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26 Internacional ELECCIONES EN EL REINO UNIDO VIERNES 6 5 2005 ABC Luces y sombras en el legado de ocho años de gobierno laborista La buena marcha de la economía, principal baza de Blair; la guerra de Irak, su mayor hipoteca años en el ejercicio del poder, Tony Blair ha dotado al New Labour de un rostro moderado, moderno y competitivo, lejos incluso de la tercera vía E. J. BLASCO LONDRES. Luces y sombras han marcado los dos mandatos de Blair al frente del Gobierno, siendo la buena marcha económica su principal baza y la guerra de Irak su grieta más notoria. b Tras ocho tórico acuerdo entre su partido y el DUP del reverendo Paisley- -la contratuerca definitiva del proceso de paz en el Ulster- -mientras Blair estuviera en el 10 de Downing Street. Aunque la tregua del IRA y las bases iniciales para el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 se lograron durante el final del mandato de John Major, MacGuinness venía a indicar que la complicidad generada entre Blair, el unionismo moderado y el Sinn Fein costaría reconstruirla con un cambio de Gobierno. Promesas no cumplidas Éxito económico La economía va bien, aunque los indicadores apuntan que el crecimiento puede frenarse, sin llegar este ejercicio al 3 por ciento previsto. Un pequeño desajuste daría al traste con el equilibrio entre el aumento de inversiones públicas, el control de la deuda y un no excesivo incremento de la presión fiscal. Los laboristas exhiben los más bajos tipos hipotecarios y la inflación más reducida en cuarenta años, así como el menor desempleo en tres décadas y el periodo más prolongado de crecimiento económico en dos siglos. Dos sonadas promesas del tiempo de la llegada de Blair a Downing Street han quedado incumplidas. La primera es el cambio del sistema electoral, para pasarlo de mayoritario a proporcional. La larga era de Thatcher hizo pensar a los laboristas que sólo podrían romper el dominio conservador mediante un reparto de escaños que no primara al partido ganador, sino que se ajustara al número de votos conseguido. Ello les permitiría un cómodo gobierno en coalición con los liberaldemócratas, que ponían esta cuestión como condición para el pacto. La amplia victoria de Blair en 1997 le hizo olvidar la propuesta. Otra promesa de esa primera hora fue la reforma constitucional para eliminar los escaños hereditarios en la Cámara de los Lores, Paz en Irlanda del Norte Una empleada limpia la puerta de la residencia oficial del primer ministro REUTERS Recientemente, Martin MacGuinness expresó la urgencia del movimiento republicano irlandés de alcanzar un his- LONDRES. El 11 de mayo de 1983 marca el comienzo de su carrera política. Ese día, el abogado Blair llegó en su Mini Metro marrón a la casa de John Burton, jefe laborista en la localidad de Trimdon, en el norte de Inglaterra, donde todavía no se había nominado a un candidato para las elecciones que se iban a celebrar poco después. Blair acudía con el propósito de solicitar su nominación por ese distrito, pero no pudo plantearlo hasta que los asistentes terminaron de ver la final de la Recopa de Europa entre el Real Madrid y el Aberdeen. El empate a uno obligó a demorar la decisiva conversación la media hora de la prórroga, en la que el Aberdeen marcó el gol de la victoria. Blair abandonaría la casa con la nominación bajo el brazo y por esa circunscripción de Sedgefield obtuvo un primer escaño que luego ha venido renovando. La suerte y el pacto han constituido el engranaje de su progresión política. Suerte de encontrar una circunscripción de tradición laborista huérfana de candidato, y suerte cuando en 1994 murió repentinamente el líder del partido, John Smith, sin sucesor. Pacto con su mujer Cherie, con la que al ca- Tony Blair Primer ministro, líder del partido laborista Todo comenzó con un partido del Real Madrid E. J. B. sarse en 1980 acordó que el primero de los dos que consiguiera un escaño se dedicaría a la política, mientras el otro continuaría ganando el pan para la familia; y con Gordon Brown, con quien al morir Smith se repartió el calendario del poder. Aunque esta última transacción ha tenido sus momentos de crisis, la relación entre Blair y Brown es la espina dorsal de la permanencia del laborismo en el gobierno británico. Blair nació el 6 de mayo de 1953- -mañana cumple 52 años- -en Edimburgo. Sus orígenes escoceses, no obstante, han quedado relegados por su adopción de los valores ingleses. En 1976 comenzó Derecho en Oxford y allí fue donde se afilió al Partido Laborista, aun proviniendo de una familia de tra- dición conservadora. También allí tiene origen su interés por la fe cristiana. Ya diputado, entre 1985 y 1987 fue portavoz del Tesoro en su grupo parlamentario, y portavoz de Industria entre 1987 y 1988. Ese año se incorporó al gabinete en la sombra como responsable sucesivamente de Energía, Trabajo e Interior. Su mentor fue John Smith, comprometido con una renovación del partido que, tras su muerte, Blair, Brown, Mandelson y otros dirigentes de una nueva generación plasmaron en el New Labour. Esa tercera vía alejó el laborismo del dogmatismo sindicalista. Blair ganó en 1997 por abrumadora mayoría, con más escaños de los que contó Margaret Thatcher; incluso su reelección en 2001, con menor porcentaje, mejoró en escaños las marcas de la Dama de Hierro. Pero el cansancio del electorado con Blair ya comenzó en esas segundas elecciones, traducido sobre todo en la alta abstención. La guerra de Irak ha acabado por laminar el increíble prestigio que tuvo Blair, que ha llegado a sus terceros comicios con la credibilidad hecha jirones, pero al menos en pie.