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34 Madrid DÍA DE LA COMUNIDAD FIESTA EN LA PUERTA DEL SOL MARTES 3 5 2005 ABC La Guardia Civil pasa frente a la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad La Comunidad de Madrid celebró ayer su fiesta, el Dos de Mayo. Y en los distendidos corrillos, entre canapé y canapé, cóctel para arriba, cóctel para abajo, todo el mundo deshojaba la margarita del cariño de Rodríguez Zapatero. Aún queda Liga, señor presidente Nos quiere, no nos quiere... TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE FOTOS: CHEMA BARROSO Y ERNESTO AGUDO MADRID. La eternidad comenzó un lunes de 1808 para los héroes del Dos de Mayo. A los madrileños no les caía nada, pero que nada bien, el emperifollado mariscal Murat ni aquel Imperio que nunca dejaba de contraatacar. Y ahora, doscientos años después, se dice (qué cosas tienen las lenguas triperinas de la política, quién puede creerlo, si ayer hasta hubo un representante del Gobierno en la Presidencia de la Comunidad) que al presidente ZP los que no le molamos somos los madrileños, ya saben el tópico de las distintas periferias, que somos unos chulos, más chulos que algún que otro ocho. Y es que entre la tranquilidad y la serenidad que ayer se disfrutaba en El Bierzo y lo que era la Puerta del Sol al filo del mediodía no hay color, ni siquiera el intenso azul que lucía la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega en la antigua Real Casa de Correos, en la antigua (remota ya, a Dios gracias) DGS. ta nuestro presente aquellos héroes de navaja en faltriquera, aquellas manuelas, aquellos artilleros, cuando volvían, por unos segundos, aquellos que se nos fueron en los trenes. El resto de la plaza era Madrid en estado puro, cuando se parece a Nápoles y no a Bruselas: turistas que insisten en lo del calcetín blanco, turistas que se aprietan la cartera, amigos de lo ajeno, alguna meretriz de retirada, muchos que creían que cuando abría El Corte Inglés era ayer y no hoy, paisanaje de los cinco continentes, trafulleros varios, caballos de la Policía haciendo sus necesidades (todas y cada una) en la calle de Sevilla, a tres metros de donde los guiris se iban tostando mientras se desayunaban con unos huevos revueltos. Todos los Madriles en uno: el de los políticos y las autoridades (demasia- dos hombres grises, vestidos de gris, queremos decir; señoras que avanzan hacia la recepción con su joyerío y su chanel junto a una princesa con menos esperanza que la de Sabina) El Madrid soez y esquinero. El Madrid que celebra todo lo que le echen. El eterno Madrid de las protestas Lamela, dimisión Mano sobre mano A la entrada, Esperanza Aguirre saluda a todos, absolutamente todos (unos dos mil) los invitados. A algunos con más efusión (no faltan los besos) a otros como se saludan los futbolistas antes de una final de la Champions. Lleva más de cuatro horas en danza, pero el impactante traje fucsia debe darle fuerza, como la capa a Supermán. Ya dentro, canapés de firma (con algún asomo de deconstrucción) y coctelería a discreción. Pase lo que pase con el consejero Lamela (no se le vio el pelo, más vale prevenir que curar) los invitados mostraron buena salud, y un apetito importante, generoso, sin remilgos. Hubo actores (Manuel Galiana, Paco Valladares, Victoria Vera, Nati Mistral, Concha Cuetos, Concha Velasco, Josema Yuste, Raúl Sénder) gente que tiene tela como Jesús del Pozo, apariciones (Paquita Rico) aunque se echó en falta la presencia de los auténticos héroes populares de hoy en día, los jovenzuelos en calzoncillos que todos los domingos corren detrás Celebraciones a la brava Porque cómo estaba al mediodía de ayer, Dos de Mayo, el rompeolas, la dársena, la bahía, el estuario, el cogollo y el meollo de todas las Españas. Kilómetro 0, picante como la salsa de unas bravas. Tres mil paisanos viendo las evoluciones de las autoridades, escuchando el Himno Nacional, el de la Comunidad, aplaudiendo a las tropas que participaron en la humilde pero sentida parada militar, guardando silencio cuando volvían viajando en el recuerdo has- Todos los Madriles en uno: el de los políticos y las autoridades; el soez y esquinero; el eterno de las protestas... Tres mil paisanos, en la Puerta del Sol, aplaudieron a la humilde pero sentida parada militar de una pelota, o como más culta y limpiamente diría Sánchez Ferlosio, esos veintidós muchachos que se autoinmolan todos los domingos en el ara sacrificial del balompié Por supuesto, los populares madrileños prácticamente en pleno, respaldados por la presencia de Rajoy, con una corbata naranja, pero naranja mecánica, o naranja de la China, por lo menos. Al Alcalde Gallardón se le vio poco (la sonrisa de Ignacio González, el vicepresidente regional, era ayer más que alargada) y no faltó ni Acebes (Octa-