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ABC JUEVES 5 5 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC REGRESO DE CHINA POR JEAN- PIERRE RAFFARIN PRIMER MINISTRO DE FRANCIA Europa y Francia deben adaptarse a esta nueva situación desarrollando con China una relación equilibrada, de potencia a potencia. Debemos aprovechar más las oportunidades que ofrecen los nuevos polos de crecimiento mundial E L renacimiento de China, del que Shangai es una muestra, fascina tanto como inquieta a Europa. Dotada de una mano de obra poco cualificada, abundante y motivada, pero también de directivos de alto nivel, China se está convirtiendo nuevamente en ese polo de conocimiento, de poder y de prosperidad que era antes de 1800. Un joven ingeniero francés estudiante en China me decía que su problema no era el chino sino las matemáticas. Esta anécdota ilustra el nivel que tiene el sistema de formación en China, que sería un error subestimar. Europa y Francia deben adaptarse a esta nueva situación desarrollando con China una relación equilibrada, de potencia a potencia. Debemos aprovechar más las oportunidades que ofrecen los nuevos polos de crecimiento mundial. Ese ha sido el objeto de mi viaje a China y del respaldo que mi Gobierno brinda a los esfuerzos de nuestras empresas, ya sean Pymes o gigantes nacionales. donde he viajado recientemente con motivo de mi visita. Este desequilibrio es flagrante en India, entre Bombay y Bangalore. La extrema pobreza cohabita hoy en día con el desarrollo a ultranza. La construcción europea y el voluntarismo nacional son nuestras respuestas a esta nueva situación. En este nuevo contexto, Europa y Francia deben confortar su estrategia de protección y de conquista. Construir una Europa fuerte es una condición previa. Cualquier retraso se pagará caro. Gracias al euro, estamos protegidos, en lo que respecta a dos tercios de nuestros intercambios, de las turbulencias monetarias y financieras. Gracias a la ampliación, Europa ha alcanzado la masa crítica que le faltaba. Pero esa protección no puede durar sin una Europa política. Y esta Europa política, tal como la construye el nuevo Tratado constitucional, hará que el Gobierno de Europa sea más eficaz, más legítimo y capaz de mantenerse firme en su puesto y de dialogar de igual a igual con las demás potencias. La Europa política nos protegerá, pero esa protección sólo está justificada a condición de que nos permita organizar una estrategia de reconquista industrial. Frente a la globalización, el repliegue sobre uno mismo y el proteccionismo desembocarían en una ineludible marginación. Y es de estrategia de reconquista de lo que quiero hablar ahora. Esta estrategia trasciende los debates embarrancantes y típicamente franceses entre una vía supuestamente social y una vía supuestamente liberal. Hace tiempo que nuestros vecinos europeos, ya sean escandinavos, holandeses o británicos, dejaron de hacerse este tipo de preguntas. Tras la era de las reformas destinadas a revalorizar el trabajo, a dopar la creación de empresas y a devolver a nuestra protección social bases más garantizadas, ha llegado la era de los proyectos. El año 2005 será un año clave, en el que empezaremos a recoger lo que hayamos sembrado. De acuerdo con las orientaciones fijadas por el pre- En los diferentes encuentros que he mantenido durante mi viaje, he constatado que China se interesa por Francia, por su modelo de Estado estratega que ha sabido volcarse en proyectos industriales a largo plazo como el TGV (Tren de Alta Velocidad) la energía nuclear, la aeronáutica, la investigación espacial y la farmacia. ¿Hay que ser chino para reconocer a los franceses una capacidad de creatividad y de visión a largo plazo? En cualquier caso, China se interesa por establecer una asociación equilibrada con Europa y Francia. Es esta voluntad de equilibrar nuestros intercambios lo que nos guía a la hora de gestionar el asunto textil. Los chinos nos recuerdan con picardía que si ellos exportan es porque nosotros importamos. Cuando les decimos que el crecimiento de sus exportaciones es demasiado brutal, se declaran responsables y anuncian nuevas tasas sobre sus exportaciones. Es evidente que, si bien estas medidas son demasiado lentas o