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ABC SÁBADO 7 5 2005 Los sábados de ABC 103 Alejandro Pérez, presidente de Holored Estelar en Sevilla, se contagió de la fiebre galáctica a través de los videojuegos jes de Star Wars Benjamín, de veintiséis años, de Las Palmas de Gran Canaria, es uno de los socios españoles. Recuerda que, en su casa, se inyectaban la trilogía cada Navidad, una tradición Luego, el hobby engordó, y compró armaduras de asalto, réplicas de cascos y máscaras, de sables y pistolas. Una armadura blanca puede costar entre mil y dos mil euros; una de Darth Vader, más compleja, unos cinco mil nos ilustra. La otros galácticos afilan sus espadas en busca de la primera entrada disponible en la pantalla más grande posible. Otros se concentran ante sus ordenadores. Pedro Sánchez, de treinta y cinco años, vecino de Elda (Alicante) es un fanático de los videojuegos de la serie. Los ha practicado todos, desde el primer simulador de combate espacial, el X- Wing, a los más nuevos, como el Star Wars Battlefront. Les dedica entre una y dos horas al día, cuando duermen los niños, cuando los jugones se conectan a www. spawars. net, la web del clan más antiguo de España. De pronto, las naves cobran vida en el ordenador. Y regresa la magia del espacio turbulento e inseguro. Vuelve el Emperador Palpantine. Y el Imperio regido por el temible lord Sith. Los otros galácticos no se juegan la Liga. Están ocupados en sacar brillo a su armadura. RAÚL DOBLADO Fernando Vázquez, con el traje y la corbata de presidente del club de fans oficial perfeccionada en juegos como Star Wars Racer ¿Qué fue primero, la gallina Jar- Jar o el huevo de oro? Con la irrupción de las consolas de última generación el nivel subió como el ego de Han Solo, con bestsellers como of the Old Republic que obtuvo la friolera de treinta y cinco laureles de Juego del año en diferentes medios. La tajada online también fue convenientemente explotada con SW Galaxies: An empire divided y la empresa cele- YOLANDA CARDO El Imperio sigue contraatacando J. CORTIJO En este caso, no puede aplicarse el coqueto arranque de En una galaxia lejana porque, allá por 1982, fecha en la que nació LucasArts, la industria del videojuego ya había puesto una pica en el entretenimiento incluso doméstico y galáctico (el abuelete Space invaders lleva cuatro años guerreando) Pero el auténtico Halcón Milenario de la industria tal y como la entendemos ahora- -videojuegos- franquicia basados en éxitos cinemato- gráficos- -aún gastaba pañales modelo Skywalker. Igual que hiciera D. W. Griffith con el Séptimo Arte, George Lucas reinventó el lenguaje del Décimo: la amplitud de campo y sensación de velocidad de El retorno del Jedi para máquinas arcade, la integración de efectos especiales y banda sonora gentileza de sus naves de refuerzo Industrial Light Magic y Skywalker Sound... A tanto llegó su magisterio catedralicio en este mundillo que no pocos pensamos que esta segunda- primera trilogía que nos está endiñando no es más que un campo de pruebas de gran magnitud para ir puliendo su verdadera pasión ludópata. No hay más que recordar la carrera de vainas del Episodio I portentosamente recreada y bró sus cien títulos en el mercado. Por supuesto, el tirón del Episodio III no ha caído en saco roto, con un juego oficial de prodigiosa movilidad gráfica que se añade a los muy recientes Lego Star Wars (con los muñequitos y piezas que colaboran con Lucas desde el 78) y Republic Commandos Y, con tercera trilogía o no, el futuro ludópata sigue floreciente en el rancho Skywalker: este otoño caerán Star War Galaxies primer rol multijugador masivo de la saga y la esperada continuación de SW: Battlenfront El imperio de nunca acabar, en fin.