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4 Opinión MARTES 3 5 2005 ABC TOQUE DE CORNETA E ha deshecho en elogios el ministro de Defensa hacia el patriotismo de Estados Unidos y el respeto que aquella nación profesa a sus símbolos. José Bono, de visita oficial en Washington, expresa su admiración por un país que provoca en los socialistas españoles sentimientos cruzados y contradictorios. En su afán por tender puentes y restañar heridas- -tarea que no se resuelve en siete días- José Bono marca distancias con quienes, en su propio partido, abanderan la causa de un antiamericanismo trasnochado en el que George Bush y el pueblo estadounidense se funden en un mismo plano carente de matices. Trazos gordos de un paisaje rudimentario pintado por los mismos que, casualmente, juegan a hacer política con las banderas, las marchas militares y los himnos. S PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil MODELO TERRITORIAL, TENSIÓN SOCIAL S probable que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tenga que cambiar el triunfalismo con el que celebró el primer aniversario de su llegada al poder por un discurso más elaborado y solvente, porque el Debate sobre el Estado de la Nación que se le avecina le va a poner sobre la mesa una realidad nada triunfalista. En concreto, la cuestión territorial, las reformas estatutarias, el modelo de Estado o como quiera llamarse la iniciativa con la que Rodríguez Zapatero pretende resolver las tensiones territoriales, ocupará un lugar principal. Entre otras razones porque esa serie de estrategias de diseño que ha trazado el presidente del Gobierno con el socialismo catalán y Carod- Rovira (y que ahora parece querer aplicarle al País Vasco, con el PNV y la izquierda abertzale) amenaza con convertirse en una profunda y grave crisis de convivencia política. En toda una crisis nacional. Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa con la voluntad de apaciguar las tensiones territoriales que habían provocado, a su juicio, los Gobiernos de Aznar. Aunque durante los dos mandatos del PP se aprobaron importantes reformas estatutarias y se renovó el Concierto vasco con carácter indefinido, entre otros acuerdos, la figura de Aznar ha servido de coartada eficaz para alimentar sin oposición una política territorial con formaciones extremistas y radicales, cuyo resultado ya está en boca de algunos dirigentes socialistas, y no para alabarlo, precisamente. Lo cierto es que Rodríguez Zapatero llegará al Debate sobre el Estado de la Nación con la cuestión territorial más crispada que antes de su victoria electoral: los nacionalismos no sólo no han desistido de su rupturismo, sino que apuran sus propuestas más inconstitucionales; el socialismo catalán no sólo no reconduce las aspiraciones segregacionistas de sus socios, sino que las ampara (como la soberanía fiscal de Cataluña) y las demás Comunidades Autónomas no sólo no se sienten integradas en el proyecto que les ofrece el Gobierno socialista, sino que, por primera vez desde 1978, aflora en ellas un sentimiento de agravio que se radicaliza por momentos. A esta situación no se ha llegado por azar, sino por la conjunción de las ambiciones del nacionalismo y del socialis- E Pere Navarro, director de la DGT CH. BARROSO ARRIERITOS SOMOS... RAS el caos circulatorio del pasado viernes, el dispositivo que hoy pondrá en marcha la Dirección General de Tráfico para evitar un nuevo colapso en las carreteras españolas revela dos cosas: que la prevención es el método más eficaz frente al fatalismo y que el problema del tráfico se ha convertido en un bumerán para el Gobierno. Aquellas críticas feroces al Ejecutivo de Aznar, diana de las invectivas socialistas, se le vuelven hoy en contra cuando, como entonces, los madrileños deciden salir a la misma hora y por las mismas carreteras. A Francisco Álvarez Cascos, a la sazón ministro de Fomento, se le ocurrió decir un día que el incremento de la vivienda tenía que ver mucho con el desarrollo económico. Lo crujieron. Arrieritos somos. T mo federalista, por un lado, y de las necesidades políticas del PSOE, por otro. Si Rodríguez Zapatero no hubiera vinculado su acceso al poder con la satisfacción de las demandas nacionalistas, sin duda el debate sobre el modelo territorial tendría otro cariz, aunque es probable que no tuviera tan asegurado el poder. Ahora, aquel compromiso del jefe del Ejecutivo de apoyar el nuevo Estatuto catalán tal y como fuera aprobado por el Parlamento de Cataluña pesa como una losa. Por eso, culpar en exclusiva a Maragall y a sus socios de la crispación territorial que están produciendo los avances en la reforma del Estatuto catalán es un juicio incompleto, en la medida en que deja fuera la responsabilidad