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14 Nacional LUNES 2 5 2005 ABC En marzo de 1973, varios etarras, algunos hoy reinsertados, secuestraron y torturaron hasta la muerte a tres jóvenes a quienes confundieron con policías. Hoy, familiares de José Humberto, Jorge Juan y Fernando siguen reclamando sus restos La granja de los horrores de ETA TEXTO: J. PAGOLA SAN SEBASTIÁN. El secuestro, torturas y asesinato a manos de ETA de tres jóvenes gallegos, cuyos restos mortales, 32 años después, aún permanecen ocultos en algún lugar del sur de Francia, constituye un crimen que avergüenza incluso a sus propios autores, la mayoría de ellos hoy reinsertados. Pese a que la terrible matanza está amnistiada, ninguno ha querido hasta la fecha revelar a los familiares, aunque sólo sea por razones humanitarias, el lugar donde fueron sepultados. Una autopsia confirmaría que a los tres los torturaron hasta la muerte. El asesinato impune de José Humberto Fonz Escobedo, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veina abrió un negro capítulo en la siniestra historia de ETA, aún no cerrado, que desvela demasiados cómplices: desde las autoridades galas, que bajo la farsa de una ridícula investigación taparon los hechos, hasta numerosos testigos, que los silenciaron, pasando por un sinfín de ex etarras que conocieron la matanza y aún hoy la encubren. El 24 de marzo de 1973 cayó en sábado. Jorge, Fernando y Humberto fueron a comer a casa de la hermana de éste. Después, tras una partida de cartas, se despidieron. Habían decidido ir a San Juan de Luz para ver la película El último tango en París prohibida en la España franquista. Lo que fue un hasta luego -tenían previsto regresar el mismo sábado por la noche- -se tradujo en un adiós para siempre A la salida de la película, los infortunados jóvenes decidieron tomar una consumición en el establecimiento La Licorne de San Juan de Luz, capital del santuario etarra. Allí se toparon con un grupo de etarras. Entre ellos, el entonces dirigente Tomás Pérez Revilla, alias Tomás y Hueso así como sus secuaces: Manuel Murua Alberdi, El casero Ceferino Arévalo Imaz, El ruso y Jesús de la Fuente Iruretagoyena, Basacarte Como si de una película del lejano Oeste se tratara, los terroristas, que iban armados, se enzarzaron con los forasteros a los que confundieron con policías españoles. Tras un forcejeo que alcanzó el nivel de pelea y tuvo continuidad en el aparcamiento, los pistoleros finalmente pudieron reducir a los jóvenes gallegos y secuestrarlos. En dos vehículos, uno de ellos propiedad de Humberto, se los llevaron a una granja, entonces llamada La Sarre, situada en las afueras de Saint Paleis, propiedad de ETA. Pese a que el establecimiento se encontraba abarrotado en esa tarde- noche del sábado, nadie, ni clientes ni camareros, ni vecinos de la zona, oyeron o vieron nada Se había impuesto la ley del silencio. Ante la falta de noticias, los familiares, angustiados, presentaron el lunes José Humberto Fonz Escobedo Había llegado a Guipúzcoa, procedente de su Galicia natal, en busca de un futuro mejor, como otros muchos inmigrantes que contribuyeron a la prosperidad del País Vasco. Con esfuerzo había conseguido trabajar en una empresa de transporte internacional ubicada en Irún. Jorge Juan García Carneiro Era el único de los tres que aún no había conseguido trabajo. Pese a ello, era una persona que reflejaba optimismo. Tenía previsto casarse en cuanto dispusiera de un empleo estable. Apasionado del juego de mus, aseguraba que se sentía a gusto en la Guipúzcoa que lo acogió. Fernando Quiroga Veina Como sus compañeros, se vio forzado a emigrar al País Vasco para labrarse un futuro más prometedor. Llevaba camino de ello porque había conseguido ser agente de Aduana en la localidad fronteriza de Irún. Se sentía muy arraigado en las tierras vascas. que en aquellos años se había infiltrado en ETA, relata que el ex dirigente José Manuel Pagoaga, Peixoto le confesó que a los tres les habían sacado los ojos con destornilladores. La farsa de la investigación A medida que se afianzaba la hipótesis de ETA como autora del crimen, disminuía el interés de las autoridades francesas por esclarecerlo, para no irritar a la amplia colonia terrorista a la que amparaba en su territorio. Si nula fue la investigación en Francia- -el vehículo de Humberto estuvo circulando impunemente durante un tiempo por el santuario etarra con matrícula de Zaragoza- tampoco se hizo mucho en España. Las pesquisas se limitaron a interrogar, en 1974, al pistolero Jesús María Zabarte Arregui. Este etarra, que tras ser amnistiado participó en una treintena de asesinatos, declaró entonces que le había preguntado a Pérez Revilla por los jóvenes gallegos y que el dirigente le había respondido que cuanto menos supiera, mejor. La Policía también interrogó a la novia de Jorge, para que testificara que su prometido no tenía motivos para haberse ido de manera voluntaria. El juzgado de Irún decidió en octubre de 1975 archivar el caso por falta de pruebas, que, en realidad, nadie había buscado. ¿Por qué nunca se ha excavado en la granja de los horrores En 1997 los familiares de los tres jóvenes recibieron un rayo de esperanza con el que creyeron, por fin, romper ese muro del silencio y de la vergüenza. Un anónimo había comunicado la existencia de unos restos mortales abandonados en el cementerio de Biriatou, que podrían corresponder a los del ex dirigente de ETA Eduardo Moreno Bergareche, Pertur también se- Coral Rodríguez, la sobrina Coraje de Humberto Fonz que exige la verdad siguiente la correspondiente denuncia. Temían que los tres jóvenes se hubieran precipitado al mar por algún alcantilado de la costa. La Policía francesa rastreó le zona, y poco más. Ni un interrogatorio a los terroristas, que disfrutaban de impunidad cuando los rumores sobre la posible autoría de ETA tomaba cuerpo de sospecha y, después, de noticia confirmada. ABC de la misión que les había llevado a su santuario Nada de nada, porque habían ido simplemente a divertirse. Pretendían obtener informes acerca de los conocimientos que tenían de la banda. Poco, porque sólo sabían lo que se publicaba en los censurados periódicos de la época. De los golpes, a la tortura más cruel. Mikel Legarza, El lobo Sacar los ojos con destornillador Con cuentagotas llegaban datos a la Policía española. En efecto, los terroristas liderados por Pérez Revilla habían interrogado a los tres jóvenes gallegos. Querían arrancarles una confesión para acusarles de ser agentes de las Fuerzas de Seguridad. Nada, porque no lo eran. Intentaron obtener datos acerca El ex cabecilla Pérez Revilla lideró a los matones que acabaron con la vida de los tres jóvenes en el santuario etarra francés