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6 Opinión MIÉRCOLES 4 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSÉ MARÍA LASALLE DIPUTADO DEL GRUPO POPULAR EN EL CONGRESO CON EL ATLÁNTICO DE POR MEDIO UENA parte de los prejuicios que limitan nuestra grandeza, personal y colectiva, arrancan de la ignorancia. De ahí la inquietud que me producen los Encuentros Europeos de la Cultura que, encabezados por el presidente Jacques Chirac y la asistencia de lo más políticamente correcto de cada casa, insisten en el estéril proyecto de, unidos en la diversidad hacer del Viejo Continente un conventillo de puertas cerradas y campanas al vuelo. Mucha excepción cultural y otras majaderías equivalentes para, desde el Estado y no desde la sociedad, evitar la propagación omnidireccional del talento, proteger industrias intelectuales de medio pelo y favorecer artisM. MARTÍN tas de media pluma que FERRAND esperan a que sus respectivas escaseces las alimenten y protejan la ubre europea y la vara de los Gobiernos que, con pocos matices, consagran la epidemia social que padece la Unión. Frente a ese ambiente de aborregada unanimidad proteccionista, en el que brilló por su ausencia la ministra española del ramo, la muy creativa Carmen Calvo, contrasta y sorprende el fervor pronorteamericano que se ha despertado en el cuerpo manchego de José Bono, ministro de Defensa. Una visita al cementerio de Arlington le ha bastado para descubrir, ya talludito, que los estadounidenses tienen el patriotismo como primera virtud cívica y entienden los símbolos de la Nación, empezando por la bandera de las barras y estrellas, como algo sagrado. Ahora, después de haberse encontrado con Donald Rumsfeld, que no es lo mejor de la familia política que encabeza George Bush, estará ya Bono en el séptimo de los cielos y, por ello, en condiciones de escenificar las diferencias litúrgicas, tan propias del PSOE, que van desde no levantarse al paso ceremonial de la bandera de los EE. UU. como José Luis Rodríguez Zapatero, a comerse con guarnición de maíz y salsa de arándanos, como si se tratara del pavo del día de Acción de Gracias, el águila del escudo USA. José María Aznar tuvo, aún con el exceso de la reunión de las Azores, el buen sentido de mejorar notablemente nuestras relaciones con Washington y, con ello, equilibrar en lo posible nuestras debilidades europeas. El antiamericanismo a que obliga el progresismo socialista, tan lleno de gestos y tan escaso de contenido, llevó a Zapatero a un distanciamiento excesivo y torpón, rupturista con el deseable estatus de entendimiento que se había conseguido. Ahora toca zurcir el roto y Bono, a quien nadie podría negarle el entusiasmo, trata de hacerlo con postes de telégrafo como agujas de coser. Se le puede aplaudir la intención, aunque presumiblemente servirá para poco mientras su jefe no entone la palinodia y su colega Miguel Ángel Moratinos no siga, aunque sea por correspondencia, unos cursillos sobre la moderna diplomacia. INCERTIDUMBRE FRANCESA Con la inquietante sombra del no francés sobre el ya próximo referéndum de la Constitución europea, el autor reflexiona sobre las causas de estas tribulaciones, sus cuitas internas y el futuro papel del país vecino en la política continental UROPA vive pendiente de Francia ante la hipótesis de que venza el no en el referéndum sobre el Tratado Constitucional que se celebrará el próximo 29 de mayo. Pero no nos engañemos, Francia tiene siempre la extraordinaria capacidad para que todos sintamos su centralidad territorial enel continente. La herencia carolingia impide que haya compartimentos estancos a su alrededor, de modo que el hexágono francés sigue forzando a sus vecinos a tener que soportar sus cambios de humor histórico cuando se producen. En los últimos años viene haciéndolo con cierta insistencia. En 2002 sorprendió a toda Europa con la noticia de que el fascista Le Pen iba a ser el oponente a Chirac en la segunda vuelta de las presidenciales. Afortunadamente la sorpresa quedó en susto y no fue a mayores. Al menos en apariencia, ya que Chirac ganó por una mayoría plebiscitaria que lo entronizó como salvador de la patria republicana. Sin embargo, poco duró la tranquilidad. Unos meses después, las legislativas parecieron confirmar el resultado de las presidenciales y las propuestas de reforma económica y social que trató de poner en marcha Raffarin se vieron frustradas por la reacción de una Francia profunda, recelosa de los cambios y del bienestar ganado a fuerza de haber eternizado desde los años 60 la subvención y el intervencionismo de la mano de los gobiernos gaullistas y socialistas. La Francia esclerótica y nacionalista enseñó los dientes y la Francia liberal y cosmopolita perdió el pulso que las pancartas forzaron en la calle; de modo que Raffarin no tuvo B E más remedio que desoír, incluso, los consejos que las autoridades europeas le planteaban debido a la desidia con la que el Gobierno francés ha venido atendiendo sus obligaciones de convergencia comunitaria desde que el Pacto de Estabilidad fue puesto en vigor. Es cierto que la crisis internacional generadapor la intervención norteamericana en Irak devolvió la paz social a la crispada sociedad francesa. Recuperó, además, el debilitado eje franco- alemán y, así, mediante la estrategia de echar balones fuera, Francia volvió a serenar sus frentes interiores, aunque a riesgo de aplazarlos peligrosamente, tal y como ponen de manifiesto sus indicadores socioeconómicos con machacona insistencia. Hoy, Francia tiene ante sí el reto de asumir la imagen que proyecta su inconfesada realidad. Debería atender la exigencia stendhaliana y estar a la altura de su narratividad política. Tendría que hacer cuentas consigo misma y su memoria y tratar de comprender por qué ahora emerge una mayoría defranceses que dice no a una Constitución que materializa el sueño de devolver a su país el liderazgo perdido sobre el continente tras Waterloo, tal y como aventuraba De Gaulle cuando adelantaba que su apuesta en los cincuenta por la unidad europea respondió a ese único fin. Alguien debería empezar a preguntarse si la agitación que supuso el fenómeno Le Pen en el mar de la tranquilidad que irradia la superficie de la política francesa no fue una simple casualidad. Como siempre el lado más amable que porta consigo nuestro vecino del norte se impone sobre los pliegues más ocul- -Es mejor hacerlo de forma escalonada: primero pon verde al presidente del Gobierno, después a la vicepresidenta, luego a la ministra de Fomento, más tarde a...