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4 Opinión VIERNES 6 5 2005 ABC EN CASA... EA por la pervivencia de una tradicional asignación de roles e identidades sexuales que la atribuyen el protagonismo en tareas de ámbito privado -notable circunloquio de la directora del Instituto de la Mujer, Rosa Peris, para no hablar a las claras de machismo- sea porque todavía hay quienes defienden lo de la mujer en casa... lo cierto es que el 45 por ciento de los españoles en edad de trabajar cree que las mujeres deben abandonar sus empleos al tener un hijo. Otros dos datos para la reflexión: el 42 por ciento de las empresas cree que las responsabilidades familiares limitan el rendimiento laboral de las mujeres, que en un porcentaje de catorce de cada cien se han sentido discriminadas en procesos de selección de personal. Tradicional asignación de roles Pues va a ser que sí, señora. S PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil SECRETOS A VOCES L Rodríguez Ibarra DANIEL G. LÓPEZ FACTORÍA DE IDEAS E N respuestas al independentista Bargalló- -que ha amenazado con tumbar a Zapatero si no se aviene a aceptar la propuesta de financiación autonómica del Ejecutivo catalán- Rodríguez Ibarra le advirtió ayer que si es así él pedirá la reforma de la Ley Electoral para disminuir el peso de los nacionalistas en el Congreso. La idea es vieja, y cada vez que arrecia la tempestad, la saca a pasear en una especie de amague táctico. Ibarra parece decidido a no perder su condición de martirio del tripartito pero quizás debería plantearse por qué la clase dirigente de su partido no arropa nunca sus palabras. De seguir así, y mientras Zapatero se aclara sobre su idea de España, el líder extremeño corre el riesgo de convertirse en un verso suelto en el PSOE; eso sí, con estrambote. A opacidad impuesta por José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe a su encuentro celebrado ayer en La Moncloa es un grave revés al sistema democrático, que se basa, entre otros principios, en el control del poder político por parte de la opinión pública. El jefe del Ejecutivo ha vuelto a eludir a los medios de comunicación, como ya hiciera con otras reuniones también importantes, con Carod- Rovira o el presidente del PNV, Josu Jon Imaz. Más que discreción, lo puesto en práctica por La Moncloa es una política de puerta cerrada, que abona todo tipo de conjeturas sobre las intenciones del presidente del Gobierno en un asunto tan fundamental para España como el futuro del País Vasco. Con este método de relación institucional, insólito en la historia democrática de nuestro país, se fracturan quizá de forma irreversible los últimos hilos de confianza entre el Gobierno socialista y el Partido Popular, pese a que la paz en el País Vasco y la derrota de ETA son dos objetivos inseparables que deben unir a los principales partidos nacionales. Lo que sabemos de la reunión de ayer, pese al bloqueo informativo, es que Zapatero trasladó a Ibarretxe su deseo de que el País Vasco tenga más autogobierno y que el lendakari constató la existencia de una nueva fase política caracterizada por la búsqueda permanente de espacios de debate, diálogo y de encuentro Dicho de otro modo, el presidente del Gobierno le pidió a Ibarretxe que abandone su plan soberanista a cambio de aparcar el pacto antiterrorista, lo que supone, de hecho, romper los frágiles puentes que le unían al PP. El más explícito fue José Blanco, que pronunció una frase altamente reveladora: Al ciudadano lo único que le interesa es que ETA abandone las armas Sin entrar en mayores discusiones sobre el fondo de lo dicho por el secretario de Organización del PSOE, habrá que convenir en que a los españoles también les interesa saber cómo y en qué condiciones ETA estaría dispuesta a dejar las armas. Y cuál es el precio que el Estado estaría dispuesto a ofrecer por esa paz El Ejecutivo ya ha dado muestras suficientes de que no quiere al PP como coautor de una política de Estado para el País Vasco. No se cumple el Pacto Antiterrorista, no se aplica la Ley de Partidos Políticos y ni siquiera se constituye la comisión mixta comprometida por el presidente del Gobierno con Mariano Rajoy. El diálogo y el talante de Rodríguez Zapatero parecen virtudes reservadas para todos, menos para el PP. El proceder del Ejecutivo es una fuente de incógnitas. La primera es cómo piensa abrir procesos de paz y de normalización política- -con todos, sin exclusiones -sin contar con el PP y las víctimas, que ya están mostrando una indignación que empiezan a compartir millones de