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56 MARTES 3 5 2005 ABC FIRMAS EN ABC MARÍA CASCALES ANGOSTO DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA UNA DEUDA IMPAGABLE A Ángel Santos Ruiz le corresponde la primicia de haber introducido la Química Biológica entre sus enseñanzas en la Facultad de Farmacia y la de haber colaborado en la expansión de la Bioquímica en España M I relación con Ángel Santos Ruiz se inició en el año 1958 cuando me incorporé al Departamento de Bioquímica en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid para hacer la tesis doctoral. En aquellos tiempos era una suerte que una persona de la categoría de don Ángel te admitiese en su laboratorio y yo así lo consideré y me sentí una privilegiada. He sido enormemente afortunada, no sólo por haber sido discípula de don Ángel, sino también porque entre todos sus discípulos he tenido la inmensa suerte de haber sido la que más unida ha estado a él. Desde que di los primeros pasos en la Bioquímica, mi vida profesional ha transcurrido siempre a su lado. De ese trato continuado durante años de intensa colaboración y amistad, nació un profundísimo y mutuo afecto, especialmente porque una de las cualidades de don Ángel era la de saber hacerse querer. Cuando en febrero de 1936, a sus 24 años, Ángel Santos Ruiz consigue una plaza de profesor Auxiliar de Química Biológica en la Facultad de Farmacia de Madrid, el catedrático entonces, el doctor Giral Pereira dejó la cátedra en sus manos, por tener que atender a sus obligaciones como ministro del Gabinete de Azaña. Desde esa fecha, y con el paréntesis de la guerra civil, el joven Ángel recogió el escaso equipaje de nuestra ciencia de aquellos tiempos, y con tenacidad y entusiasmo transmitió su convicción de que la enseñanza de la Bioquímica en la Universidad tenía que tener su base en los descubrimientos científicos más recientes. Su principal deseo no era sólo ser profesor universitario, sino dirigir tesis doctorales para estimular en sus doctorandos la vocación científica. Encauzó la salida de sus colaboradores al extranjero, para que ampliasen su formación con los especialistas más cualificados internacionalmente. Don Ángel luchó para hacer de su cátedra un Centro de Investigación dentro de la Universidad, creando un Departamento Coordinado con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que dio lugar al actual Instituto de Bioquímica, que ha funcionado como tal desde 1983. A Ángel Santos Ruiz le corresponde la primicia de haber introducido la Química Biológica entre sus enseñanzas en la Facultad de Farmacia y la de haber colaborado en la expan- LOLA SANTIAGO ESCRITORA COMO VIENTO RACHEADO A tarde rayada por el viento racheado inunda aceras y corazones desnudos, hoy, sábado cuando todo el mundo se desplaza a su lugar de destino para pasar la tarde. Yo, voy a un concierto. Y conmigo mucha gente más, tal vez hasta se desplace allí mi sueño. El sueño de una noche de primavera o de mil noches de invierno, alguien con cara, un pasado y un futuro por estrenar como yo. Acontecen cosas así un sábado, un día de concierto. Y el alma se ilumina de forma esplendorosa. Si no esperara a nadie estaría bien. Pero espero. Es más sé que llegará. Y llega. Cuando la orquesta está afinando sus múltiples instrumentos, cuando ya se han apagado las luces y las puertas están a punto de cerrarse, aparece, figura delgada, avasalladora, solitaria, avanzando deprisa por mi costado y sentándose a corta distancia. Su cuello casi en mi boca, su melena muy corta respirando el aire lejano de mi mano al aplau- L dir, su muñeca blanca y redonda contra sus pómulos de fría plata al escuchar la obra. Qué sacudimiento en el corazón, cómo si se fuera a quebrar, al mirar su frente tan amada, sus ojos ocultos tras unas gafas. Y estamos ya en el Concierto para piano y orquesta de E. Grieg. Hay una niña como de unos 20 años que nos lo ofrece, tocado de forma no sólo fresca sino estremecida y cómplice, de sonido espléndido. Y la orquesta le arropa, dialoga, le contesta, y parece que su voz se apaga, pero vuelve a agitarse, a tomar forma, voz, volumen, cuerpo en definitiva, y así va a llegando a su final. Suenan los