recogían unos ramos muy grandes de amapolas y de malvas y de jaramagos y de espigas perdidas por trigales antiguos, en esta época del año, hace mil años. E