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ABC MARTES 3 5 2005 Opinión 7 política británica, en la que los primeros ministros son ante todo jefes de partido. Su principal socio y rival, Gordon Brown, ha sido apaciguado una vez más con la promesa de la sucesión- -Blair ha anunciado que es la última vez que se presenta- -y los ministros críticos, como Cook, al final han colaborado en la campaña laborista. LA ESPUMA DE LOS DÍAS SEDUCIDOS POR GUERRA AN pasado una temporada de despiste y notable desorientación, pero el centro- derecha español parecehaber encontrado al fin su referente intelectual: un hombre de Estado, situado por encima de las banderías partidarias y guardián de las esencias de la Constitución del 78, heredero de la Transición y el defensor de la lealtad institucional, una vieja gloria que nos habla con sabiduría y a cuyo testimonio de autoridad se remiten los distintos dirigentes del PP, incluido su portavoz parlamentario. El personaje ha ejercido siempre una extraña y sorprendente fascinación entre la parroquia política y mediática, un magnetismo aún vigente, a la vista de lo que nos ha traído su ruCARMEN gido de viejo león desdenMARTÍNEZ tado. Obviamente, hablaCASTRO mos de Alfonso Guerra. El otrora poderoso y temible número dos del PSOE no ha dicho nada que no dicte el sentido común más elemental, ni siquierase ha despachado con una de sus celebradas y vitriólicas metáforas- ¡qué atinadadamente lucirían hoy ciertos personajes aquel tahúr del Mississippi que le endosó en su día a Suárez! No ha hecho nada de eso y sin embargo políticos y periodistas le hemos sacado en procesión como si de un santo milagroso se tratara. Enarbolamos su efigie para espantar nuestros fundados temores y pronunciamos su nombre como un conjuro sin querer admitir que la autoridad política, moral e incluso histórica que estamos dispuestos a concederle es inversamente proporcional a la que le reconocen sus compañeros de partido. El fenómeno, como ven, deriva más hacia el diván del psicoanalista que hacia el mero análisis político, aunque confirma lo desesperado de nuestra situación; tener al sepulturero de Montesquieu como gran referente del constitucionalismo español demuestra que éste se encuentra en estado comatoso y evidentemente amnésico. No se trata de sacar a colación la lista de tropelías perpetradas por Guerra durante sus años de esplendor, para ajustes de cuentas llegan los de este gobierno arcangélico y radical; tampoco se trata de sectarismo, bienvenidos sean Guerra y quienes estén dispuestos con él a defender la legalidad constitucional; la ofensiva es de tal magnitud que se agradecen todos los apoyos y todos los argumentos, aunque sean tan obvios como los formulados por el ex vicesecretario general del PSOE. Lo realmente paradójico de este episodio, lo que pidea gritos psicoanálisis urgente, es el entusiasmo con el que los chicos del PP están jaleando las declaraciones de Guerra. Después de ocho años de gobierno razonablemente satisfactorio, con una economía saneada, un formidable proceso de creación de empleo y una impecable ejecutoria antiterrorista, tenemos a la derecha española entregada a Alfonso Guerra como su gran referente intelectual y eso revela un problema: de referentes, de intelecto, o de ambos a la vez. No quiero ni imaginar lo que el propio Guerra debe de decir de ellos en la intimidad... ÁNGEL CÓRDOBA creación de riqueza, la estabilidad, la prosperidad y las empresas. El laborismo en el poder se beneficia además de una ley electoral muy favorable a la repetición de su mayoría, en virtud de la cual obtendría 60 escaños más si hubiera un empate en votos con los conservadores. También confía en el apoyo de parte de la prensa popular, un factor decisivo en la política británica. De hecho, los principales oponentes de Tony Blair en esta legislatura han estado en su misma formación, como suele ser tradicional en la Es difícil saber si Tony Blair es un socialdemócrata light, un Clinton europeo o, como ha dicho Charles Powell, el primer demócrata- cristiano que llega al número 10 de Downing Street. En todo caso, su previsible reelección será una buena noticia para la UE, no sólo a la vista del proyecto de los conservadores británicos de no participar en las siguientes etapas de la integración, incluida la Constitución europea e incluso retirarse de la política social. Tony Blair defiende la