Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 6 5 2005 Internacional ELECCIONES EN EL REINO UNIDO 27 La diferencia entre conservadores y laboristas Porcentajes de votos de conservadores y laboristas conseguidos a lo largo de las últimas seis citas electorales (Entre paréntesis los escaños obtenidos) Conservadores Laboristas Según sondeos a pie de urna 45 40 35 30 25 20 15 10 5 0 43,9 (339) 37,0 (269) 42,4 (397) 42,2 (376) 41,9 (336) 34,4 (271) 43,2 (419) 40,7 (413) 31,7 (166) 33 (209) 37 (356) 27,6 (209) 30,8 (229) 30,7 (165) M. Thatcher J. Callaghan M. Thatcher M. Foot M. Thatcher N. Kinnock J. Major N. Kinnock J. Major T. Blair W. Hague T. Blair M. Howard T. Blair ER 1979 algo que sólo se ha hecho parcialmente ante la resistencia encontrada. 1983 1987 1992 1997 2001 2005 Descentralización revitalizadora La principal huella de los dos mandatos de Blair en la vida del Reino Unido y en su estructura territorial es el proceso autonómico. Desde 1999, Escocia y Gales tienen Parlamento propio, con una amplia gestión de competencias, especialmente por parte de escoceses (galeses, con una identidad más diluida, prefirieron una mayor dependencia de Londres) Este proceso de devolution propugnado por los laboristas tiempo antes sin éxito, ha supuesto un apaciguamiento de las demandas independentistas escocesas, al recuperar un Parlamento que en 1707 se había fusionado con el de Westminster. La descentralización ha revitalizado además las ciudades del norte de Inglaterra, que como Newcastle, Liverpool y Manchester tienen nuevos proyectos urbanísticos y un gran impulso económico. Europa, pendiente Blair dejará el poder sin haber introducido el Reino Unido en el euro. Durante la campaña electoral, ha indicado que ese cambio no puede darse mientras la economía vaya bien y no se plantee su necesidad, algo que no cree que ocurra en los próximos cuatro años. Europeísta convencido, Blair hubiera deseado pasar a la historia como el responsable del anclaje definitivo de su país en la Unión Europa mediante la asunción de la moneda única. Tendrá ocasión de intentar cambiar la opinión negativa de los británicos sobre la Constitución europea si los planes de referéndum no se detienen por el triunfo del no en algún país, pero Blair ha dejado enfriar la actitud positiva hacia la UE que supuso la llegada del New Labour al poder, sin gastar el cheque casi en blanco que fue la aplastante mayoría de su primer mandato. Blair ha dejado enfriar la actitud positiva hacia la Unión Europea que supuso la llegada del New Labour al poder nión pública para acomodar su política. Lo cierto, en cualquier caso, es que en su último mandato el líder laborista ha tomado decisiones impopulares que no necesitaba asumir. Un ejemplo claro es la subida sustancial de las tasas universitarias, que le enfrentó a parte de su grupo parlamentario y ha puesto en pie de guerra a miles de estudiantes. También está la prohibición de la caza del zorro con perros, que aunque exigida por las bases laboristas, ha supuesto la animadversión de parte del campo en momentos electorales. Mayor conflicto ha provocado la decisión de participar en la guerra contra Irak. Con ello, Blair no hacía más que mantener la relación con EE. UU. que ya fue esencial en los tiempos de su predecesora Thatcher. Modernización del laborismo Durante los primeros diez años de militancia en el Partido Laborista, a Blair nunca se le pasó por la cabeza hacerse con las riendas de la formación. Pensaba que era demasiado moderado y demasiado diferente del líder laborista arquetípico confesaría después. Blair, ayudado por una nueva generación de dirigentes, moderó el laborismo con reformas de gran simbolismo como la supresión en 1995 de la cláusula cuarta de los estatutos, cuya vieja retórica proclamaba como objetivo la nacionalización de los medios de producción. Aunque los laboristas ya no invocan la entonces proclamada tercera vía y la denominación de New Labour sólo la utilizan de vez en cuando, la modernización impuesta por Blair ha permitido al partido seguir siendo competitivo en el mercado político. Decisiones impopulares A Blair se le ha acusado de estar excesivamente atento a los vaivenes de la opi- LONDRES. Su brillante oratoria, muy apropiada para los encendidos cuerpo a cuerpo de la Cámara de los Comunes- -probablemente más que para los mítines electorales sin contrincante dialéctico- catapultó a Michael Howard al liderazgo del Partido Conservador en noviembre de 2003. Más correoso que su antecesor, Iain Duncan Smith, conocido como el hombre tranquilo Howard emergió entre las camarillas conservadoras como el candidato menos malo para enfrentarse a Blair. Al menos fue el único dispuesto a quemarse- -de alguna manera, ya había hecho su carrera política en tiempos de Thatcher y Major- -en la sucesión de líderes decapitados desde los tiempos de la Dama de Hierro. Tras la derrota de Major frente a Blair en 1997, el partido quedó en manos de William Hague, y éste pasó el testigo a Duncan Smith tras sucumbir en los comicios de 2001. Duncan Smith ni siquiera llegó a ser el candidato en la siguiente cita con las urnas. La oportunidad pasó a Howard. Hijo de inmigrantes judíos procedentes de Rumanía, Howard nació en 1941 en Gales, donde sus padres tenían un Michael Howard Líder del partido conservador Un hombre dotado para el cuerpo a cuerpo E. J. B. comercio de ropa. Estudió en Cambridge, donde se inició en la política como miembro de la Asociación Conservadora de estudiantes. Su carrera como abogado le llevó al nombramiento de fiscal en 1982. Al año siguiente obtuvo su acta de diputado. En 1990, Thatcher le designó ministro de Empleo, y con la victoria de Major en 1992 pasó a dirigir el Ministerio de Medio Ambiente. De 1993 a 1997 fue ministro del Interior. Howard, de 65 años, se casó en 1975 con Sara Paul, una modelo que en los años sesenta posó numerosas veces para la revista Vogue y aún después fue maniquí para diversos catálogos de moda. El matrimonio ha tenido dos hijos, y toda la familia ha arropado al candidato en la campaña electoral. Pe- ro más que su mujer e hijos, el elemento familiar que más ha ocupado la disputa política en estas semanas han sido sus ancestros. El abuelo de Howard fue un inmigrante ilegal, lo que contrasta con el estricto programa conservador en inmigración. Su origen judío ha provocado algún desgraciado desliz por parte de algún oponente. Howard, cuyo hijo se prepara para ser sacerdote anglicano, acude con regularidad a una sinagoga liberal de Londres. Además de ser buen orador y de tener una consolidada experiencia política, Howard es una persona cultivada y de trato agradable. No obstante, el perfil que los laboristas se han ocupado de imponer es el de un ex ministro de Interior duro y sin escrúpulos, demasiado contaminado por el thatcherismo Sus oponentes han insistido en unir a su nombre el epíteto something of the night (algo de la noche) que se ganó en sus tiempo ministeriales por una polémica sobre las prisiones. Por más que su agresiva campaña contra Blair ha remarcado esas aristas, también ha trascendido la imagen de un líder organizado y capaz, aunque no siempre lo vean así sus compañeros de filas.