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ABC LUNES 2 5 2005 49 Cultura y espectáculos Chirac inaugura hoy los Encuentros para una Europa de la Cultura con notables ausencias españolas Daniel Libeskind, durante la presentación de la maqueta de su ambicioso proyecto de la Torre de la Libertad para la Zona Cero en Manhattan EPA La Torre de la Libertad, contra Fort Knox Por exigencias de la policía, la construcción del emblema de la nueva Zona Cero se retrasará más de un año que el nuevo techo de la ciudad se convierta en un imán para los terroristas ha hecho que los planos regresen a los tableros de arquitectos y delineantes ALFONSO ARMADA CORRESPONSAL NUEVA YORK. En febrero tenían que haber comenzado a excavarse los cimientos y en abril haber empezado a fraguar el acero y el hormigón de la futura Torre de la Libertad, el emblema de la nueva Zona Cero de Manhattan, la prueba de que Nueva York no tolerará jamás que los terroristas dibujen su perfil. Un tardío informe de la policía neoyorquina ha echado un jarro de agua helada sobre los planes del gobernador George Pataki y el promotor inmobiliario Larry Silverstein: el temor a que el nuevo techo de la ciudad, con 574 metros de altura, se convierta en un imán para los que redujeron a escombros las Torres Gemelas hace tres años y medio ha hecho que los planos regresen a los tableros de arquitectos y delineantes. El inicio de las obras de un rascacielos que sería el techo del mundo y que debería concluir en 2009 se retrasará como mínimo un año, con el temor añab El temor a dido de que si se asumieran todas las exigencias de la policía, la Torre de la Libertad se tendría que parecer a Fort Knox, el archiprotegido acuartelamiento de Kentucky donde se atesoran las reservas de oro de Estados Unidos. Hace unos días, Ada Louise Huxtable, la exigente comentarista de arquitectura, que, tras jubilarse como tal en el New York Times destila ahora su sabiduría en las páginas del Wall Street Journal escribía una elegía sobre la Zona Cero, sobre el apasionado proyecto levantado en el papel por el arquitecto Daniel Libeskind, del que no va quedando nada: desde el muro de contención de las aguas del Hudson, que pretendía convertir en símbolo de la capacidad de la ciudad para resistir los embates de los apóstoles de la muerte, ahora reducido a un murito decorativo, a la propia Torre de la Libertad, retocada y corregida por un arquitecto experto en el arte del rascacielos y las exigencias de las corporaciones inmobiliarias, David Childs, que ya se ha puesto manos a la obra para atender a las demandas del Departamento de Policía de Nueva York. Entre las peticiones más sonadas de la policía figura que los casi ocho metros que distaban de la calzada de la calle West se conviertan en treinta (aunque en realidad pretendían que fueran sesenta, y que hasta trasladaran su emplazamiento aún más lejos de una arteria por la que circularán camiones de 16 ejes sin que hayan sido inspeccionados) La policía teme que los terroristas que atacaron Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001 vuelvan a hacerlo por tierra (mediante un coche o camión- bomba) o por aire, aunque espías británicos a sueldo del MI- 5 les comentaron a sus colegas estadounidenses que si los terroristas volvían a golpear en Manhattan lo harían seguramente mediante ingenios químicos o biológicos. Campaña de financiación pública Silverstein, el promotor inmobiliario que se había hecho con el alquiler del Centro Mundial de Comercio poco antes del 11- S, y que ha logrado una formidable indemnización de las compañías de seguros, ha propuesto una campaña El New York Times exige un nuevo escrutinio público si el proyecto de la Torre de la Libertad es diseñado de nuevo de financiación pública para acceder a los costosos requerimientos de la policía. Tanto Silverstein como los propietarios del gigantesco solar- -la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey- -y la oficina del gobernador Pataki no han ocultado su fastidio ante el tardío informe policial, no sólo por el incremento de los costes del rediseño y de la adopción de medidas extra de seguridad, sino porque entienden que reaviva el temor a un nuevo atentado, lo que hará más difícil atraer inquilinos para una torre coronada por una antena que, según Libeskind, debería dialogar con la antorcha de la Estatua de Libertad y alcanzar los 1.776 pies de altura (547 metros) el año de la fundación de Estados Unidos. El New York Times exigió la semana pasada en un editorial que, si el proyecto de la Torre de la Libertad, desvelado en diciembre de 2003, iba a ser diseñado de nuevo, debería volver a someterse a público escrutinio y valoración, ya que el ambicioso plan de Libeskind fue adoptado después de que vecinos de Nueva York, Estados Unidos y el resto del mundo manifestaran su opinión. Si no se hiciera así, y la torre fuera reemplazada por algo menos magnífico que lo prometido, el público tendrá razones para sentirse traicionado