insuficientes, las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se aplicarán hasta la necesaria salvaguarda de nuestra industria. Seremos firmes, pero en ningún momento dejaremos de respetar las reglas. Debemos ver la realidad tal como es: cuanto más creíble sea su diálogo con China, más fuerte será Europa. En una relación de fuerza, hay que ser fuerte: la debilidad nunca desemboca en buenos acuerdos. En 2005, la globalización adquiere una dimensión acelerada. En efecto, a la rápida emergencia de China e India se suman el choque petrolero y los considerables déficits presupuestario y exterior estadounidenses que debilitan el dólar. El crecimiento europeo está sometido a estos avatares, fuertes y simultáneos. La globalización también nos muestra su verdadero rostro: nuevos potenciales de crecimiento sostenible, pero también, por momentos (como es el caso actualmente) tensiones por el petróleo, las materias primas y los cambios que retrasan en Europa la reducción del desempleo. La globalización afecta a todos los continentes. La propia China está dividida entre regiones desarrolladas en la costa, zonas rurales en el interior y regiones industriales en el noreste, en fase de reconversión, sidente de la República, el Gobierno ha creado tres agencias cuya vocación es agrupar y estructurar nuestros esfuerzos de investigación y de innovación: la Agencia de Innovación Industrial, para los grandes programas; Oseo, para el desarrollo de las jóvenes empresas; y la Agencia Nacional de Investigación, para recibir proyectos temáticos de los laboratorios públicos y de las empresas. Una de las traducciones concretas de estrategia de proyectos reside en la constitución de polos de competitividad en los que se reúnan empresas, laboratorios y universidades. La construcción de sinergias locales es la mejor muralla contra las tentaciones de deslocalización. En esta movilización, no perderemos de vista la investigación fundamental previa a cualquier acción. Junto con Alemania, Francia desempeña actualmente un activo papel para que Europa equilibre su política de la competencia con una política industrial más voluntarista: la Europa económica debe caminar con sus dos piernas Francia trabaja por una Europa que respalda y pilota grandes programas, como Ariane y Airbus ayer, o ITER y Galileo mañana. Con estos programas podremos proyectar nuestras fuerzas en el mundo. Estos esfuerzos son necesarios para el empleo. La globalización requiere que se establezca una nueva estrategia industrial. Contrariamente a una opción muy extendida, también nos deja margen para desarrollar nuevos mercados domésticos. Estos nuevos mercados, especialmente los de servicios de proximidad, albergan un elevado potencial de empleos cualificados y poco deslocalizables. El Gobierno ha preparado un proyecto de ley en este sentido para eliminar, en el segundo semestre de 2005, las barreras que frenan la expansión de estos nuevos empleos. La globalización tampoco nos obliga en absoluto a revisar a la baja nuestras ambiciones sociales. Varios países europeos han demostrado que es posible conciliar apertura al mundo y elevada protección social, a condición de hacer que nuestro modelo económico sea menos rígido y nuestras políticas sociales más activas. El Gobierno está trabajando en ello. Prueba de ello son las iniciativas del contrato Francia 2005 -Valorización del trabajo y del tiempo escogido, porque no puede haber política social duradera sin aumento total de las horas trabajadas vía, en primer lugar, la reducción del desempleo, tal como prevén numerosos expertos, de aquí a finales de año. -Participación y accionariado de los empleados con el fin de que los beneficios obtenidos por las empresas de la globalización se reciclen en la economía nacional. -Construcción, con el plan de cohesión social que entra plenamente en vigor, de carreras personalizadas de formación y de relocalización, para acompañar a los trabajadores víctimas de reestructuración, en nuevos empleos. La Europa política, el voluntarismo industrial y la adaptación de nuestro modelo social constituyen los ejes de respuesta que el Gobierno aporta hoy en día a la globalización. Frente a Estados Unidos, China y, pronto, India, nuestra oportunidad reside en la fuerza de Europa para evitar la guerra de los empleos.