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30 Internacional SÁBADO 7 5 2005 ABC Exaltación patriótica rusa en el día de la victoria Las celebraciones oficiales ordenadas por Putin recuerdan los tiempos más gloriosos de la URSS b Más de medio centenar de presidentes y jefes de Gobierno acuden a Moscú para participar en unas celebraciones en las que Putin exhibe su nostalgia por el pasado ENRIQUE SERBETO. ENVIADO ESPECIAL MOSCU. La televisión emite las viejas películas de su archivo sobre la II Guerra Mundial, las calles están llenas de banderolas y carteles que anuncian el LX aniversario de la victoria sobre los nazis, los solares vacíos o sucios se han tapado con murales patrióticos. El presidente ruso, Vladimir Putin, está decidido a mostrar a toda costa el fervor patriótico de los rusos y su fortaleza como dirigente ahora que su prestigio no está en el mejor momento. Más de medio centenar de presidentes y jefes de Gobierno de todo el mundo acuden a Moscú para participar en unas celebraciones en las que Putin no disimula su nostalgia por el pasado soviético, ni su colega norteamericano, George Bush, oculta sus reticencias hacia su comportamiento político. Las escalas que ha programado el norteamericano en Letonia y Georgia aprovechando el viaje a Moscú han sido interpretadas aquí precisamente como quería la Casa Blanca, una exhibición de las diferencias de principios sobre lo que ha de ser el antiguo espacio geoestratégico que ocupó la Unión Soviética. El gobierno ruso ha enviado hasta aviones especiales para descargar las nubes y garantizar que el próximo lunes ni una sola gota e lluvia pueda deslucir el espectacular ceremonial que se ha preparado, incluyendo un desfile de veteranos supervivientes. Bailarines rusos vestidos como soldados de la II Guerra Mundial reciben con sus bailes al Tren de la Victoria en Minsk ciller alemán, Gerhard Schröder, reconozca públicamente que la entrada de los soviéticos en Berlín significó la liberación de Alemania. El presidente es el político más popular de Rusia y con el barril de petróleo a 50 dólares no tiene muchas dificultades para mantener un grado de aceptación que quisieran muchos de sus colegas occidentales. Algunos le reprochan que haya secuestrado para su lucimiento una celebración que tradicionalmente pertenecía a los veteranos, pero hasta estos entrañables abuelos cargados de medallas reconocen que ningún otro presidente ruso, al menos desde Breznev, se habría atrevido a tamaña exhibición patriótica. EPA Reconstruir su poder Todo lo que ha hecho Putin con este respaldo ha sido reconstruir el poder del Estado en las zonas de sombra donde se habían instalado la mafia y el desorden, pero también en las que empezaba a asomar la democracia. Ahora, Es- Casi todos presentes Putin ha logrado que los representantes oficiales de casi todas las antiguas repúblicas soviéticas (menos Estonia, Lituania y Georgia) acudan a las fiestas del aniversario de la victoria sobre la alemania nazi, como una señal de que la madre Rusia aún es capaz de convocar a sus antiguos protegidos. Una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) organización que prácticamente no ha servido para nada en casi quince años, se celebrará aprovechando los festejos, para que Putin reafirme su ascendencia en la zona de influencia de Rusia. Los presidentes que no han querido asistir a las ceremonias exigen que Moscú haga antes un acto de contrición y les pida disculpas por los años de ocupación que siguieron a la victoria contra los alemanes. Pero Rusia les ha dicho claramente que no tiene la menor intención de arrepentirse por haberles liberado de los nazis y el asesor presidencial para asuntos europeos, Serguei Yastrzhembsky, les ha recomendado que consulten sus propios archivos y les pregunten a sus representantes electos que firmaron su adhesión a la Unión Soviética. Putin ha logrado incluso que el can- tados Unidos ha puesto sobre la mesa sus reticencias por la conducta política de Putin, que ha visto cómo Ucrania pasaba claramente al área de influencia occidental y todavía no ha dicho lo que piensa de los planes norteamericanos de derrocar lo antes posible al bielorruso Alexander Lukashenko. De modo que 60 años después de la victoria, EE. UU. y Rusia siguen en una sensibilidad parecida. Se dicen aliados y amigos sobre el papel, pero desconfían el uno del otro. Las escalas de Bush en Letonia y Georgia encorajinan al Kremlin ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL NUEVA YORK. No sólo los fantasmas de la guerra fría parecen haber vuelto a desfilar entre Washington y Moscú, sino los de Hitler y Stalin y su pacto para repartirse Europa, súbitamente sacados a la palestra por la tensa correspondencia que se han cruzado el ministro ruso de Exteriores y la secretaria estadounidense de Estado a cuenta de las escalas que el presidente, George W. Bush, hará en las ex repúblicas soviéticas de Letonia y Georgia aprovechando su viaje a la capital rusa para asistir a los fastos que recuerdan el 60 aniversario de los sacrificios y la victoria rusa en la Segunda Guerra Mundial. Como ayer comentaba un alto cargo del gobierno estadounidense, si Bush sale bien librado, será como Houdini en referencia al famoso mago escapista. Enterado de que Bush amplió su viaje para apoyar los avances democráticos en Letonia y Georgia, Sergey Lavrov, responsable ruso de Exteriores, le manifestó su desagrado a Condoleezza Rice. A la secretaria de Estado estadounidense le faltó tiempo para replicar al instante y recalcar a su homólogo que el presidente Bush visitaría cualquier país que le pluguiera. El New York Times citaba ayer a expertos en asuntos rusos que interpretaban como una bofetada al Kremlin el hecho de que Bush pretendiera compaginar su presencia en la plaza Roja de Moscú, con motivo de los desfiles que celebran la victoria sobre los nazis, con el mensaje a los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) de que el final de la Segunda Guerra Mundial significó para ellos el principio del sometimiento a Moscú. Así lo recalcó el presidente estadounidense a la televisión lituana en una entrevista. Los líderes de Estonia y Lituania han declinado la invitación a los eventos de Moscú. Bush habrá de hacer pinitos entre las buenas relaciones que quiere mantener con el presidente ruso, Vladimir Putin, y lo que Moscú considera peligrosa expansión de la influencia de Washington en países fronterizos de Rusia, que además formaban parte de la antigua URSS o de su bloque militar. Vyacheslav A. Nikonov, presidente de la fundación moscovita Polytika, declaró el miércoles a la agencia Interfax que el sentir del Kremlin ante las escalas de Bush sería semejante al que se suscitaría en la Casa Blanca si un viaje de Putin a Washington incluyera paradas en La Habana y Corea del Norte.