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ABC VIERNES 6 5 2005 Espectáculos 67 Adriana Ozores encabeza un reparto como pocas actrices, aunque ella reivindica los papeles de reparto, para no limitar mi carrera Ahora, con Heroína se mete en la piel de Carmen Avedaño, la mujer que se enfrentó a los narcos gallegos Me preocupa ser la garantía de un filme JOSÉ EDUARDO ARENAS MÁLAGA. Todo empezó hace cuatro años, cuando el director y productor Gerardo Herrero leyó una noticia en la prensa sobre una mujer gallega, Carmen Avedaño, y la Asociación Erguete. Tras ponerse en contacto con ella, la guionista Ángeles González Sinde emprendió el primer guión sobre una historia impactante, no sin antes pasar por cierta reticencia por parte de Avedaño de ver su historia en una película. Enseguida surgió el nombre de Adriana Ozores para encabezar el reparto de Heroína Ella es sinónimo de calidad, una de nuestras actrices más destacadas, y cualquier personaje le sienta como un traje a medida. Convertida en un fenómeno cinematográfico, sólo ella sabe el secreto de su capacidad de comunicación. Tras pasar por el Festival de Málaga, el filme llega a las pantallas con los premios al mejor director y al mejor guión. La actriz interpreta a Carmen Avedaño a lo largo de tres años, los del comienzo del conflicto de esta madre contra los narcotraficantes gallegos. Me ofrecieron la oportunidad de estar con ella, codo con codo. Fuimos a calabozos, estuvimos en contacto con toxicómanos que habían tenido problemas con la ley; fuimos a los talleres de la Asociación, donde hay gente reinsertada. Pude ver su naturalidad para tratar a alguien a quien acababan de detener. Me impresionó. También recuerdo un día que pasó por nuestro lado un mercedes en el que iba un narco y ella, sin miedo, le gritó: ¿Qué haces con ese coche? Seguro que no lo has ganado vendiendo nécoras Todas esas vivencias me ayudaron a comprender al personaje y también la labor social que realizan estas mujeres enfrentándose a jueces, abogados, policías o narcotraficantes Al ser tan buena profesional, la auténtica Adriana Ozores se nos antoja una incógnita. Ríe: En cada personaje existe algo de mí, no creo ser capaz de esconderme detrás de una máscara El poso que ha dejado la película en ella es importante. Así lo contaba: El mundo de la cárcel es muy oscuro y sin posibilidad de que eso salga a la luz. Fue duro ver la energía que se estaba manejando allí Tras la dura anécdota, cambia al preguntarle si no es una responsabilidad ser la garantía de un filme. Considera que no es verdad: Unas veces se puede estar acertado y otras no. Esta película ha sido especialmente difícil. Existe una parte de mí que controlo, pero lo que es el compromiso social, la fuerza de esas ejemplares mujeres y la visión política, me costó un gran esfuerzo. Por otro lado, me preocupa ser la garantía de algo, ya que puedo equivocarme. Prefiero ser más libre para poder meter la pata. Me gustan los papeles de reparto, porque, si no, se me limita la carrera Adriana Ozores, en una imagen de la película Heroína La dependencia y la independencia E. R. M. El doble sentido del título delata casi por completo el contenido de esta película, más de tesis que de dosis. Se alude, claro, a la heroína que consume al joven protagonista, y viceversa; pero también se alude a la actitud heroica de su madre, que toma las riendas de ese caballo desbocado dispuesta a frenarlo o a estamparse con él. Aunque no se subrayara que la historia está basada en unos hechos reales y en un lugar concreto (un pueblo de Galicia, donde las mafias del narcotráfico han vivido con absoluta impunidad durante la década de los ochenta y parte de la de los noventa) lo que se cuenta en Heroína apesta a realidad, o al menos a una cara de la realidad. Gerardo Herrero es un cineasta a ras de historia, que elige como los cazadores un puesto desde el que dispararle a lo que quiere cazar, o contar, y no se mueve de allí hasta que cobra, o no, la pieza. El punto de vista de Heroína es deliberadamente dramático (los ojos de la madre) en vez de sórdidamente trágico (los ojos, o Director: Gerardo Herrero Intérpretes: Adriana Ozores, Javier Pereira, Carlos Blanco, María Bouzas Nacionalidad: España, 2005 Duración: 100 minutos Calificación: la vena, del hijo drogadicto) Y este lugar desde el que cuenta su historia le permite a Gerardo Herrero indagar en otros terrenos aún más interesantes y sutiles, como el que se le abre tentadoramente a la madre protagonista, cada vez más luchadora, más fuerte, más célebre, más influyente... más presa de su propio papel mesiánico. Y es en ese terreno, que tanto tiene que ver con la actualidad más penosa, con madres de víctimas del terrorismo que se han- -o las han- -convertido en estrellas, donde sobresale el talento de actriz de Adriana Ozores, capaz de expresar y al tiempo esconder todo ese alboroto de sentimientos y cruce de intencionalidades y tentaciones. Fiel al punto de vista elegido, Herrero no se deja seducir por otras po- sibilidades y las diversas direcciones que podía seguir su cámara: desde el naturalismo nocturno de la juventud gallega hasta el hiperrealismo del mundo oscuro en el que se mueve el personaje del hijo heroinómano. La película lo sigue de lejos, apenas si lo roza y le deja aire para no caer en los tópicos habituales de esos temas, o problemas. Aunque sí cae, en cambio, en otras frases hechas a propósito de la permisividad y hasta complicidad policial, en el tono manido contra jueces y fiscales, en la simplicidad del retrato carcelario o de las leyes del silencio entre los vecinos... Probablemente haya verdad en todo ese dibujo a vuelapluma, pero le falta la sutileza de otras exposiciones y relaciones mencionadas, en especial las que teje interpretativamente Adriana Ozores. El actor Carlos Blanco también construye con solidez, y en su trazo justo, un personaje complejo y profundo, el de marido de esa mujer revestida de amianto. Ellos dos y sus agujeros de pareja darían, sin duda, para otra película.