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ABC MARTES 3 5 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS LOS ATASCOS L MARAGALL, MONTILLA Y GRETA GARBO N la hora vital de toda experiencia política José Montilla y Pasqual Maragall se miran al espejo, suspiran como Greta Garbo: preferirían estar solos. A Montilla le harta tener que suavizar las expresiones de Maragall y a Maragall le sobra esa tutela permanente. Maragall lleva demasiados años con franquicia para decir lo que le venga en gana; Montilla ha tenido que callar demasiado ante las exhibiciones postmodernas de los muchachos ilustrados de Sant Gervasi. Mientras él sabía lo que es el poder, la alegre pandilla de Maragall lo iba dilapidando casi todo. Montilla ha contado los votos uno a uno y Maragall nunca ha sumado los necesarios para lo que el PSC- PSOE era y tenía que hacer en Cataluña y en España. Al final, Montilla urdió el pacto con Esquerra Republicana pero no para que Maragall llevase las cosas más allá, olvidándose de forma transitoria o permanente de sus fervores de VALENTÍ regeneracionista hispánico. Ahora PUIG está en el soberanismo fiscal y Montilla, con poder en Madrid, tiene una vez más que echarle una mano, como esos hermanos mayores que van a comisaría y pagan la fianza del chiquilín por un estropicio. Saber hasta cuándo resistirá José Montilla es una de las incógnitas sentimentales de la política catalana. A Montilla le acusarán de grisáceo, de poco expresivo, de patológicamente cauto, pero hay que ver cómo todo eso se convierte en méritos frente a un Pasqual Maragall de demasiado colorido, excesivo en su espontaneidad inventiva, incontinente en sus fórmulas de agitación política. Hoy le da al volquete y echa en medio del Parlamento autonómico el cemento armado del tres por ciento; mañana agita una pancarta de la Liga norte y supera los anhelos de Esquerra. Ayer complicaba aún más la situación del socialismo E vasco; hoy rompe las relaciones con CiU. Montilla le va detrás, con la pala y la escoba, recogiendo destrozos. Quiero estar solo suspira sumándose al eco de lo que dice Maragall mirando por el retrovisor de la política, quién sabe si pensando en el portazo, en retirarse como Greta Garbo, como cuando se fue del Ayuntamiento de Barcelona sin dar una explicación a sus electores. Quieren estar solos pero no se atreven, son muchos los deberes, los compromisos, las flaquezas. Pero, ¿de verdad se necesitan tanto como parece? El injerto PSC- PSOE fue provechoso para estar en la oposición con poderes de peso en ayuntamientos y diputaciones pero, al estar en La Moncloa el PSOE y llegar, vía tripartito, el PSC- PSOE a la Generalitat, las jaquecas provocadas por Maragall han llegado a la dimensión del big bang La pasión regeneracionista de Maragall se dispuso a arreglar España metiéndose en el problema vasco al tiempo que parecía ignorar la dimensión real de los problemas catalanes. Mientras tanto, Montilla hacía sus cálculos de estabilidad en el puente aéreo, agotando la carga de su teléfono móvil como apagafuegos, hasta aterrizar en el Ministerio de Industria con el propósito de ser- -entre otras cosas- -el hombre- puente con el empresariado catalán que siempre es de flexibilidad tan asequible y discreta. En general, es perceptible una depreciación de la etiqueta maragallista: no gobierna, preside imprevisiblemente, agita mucho las alas pero no emprende el vuelo. Existe la tesis de que un Maragall, con el nuevo Estatuto catalán- -si lo hubiera- -debajo del brazo, convoca elecciones y las gana con mayoría más holgada; por otro lado, están las distancias que Maragall va marcándole a la realidad, como la divina Greta, ya cansada de hombres y de experiencias. A lo mejor el candidato debiera ser José Montilla, a por todas como la Garbo en Gran hotel vpuig abc. es O que aquí pasa es que hemos comprado muchos coches y hemos hecho pocas autopistas. El milagro económico de Italia se debió en gran parte a las autopistas, que los italianos las hicieron magníficas y casi apenas terminada la guerra, y también a los ferrocarriles rápidos. Los símbolos del resurgir económico de Italia fueron la Autopista del Sole y el Settebello En cambio, el avance económico de Españase basó en el Seiscientos que rodaba por caminos rurales, trazados tras los pasos de la burra, y por las carreteras que hizo Primo de Rivera. De este contradiós, de este desequilibrio entre los muchos coches y los malos caminos, tienen la culpa culpita todos nuestros políJAIME ticos, los de izquierda, los CAMPMANY de derecha y los de centro, porque todos han hecho en el transporte menos de lo que se necesitaba, y han pasado por los gobiernossin abrirlos ojos a las necesidades del transporte futuro. Pero además es que nuestra izquierda, tan torpe por un costado y tan envidiosa por el otro, además de no construir autopistas, ni gratuitas ni de pago, se dedicó a hacer autovías, que es un proyecto más proletario y menos capitalista. Todavía quedan muchas. Pensó la izquierda que eso de las autopistas es lujo de gente rica. Cuando la izquierda se mete a pensar hay que ponerse en lo peor. Pues, nada, a hacer autovías, y que se joroben los ricos. Las consecuencias de aquella miopía las pagan ahora mucho más los proletarios que los capitalistas, porque los propietarios son más, y encima, los ricos, si no hay autopista, viajan en avión. A nuestros izquierdistas les sale muchas veces el tiro por la culata. Por la culata de los obreros y la clase media, que en muchos casos ya va siendo lo mismo. Las autovías las hicieron los socialistas, tan austeros ellos, y al revés te lo digo para que me entiendas, aprovechando las carreteras antiguas y ahorrar así dinero, no sé si del Estado, de los contratistas de las obras o de los intermediarios, que siempre hay alguno. Aprovecharon el trazado viejo como medio ancho de autovía, de tal modo que, en la mitad de las curvas, el peralte estaba al revés, y si los coches no se pegaban la leche o no se salían de la carretera, sería porque San Cristóbal les echaba una mano. Cuando el peralte debía ayudar a mantener el vehículoen la cinta de asfalto, empujaba enrealidad hacia todo lo contrario: te ayudaba a que te salieras, y viceversa, te metía hacia el centro cuando se trataba de mantenerte en el borde de la carretera. El viaje en esas condiciones era una novela de aventuras. Ahora, cada vez que el calendario de las fiestas nos obsequia con un puente se producen indefectiblemente los grandes atascos. Las retenciones cubren kilómetros y kilómetros de carretera, con el consiguiente peligro de colisiones y el robo de tiempo de vacación a los que buscan diversión o descanso. La red viaria es insuficiente. Si además de esa deficiencia que viene de lejos, caemos en manos de una ministra como Magdalena Álvarez, lo que tenemos que hacer es quedarnos en casa. Eso es lo que yo hago y me va divinamente. Que se atasquen los otros.