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44 Sociedad COMUNICACIÓN LUNES 2 5 2005 ABC Condenan a un periodista chino por revelar datos oficiales de la matanza de Tiananmen Shio Tao cumplirá diez años en la cárcel por hacer públicos secretos de Estado PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Cumplir con su trabajo le va a costar diez años de cárcel a Shi Tao, un periodista chino que acaba de ser condenado por difundir un informe oficial sobre la matanza estudiantil acaecida en la plaza de Tiananmen en 1989. Tal y como informaban este fin de semana los medios controlados por el régimen comunista, el reportero ha sido declarado culpable de revelar secretos de Estado. En abril del año pasado, Shi Tao, que entonces era redactor jefe del periódico Noticias Económicas Contemporáneas de Changsha, publicó en un medio extranjero el contenido de dicho documento, que analizaba la sangrienta represión militar llevada a cabo para sofocar la revuelta democrática protagonizada por los universitarios. El periodista, que compaginaba a sus 37 años la labor comunicativa con la poesía, obtuvo esa información en una reunión interna de su diario en la que, según el tribunal que le ha juzgado, fue advertido de que tal informe era confidencial y, por lo tanto, no podía ser aireado. Juicio secreto y sin su abogado Generalmente, éste es el argumento al que se suele aferrar la legislación china para silenciar a los cuarenta y dos periodistas disidentes que, como en el caso de Shi Tao, se encuentran encarcelados tras un proceso judicial más que dudoso. Y es que, según ha denunciado uno de sus familiares, el reportero fue juzgado el mes pasado en una vista oral secreta a la que ni siquiera pudieron asistir sus propios parientes. Para más inri, Shi Tao tampoco pudo contar con el abogado que había llevado su caso, ya que las autoridades de Shangai le retiraron la licencia profesional justo una semana antes del juicio. Con todos estos elementos en su contra, y una vez que la Administración Nacional para la Protección de los Secretos de Estado certificó la confidencialidad del informe, el magistrado encargado de procesarle ha condenado al periodista, acusado por la Oficina Judicial de Shangai de violar la Constitución china al divulgar un artículo difamatorio contra el régimen comunista. Desde noviembre del año pasado, cuando Shi Tao fue detenido, Pekín ha lanzado una ofensiva para acallar a los intelectuales más críticos. Junto al reportero, el redactor jefe de la revista Reforma de China fue arrestado sin que la Policía le diera ninguna explicación el 21 de diciembre. Ese mismo mes, también fueron apresados Yu Jie y Liu Xiabo, otros dos periodistas acusados de propagar secretos oficiales, y tres prominentes abogados que han destacado por su lucha a favor de las reformas democráticas. Aunque no han sido detenidos, la represión también ha apartado de sus cargos a un reputado profesor universitario, Jiao Guobiao; un letrado especializado en defender a los campesinos de los abusos del Gobierno, Li Boguang; y a Huang Jingao, un miembro del Partido Comunista de la provincia de Fujian que denunció la corrupción de sus compañeros. Con tales medidas, reviven los métodos más oscuros de este sistema totalitario en China, cuyos enormes cambios económicos hacen olvidar a todo el mundo la falta de libertades que aún sufre el país. El hombre contra los tanques fue la imagen más representativa de la matanza de Tiananmen AP Reporteros entre rejas en la mayor cárcel contra la libertad de Prensa A pesar de la apertura que han provocado las reformas económicas, China sigue siendo, por sexto año consecutivo, la mayor cárcel contra la libertad de Prensa. Según denunció recientemente Reporteros Sin Fronteras, 42 periodistas cumplían condena en las prisiones del gigante asiático en 2004, casi todos ellos acusados de difundir secretos de Estado por publicar incómodos artículos o de difamar al régimen comunista mediante sus críticas. En esta represión contra los informadores disidentes, a China le siguen Cuba, con 23 reporteros entre rejas, Eritrea, con 17, y Myanmar (antigua Birmania) con 11. En total, 122 periodistas permanecían arrestados en 20 países del mundo, uno de ellos en EE. UU. por negarse a revelar sus fuentes.