españoles. La segunda, no menos importante, es qué va a ofrecer al nacionalismo- -y, llegado el caso, a ETA- -para que quienes nada han hecho por la paz y la normalización en el País Vasco, sino atacarlas de forma permanente, cambien súbitamente de criterio. Porque, hasta el momento, el nacionalismo no ha hecho gesto alguno de variación de posiciones. El PNV y EA han ratificado su apoyo al plan Ibarretxe, mientras Otegi, ante el lendakari, reiteró la doctrina más ortodoxa de ETA: reconocimiento del derecho de autodeterminación y territorialidad (País Vasco, Navarra y territorios franceses) Los únicos que se han movido, más hacia la confusión que hacia la solución, son los socialistas vascos y el Gobierno, quienes, sin aprender de los errores ya notorios de la vía catalana, se han comprometido a un nuevo estatuto con referéndum en el plazo de dos años. El aparatoso discurso del presidente del Gobierno sobre el País Vasco está descentrando las prioridades políticas del Ejecutivo central en esta Comunidad. No basta con decirle a Ibarretxe que retire su plan, si la actitud de deslealtad del nacionalismo hacia España sigue siendo la misma. El problema sigue siendo ETA y su violencia; el incumplimiento de la legalidad; la desobediencia al Tribunal Supremo; la recuperación política de los terroristas y la configuración de un Parlamento vasco más radical que el surgido en 2001. Y, en definitiva, el precio que se está dispuesto a pagar por una paz que nadie sabe si se podrá conseguir. Porque, después de todo, ¿quién garantiza que ETA no se quede con el precio y no entregue la mercancía? EL AMIGO AMERICANO A reciente visita a Estados Unidos del ministro de Defensa, José Bono, ha servido para regenerar las relaciones diplomáticas con este país y su gestión debe ser calificada como positiva. Tal vez en algunos sectores del PSOE habría gustado que Washington pagase los sucesivos gestos discordantes del nuevo Gobierno español con la misma moneda, para justificar un antinorteamericanismo trasnochado del que no logran desprenderse, pero afortunadamente en esta disputa ha habido una parte más prudente que la otra y al final se puede decir que las cosas se van arreglando para bien de ambos. Llama la atención que el cambio haya sido obra del titular de Defensa, y no del de Asuntos Exteriores, situado en una posición incómoda, que no ha podido disimular ni siquiera en sus encuentros con la secretaria de Estado Condoleezza Rice. Está claro que no ha sido en este caso, Miguel Ángel Moratinos, quien ha hecho más fácil el camino de la normalización con su discutible gestión en las relaciones con Cuba y Venezuela. Y pasada ya la tormenta, no estaría de más que el Gobierno hiciese ahora el balance público de las consecuencias de su precipitada retirada de Irak. Ha tenido CLAREA N claro en medio de tanto nubarrón económico: el paro bajó en abril en 30.627 personas, lo que unido a la cifra histórica de contrataciones en ese mismo mes (más de un millón trescientas mil) conforman un escenario optimista cuyo peor enemigo es el triunfalismo. Como las afiliaciones a la Seguridad Social siguen creciendo a buen ritmo, impulsadas en buena parte por la mano de obra inmigrante, el ministro Jesús Caldera puede darse el gustazo de sacar pecho un minuto. Pero sólo un rato, que nada resulta más nocivo que la autocomplacencia en un mercado laboral que está pidiendo a gritos un puñado de reformas. L U que hacer continuos gestos para compensar una decisión que siempre supo que no tendría buenas consecuencias: ha debido ampliar su colaboración militar en Afganistán, en la OTAN ha aceptado que la organización participe en la formación del Ejército iraquí y ha ofrecido incluso hacerlo en España. Durante estos meses el Gobierno español ha sido el convidado de piedra de todos los foros que comparte con Estados Unidos y, en contraste, otros países como Polonia, Ucrania o Bulgaria han tomado idéntica decisión de retirar sus tropas de Irak, pero lo han hecho coordinadamente y sin traumas. Queda aún el delicado problema de las relaciones personales entre el presidente del Gobierno y el de los Estados Unidos, para el que no se ha encontrado remedio en un año ni probablemente se logrará en mucho tiempo. Rodríguez Zapatero sabe ahora que en política todos los gestos tienen su significado y que algunos de los que ha hecho antes y después de llegar a la Presidencia del Gobierno- -sobre todo aquella inelegancia absurda e infantil de no levantarse ante la bandera de EE. UU. en aquel desfile- -seguirán pesando mucho en su trayectoria.