inductora del Gobierno socialista a tratar este asunto como un pacto entre Cataluña y España. Se está recogiendo lo que se ha sembrado: se ha fomentado una demanda social en Cataluña que no existía, pues la reclamación de una reforma estatutaria es un hecho sobrevenido a conveniencia de parte del tripartito con el aval del Ejecutivo de Zapatero, que ahora, sin un proyecto concreto, no puede trasladar su responsabilidad ni apelar al consenso de la próxima conferencia de presidentes autonómicos como solución a las crecientes tensiones territoriales. Si hay algo que el ciudadano español no tolera es el agravio injusto; y también en el PSOE, porque junto a los intereses estrictamente políticos de algunos presidentes autonómicos, también mueven al rechazo los principios de una izquierda que siempre había creído en el efecto igualitarista de la condición ciudadana en un Estado que desterrara privilegios por razón de las personas o de los territorios. Manuel Chaves, Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra, Francisco Vázquez o José María Barreda suman voces internas en el PSOE que no van a permitir al Gobierno socialista presentarse ante el Congreso de los Diputados con una propuesta unitaria y convincente de lo que quiere para España. Porque éste es el problema de fondo que explica la inconsistencia de la política territorial de Zapatero: la indefinición de su proyecto nacional, de difícil articulación, claro está, si el propio presidente del Gobierno considera que el concepto de Nación es discutido y discutible. DOBLE MORAL CON IRAK DESCOSIDO CHINO ESDE que el pasado 1 de enero se aboliera el sistema de cuotas que regía el comercio mundial, el sector textil español se enfrenta a un reto prácticamente imposible: competir con China, que nos ha hecho un roto de proporciones mayúsculas. Con salarios de 50 euros para un trabajo de trece horas diarias, con una sola jornada de descanso cada diez días, la solución pasa porque la Unión Europea adopte medidas de salvaguarda para frenar una avalancha que, para Occidente, tiene mucho que ver con la explotación laboral. En algunas prendas, las exportaciones a España han aumentado en un 534 por ciento, porcentaje que revela la hondura del descosido. A D pesar del terrorismo baasista y de Al Qaida y de la indiferencia de una buena parte de la clase política occidental, especialmente europea, los iraquíes siguen empeñados en sacar adelante su nueva democracia. En casi cuatro meses, el pueblo iraquí ha celebrado sus primeras elecciones legislativas plurales, ha elegido jefe de Estado a un kurdo y cuenta, desde hace unos días, con un Gobierno diverso, de mayoría chií, e integrado también por suníes, kurdos, cristianos y turcomanos. La presencia de seis mujeres en el nuevo Ejecutivo iraquí certifica que el proceso de transformación de este país es radical. Hasta pocas semanas antes de las elecciones de enero, eran muchos los observadores y gobiernos occidentales que cuestionaban la viabilidad de los comicios, incluso del proceso democratizador. Despejados aquellos temores- -no siempre animados por la buena fe- hoy sigue en pie una actitud desleal con los avances democráticos en Irak que se expresa de la peor forma posible, mediante la utilización de discursos deslegitimadores de las instituciones representativas iraquíes. La ausencia de la ONU sobre el terreno también colabora con esta incomprensión hacia el significado histórico de la instalación de una democracia en la región más inestable del planeta, aunque tal pasividad actuará en contra de este organismo, fundado para prevenir e intervenir en los conflictos, no para salirse de ellos. El trato que recibe la democratización de Irak es una prueba para la moral democrática de Europa, a cuyos ciudadanos se les dice que los degolladores de Al Zarqaui son resistencia armada o insurgencia y que los últimos coches bomba en Bagdad son la respuesta al nuevo Gobierno legítimo de los iraquíes. Como si un sistema democrático mereciera ser resistido por las armas o los gobiernos elegidos en las urnas debieran ser respondidos a bombas. Esta actitud desborda los prejuicios antiamericanos de las opiniones públicas europeas; trasciende las comprensibles discrepancias sobre la legalidad de la intervención militar contra Sadam Husein; va más allá de la irritación visceral que algunos sectores políticos y de opinión sienten por la posibilidad de que Estados Unidos y sus aliados hayan impulsado la primavera árabe Es una actitud que cuestiona la calidad ética y política de los criterios con los que Europa se sitúa ante los problemas de la comunidad internacional, pero que explica su escasa capacidad de influencia para impulsar soluciones al margen de Estados Unidos.