aplausos para este concierto en La menor y recuerdo esa pieza exquisita, la primera, la Obertura de Los Maestros Cantores de Nüremberg de R. Wagner, tocada con maestría y vigor. Y así llega el intermedio. Los asientos se vacían. Y le ves ahí. En la cercanía de una proximidad que gusta. Y asusta. A veces cuando más necesitamos la seguridad de un ayer, más parece este difuminarse en lo que son sus espejismos, y aunque lo tienes todo estudiado, aparece la inseguridad, la terrible orfandad de la falta de ímpetu y le miras hacer como que lee, y sabes que todo va a pasar rápido, o muy lento, ya no importa y que, de nuevo, no va a haber palabras de aproximación. De futuro. Y la orquesta ataca, de repente, esa maravilla tan corta y bien interpretada de la Serenata de Don Quijote de J. Massenet para seguir, con la orquesta al completo, la fuerza del Poema sinfónico, Finlandia, de J. Sibelius y acabar con la plenitud de coro, orquesta, órgano, y cuatro voces del Te Deum de A. Bruckner. A pesar de tu cobardía no puedes dejar de mirarle, y cuando llegan los ramos de flores, los aplausos y aún no se han encendido las luces, ves pasar una figura delgadísima, de manera veloz, y sabes que el sueño de una tarde de primavera, acaba de terminar, quedándose contigo sus formas amplias que ya no recordabas sino vagamente. Al menos le retendrás en tu pupila ¿Por cuánto tiempo? Sales a la calle, hace fresco y como viento racheado emerge la soledad, arañándote de forma lúcida los rincones más fríos del alma. sión de la Bioquímica en España. Son muchas las personas que han reconocido públicamente que a él se debe la creación de la primera Cátedra de Bioquímica en la Universidad Española. Cito aquí palabras de Federico Mayor Zaragoza dichas en el año 1976, Todos los Departamentos de Bioquímica que hoy proliferan en las Facultades de Farmacia, Químicas, Biología, Medicina y Veterinaria, tienen su raíz directa o indirectamente, en la intuición y en el esfuerzo de este hombre inteligente, tenaz, discreto y bueno que introdujo la enseñanza de la Bioquímica en la Licenciatura de Farmacia en el año 1941 Y refiriéndome a esto último, hago también mías las palabras de José Antonio Cabezas con motivo de la celebración de las cien Tesis Doctorales: muchos bioquímicos creemos sinceramente que a este hecho puede atribuirse el esplendor de la actual Bioquímica Española y las también pronunciadas por nuestro querido y siempre recordado Ángel Vián Ortuño, entonces rector de la Complutense: ante tan evidente y preclaro ejemplo de fecundidad académica y científica, la Universidad Española tiene con Ángel Santos Ruiz una deuda impagable También nuestro Premio Nobel Severo Ochoa se refirió al mérito de don Ángel cuando subrayó: el papel importante jugado por el profesor Santos Ruiz en el mantenimiento y engrandecimiento de la llama de la Bioquímica Española Cuando don Ángel fue investido doctor honoris causa por la Sorbona, el profesor Juan Emilio Courtois subrayó: bajo el dinámico impulso de Angel Santos Ruiz, la Facultad de Farmacia se trasladó a nuevos locales, permitiéndole desarrollar una enseñanza completa y paralelamente se adquirieron equipos modernos de investigación que generaron trabajos de prestigio científico en progresiva expansión Por estas y otras muchas cualidades y virtudes que adornaban a don Ángel, cuantos le han conocido le han admirado y le han querido. Los que hemos trabajado a su lado recordamos con inmensa gratitud todo lo que de él hemos recibido. Según unánime opinión, su mayor y más importante legado ha sido su vida ejemplar. En su faceta personal Ángel Santos Ruiz fue un hombre de suerte. Gran parte de las cualidades que le adornaban pudieron desarrollarse gracias a su gran familia. Su esposa, María del Carmen Díaz Agero, ha sido en la vida de don Ángel su principal logro. Generosa, comprensiva, hogareña y siempre dispuesta a prestar ayuda, supo crear un ambiente de dichoso bienestar, rodeados por sus cuatro hijos, Carmen, Eduardo, Rosario y Miguel Ángel, sus nietos y sus biznietos. Don Ángel nos ha dejado y sus discípulos y amigos nos encontramos desolados por su ausencia, al haber perdido a un amigo entrañable y a un maestro ejemplar.