total compatibilidad entre la integración política europea y el estrechamiento del vínculo Unión Europea- Estados Unidos, apoyado en la existencia de una civilización occidental común a ambas orillas del Atlántico y en la relación privilegiada con sus primos de Washington. Desde su elección en 1997 ha decidido liderar las iniciativas de defensa europea, que sólo tienen credibilidad con la participación del Reino Unido, y durante la crisis de Irak fue capaz de aglutinar a dieciséis de los actuales veinticinco Estados miembros para formular otra visión europea que no sea hacer lo contrario de lo que propone Washington. Tiene además un proyecto de reformas económicas para la Unión, en buena sintonía con el presidente de la Comisión, Durao Barroso, que contrasta con el conservadurismo del eje francoalemán, hoy reducido a un pacto de socorros mutuos ante los efectos negativos de la ampliación. Si los franceses se dejan llevar por sus miedos a la nueva Unión ampliada y en ampliación, y finalmente votan no a la Constitución europea, la presidencia británica de la UE que empieza en julio de 2005 puede ser una ocasión magnífica para que Blair fortalezca su liderazgo europeo y además no someta esta Constitución a un referéndum en el Reino Unido que seguramente perdería. Sus flancos débiles en Europa seguirán siendo la no participación por ahora en el euro y la resistencia británica a una financiación adecuada de las políticas de cohesión, dos anhelos de sus aliados del Este. En el fondo son también dos obstáculos para que Blair pueda en su día encontrar su siguiente trabajo en Bruselas, a pesar de su probada capacidad de reinventar su propio personaje. H PALABRAS CRUZADAS ¿Quién se juega más en las elecciones gallegas: Rajoy o Zapatero? TAMBIÉN ZP SE LA JUEGA QUÍ anda todo el mundo deseando poner nota a Rajoy en Galicia, empezando por el firmante de mi diestra, al que ya gustaría estar en la siniestra. Pero si bien es cierto que Rajoy saldría regular parado si Fraga no lograra seguir de presidente, Zapatero no puede irse de rositas de esta contienda electoral, porque a pesar de ser castellano no tan viejo, algo tendrá que ver con él lo que ocurra el 19 de junio. El resultado de las europeas fue impropio de quien había noqueado a su adversario apenas dos meses antes, en las vascas no consiguió lo que pretendía ni de lejos, y ahora anda Blanco presumiendo de que Pérez Touriño va a gobernar a los PILAR gallegos. Si no es así, Zapatero tendrá CERNUDA que rendir cuentas ante los suyos. Si los socialistas no se hacen con la Xunta, la imagen de Zapatero quedará más que dañada, porque no sólo se vota a Pérez Touriño, sino que se pondrá nota a una forma de gobernar en Moncloa: con la famosa Maleni dejando de lado el Plan Galicia de mierda con el visto bueno a las maragalladas, con la política antiterrorista dañada por el diálogo no confeso con Batasuna, con la luz verde al infame PCTV o con la vivienda manga por hombro. El 19- J se votará el proyecto de Pérez Touriño, pero sobre todo el de su valedor Zapatero. A DÍA DE HOY, RAJOY IENTO gran respeto, político y personal, por Mariano Rajoy. Tiene cualidades que Zapatero no, y viceversa. Entre los dos harían un estadista diez Una de las cosas que le pierden, a Rajoy digo, son los cocodrilos que pueblan su estanque. Viejos saurios, llenos de medallas, que insisten en seguir siendo los reyes de las aguas. Conste que no lo digo sólo por Galicia; allí las cosas están como están, y el gran Fraga es como es, con sus glorias y sus no tanto. Rajoy se la juega en cada esquina: en el Madrid de los floretes entre Gallardón y Esperanza, en la Valencia de Camps y Zaplana, en las campas vasFERNANDO cas. Ha heredado la tragedia de don MaJÁUREGUI nuel, cuando AP, que apostaba la vida en cada elección municipal. A Mariano, tan coñón, tan registrador de la propiedad, le exigen éxitos urgentes; son los suyos quienes le ponen puñales al cuello. Zapatero, no, aunque mi cara vecina de columna piense lo contrario (nos vamos forjando en el disenso) ZP está distante y distinto, administra su efecto y su sonrisa de Giocondo por grageas. Si al enfermo le sienta bien, pues bien. Y, si no, lástima, y a seguir mandando desde La Moncloa. Pero ZP echa un par en cada envite, sin necesitarlo; Rajoy, no, y lo necesita. La suerte está echada. A S ¿Y usted qué opina? 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