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16 Nacional LA RECTA FINAL DEL PROCESO DE NORMALIZACIÓN DE INMIGRANTES SÁBADO 7 5 2005 ABC ¿Treinta mil? ¿Cincuenta mil? La traca final de las decenas de miles de solicitudes de esta semana promete ser abrumadora. Lo que no está claro es cuántas pasarán el corte Carrera contrarreloj por la legalidad TEXTO: ISABEL G. ESLAVA, JORGE SÁINZ FOTOS: JAIME GARCÍA MADRID. Las ingentes colas que ayer rodearon las oficinas de la Seguridad Social de todo el país han servido para esbozar el complicadísimo panorama que le espera al cierre oficial del macroproceso de normalización de inmigrantes, previsto para hoy a las nueve en punto de la noche. Sólo el jueves, la Administración tramitó más de 35.000 solicitudes, del total de 625.000 que tiene registradas el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Y lo peor es que las prisas del último momento auguran un repunte descontrolado del número de peticiones, al que no está claro que se pueda hacer frente. Las noches empiezan a convertirse en días interminables en los alrededores de algunos de los centros de admisión de expedientes. El situado en la madrileña avenida del Mediterráneo, uno de los pocos que funciona sin cita previa, ya no da abasto. Cada uno de los cerca de mil inmigrantes que esperan pacientemente para presentar sus documentos guarda una media de nueve horas de cola. Los esfuerzos por convertir al empresario en el garante de la regularización parecen no haber fructificado, y la marea humana que rodea a la oficina es un auténtico crisol multicultural, en la que apenas se advierte la presencia de españoles. Cuando esté cerca de la puerta, llamaré a mi jefa para que se acerque hasta aquí dice Justina, una empleada de hogar paraguaya cuya patrona tiene más de 80 años. La inmensa mayoría de estos irregulares vive la misma situación que Jus- tina. A nadie le hace gracia soportar esta espera comentan Karina y Yuri, dos asistentas rumanas que acaban de recibir el certificado de empadronamiento por omisión La Policía, que ya ha decidido tomar cartas en el asunto, lo sabe y se afana por retirar de la puerta de acceso al centro a aquellos que no vayan acompañados de sus patronos. El reloj corre demasiado deprisa y la tensión y la angustia empiezan a infectar una atmósfera ya de por sí enrarecida. A la desesperada Además, el efecto del último minuto está provocando numerosos intentos a la desesperada. Es el caso de Lamine, un camerunés que apenas chapurrea unas palabras de español. No tengo contrato, pero lo voy a intentar asegura. Alina, una joven rumana que lleva más de dos años viviendo en España, también sabe que no puede acreditar ante los funcionarios todos los documentos obligatorios, pero no se resigna. No tengo el certificado de empadronamiento, porque el Ayuntamiento no se está moviendo con rapidez. He traído un montón de papeles que certifican mi presencia en España. Sé que es difícil, pero no tengo otra oportunidad dice. Parece una ironía del destino, pero la evidente mezcla cultural que dibuja este extraño paisaje tiene su idéntico reflejo en la serie de contratiempos que estos inmigrantes deben sortear para normalizar su situación en España. Muchos creen que todo está en re- Cientos de inmigrantes hacen cola en una oficina de Madrid La tensión y la angustia se han apoderado de los cientos de candidatos que guardan una media de nueve horas de cola gla; otros, entregan un resguardo a la espera del certificado definitivo de penales de sus respectivos países, porque los consulados, simplemente, no pueden absorber el inmenso volumen de peticiones. Y, al margen de la buro- cracia, hay historias como la de Nacho, uno de los pocos empresarios españoles que rompe la uniformidad de la cola, que no termina de dar crédito a lo que está viendo. Este proceso ha sido excesivamente corto. Ha sido malo para los empleadores y muy malo para los inmigrantes, porque al final se abusa de ellos comenta. Y cuando después de casi diez horas, los pies apenas se mueven a través de una sucesión de pasos irregulares y espontáneos, entonces llega el momento del frío, y muchas veces ingrato, trámite administrativo. Pop Obrero rumano Francisco Empresario de la construcción Llevo siete horas en la cola y me faltan varios documentos Pop es un obrero rumano que aguarda pacientemente en la cola, cuando ni siquiera dispone de todos los papeles necesarios para tramitar su expediente de regularización. Mi mujer se está encargando de hacer esas gestiones, pero lo cierto es que mi tiempo se está agotando dice. Cuando el contratiempo esté solucionado, Pop llamará a su patrón y presentará todos sus documentos. Si mi esposa y el Ayuntamiento no fallan, y cruzo los dedos, creo que no habrá ningún problema. Estoy muy esperanzado de poder vivir en España comenta. El Gobierno ha lanzado un órdago con este proceso Francisco esperaba para entregar la solicitud de normalización de Stephan, su empleado rumano. Han dejado el trámite para el penúltimo día porque hasta el jueves no obtuvo el empadronamiento, después de tres años en España. Cree que con este proceso el Gobierno ha lanzado un órdago Esta medida les ha quedado demasiado grande. En su línea habitual de buen rollismo han dejado todo en manos de las administraciones autonómicas y locales, que se han visto desbordadas. De esto, me consta que sólo se están beneficiando las mafias