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ABC LUNES 2 5 2005 Deportes 91 PERFIL Cipollini el pasado martes, cuando comunicó su retirada AFP MARIO CIPOLLINI Esprinter italiano que esta semana anunció su retirada del ciclismo Sus 189 triunfos, su récord de etapas en el Giro (42) su título mundial y sus 17 campañas siempre estuvieron ligadas a su vocación como hombre- anuncio; ahora quiere dedicarse a la moda Adiós al mejor publicista de sí mismo JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. Hasta en el epitafio dejó una sentencia para la autopromoción. En la pasada Milán- San Remo comprendí que todo se había acabado Para orgullo de los italianos, que adoran la classicisima esto dijo Mario Cipollini, 38 años, impecable traje negro con finas rayas blancas, corbata negra, pelo cuidadosamente desordenado. Fue el pasado martes en el Centro de Congresos Magna Pars, el corazón financiero de Milán. El mejor esprinter de los noventa y uno de los mejores de la historia adujo ese caducado razonamiento para explicar su retirada. Ha tardado en percatarse de que su reino pertenecía desde hace tiempo a Petacchi (14 victorias en 2005, 21 en 2004, 24 en 2003) Cipollini, el viejo león paradigma de que la arruga es bella, suma ocho en el mismo trienio. Con la misma elocuencia que devoró a sus coetáneos- -Abdoujaparov, Van Poppel, Steels, Quaranta- exprimió éxitos (189) perduró en el pelotón (17 años) o sembró de récords el Giro (42 etapas, una más que el legendario Alfredo Binda) Cipollini labró una leyenda, la del showman Fue el mejor intérprete de su propio personaje: un armario ropero irresistible para la hormona femenina, un bon vivant que siempre hizo lo que quiso, ya fuese montar equipos, retirarse cada año del Tour (nunca lo ha terminado) o darse de bruces contra su cruz, la Vuelta. En España se pegó con Cerezo, con periodistas y fotógrafos, se retiró con la cara destrozada (94) antes de empezar (97 y 03) y antes de la montaña (99) Nunca le faltó una foto que colgar de su web. Por ahí entendió el negocio del ciclismo mejor que nadie, hasta alcanzar límites exacerbados de narcisismo. Su indisimulada vocación de hombre- anuncio se plasmó en cada una de sus excentricidades en los podios. Imitó a un emperador romano en la salida del Giro en Atenas, se enfundó la camiseta de Ronaldo con el 10 del Inter para que se supiera que, si no amigos, sí al menos eran conocidos, protagonizó anuncios de electrodomésticos como un sultán con su harén, vistió un maillot con el cuerpo humano serigrafiado sobre su piel. Y en el rizo de lo estrafalario se inventó una relación espiritual, a través de bola mágica, con una gitana española de nombre Diamantina que le avisaba del peligro. Unos kilómetros de tren- -rojo, cebra o ciclamino- diez segundos de esprint y una invitación al espectáculo. Su sentido de la representación le convirtió en una celebridad en Italia, en personaje del circo rosa, y con ello consiguió que se hablase del ciclista, de sus ocurrencias y de los apelativos que iba arrastrando con sus victorias- -El Rey León, el Bello, Super Mario- Y así nunca se relacionó a Cipollini con escándalos de otra índole, tan frecuentes en el ciclismo. No era ya el mismo sobre la bicicleta y con mi carácter ganador, que no me permite estar en la segunda fila, no podía continuar por respeto a mi equipo, a los aficionados y a mí mismo se justificó. Nos deja un corredor que ha ganado muchísimo con este deporte, pero que también proyectó el ciclismo más allá de su mundo le describió con tino otro ex campeón, Francesco Moser.