Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10 LUNES 2 5 2005 ABC Nacional El PP centrará la campaña gallega en Fraga, mientras que el PSOE recurre al efecto ZP Rajoy, de apoyo; Zapatero, en cambio, se volcará para compensar la debilidad del candidato socialista b Sólo en juventud gana Touriño a Fraga: la comparación en currículo, conocimiento o popularidad es apabullante a favor del candidato del Partido Popular ÁNGEL COLLADO MADRID. Dieciséis años después de que Manuel Fraga se retirara de la política nacional para poner orden en Galicia y dejar paso en su refundado Partido Popular a José María Aznar para abrir una nueva etapa, el futuro del PP vuelve a depender en buena medida de su fundador. El presidente de la Junta de Galicia es un hombre de Estado que a los 82 años no ha permitido que nadie le haga sombra en su feudo, ni dentro del partido como posible sucesor ni fuera como jefe de la oposición. Se constata así en las próximas elecciones del 19 de junio que el punto fuerte del PP es la personalidad y la obra de un político que alarga su carrera en claro desafío a su edad, mientras que la baza del PSOE es el mero desgaste de Fraga, porque la debilidad de su candidato, Emilio Pérez Touriño, obliga a los socialistas a confiar en el efecto ZP para animar sus expectativas. Fraga será el protagonista absoluto de la campaña del PP, faltaría más. Década y media larga al frente de la Xunta, ha encabezado el gran salto del desarrollo económico y social que ha dado Galicia en ese tiempo, acelerado además en la etapa del PP en el Gobierno de la nación. Desde 1989 ha despachado, elección tras elección- -cuatro mayorías absolutas consecutivas- a los distintos aspirantes socialistas; a los que concurrieron de la mano de Felipe González y al de Rodríguez Zapatero: Pérez Touriño. A todos dobló e incluso triplicó en número de votos y escaños. Pero lleva dos legislaturas para acometer su propia sucesión y no ha podido o querido hacerlo, ni la dirección nacional de su partido- -primero Aznar y después Rajoy- -se atrevió a promoverla. Al final, él quería seguir y a todos les convenía ir sobre seguro. El presidente de la Xunta, junto a dirigentes y militantes del Partido Popular de Galicia cialistas aprovecharían una posible derrota de Fraga para imputársela a Rajoy y que surgirían dentro de su partido los primeros críticos, bien por hacer una oposición demasiado dura o por hacerla demasiado blanda. El problema de Rajoy es que tiene que estar en la campaña lo justo, sin robar papel a Fraga, pero sin que parezca que se esconde. En las próximas semanas recorrerá Galicia, pero está aún sin coordinar su presencia con los responsables de la campaña del presidente de la Xunta, cuyo plan será, por supuesto, de origen local. La presencia de Rajoy será de apoyo, como es lógico. Pero el presidente es un activo para el partido en toda Galicia que pesará comentan en la dirección del PP, conscientes de los equilibrios que deberán hacer. En el PSOE, al contrario que en el EFE Touriño ni siquiera manda en el socialismo gallego; ese papel recae en José Blanco, mano derecha de Zapatero El Gobierno intenta corregir sus agravios a Galicia con inversiones de última hora Hasta ahora, Fraga ha sido imbatible. En los últimos comicios mantuvo su holgada mayoría al lograr 42 escaños en una Cámara de 75 frente a los 17 del PSOE y otros 17 del BNG. La crisis de los nacionalistas facilitará esta vez el trasvase de voto del BNG a la candidatura de Touriño, pero los socialistas tienen que entrar en el electorado del PP si quieren acabar con la hegemonía de los populares. Y la actuación política de Zapatero desde el Gobierno, sobre todo su cuestionamiento del orden constitucional, sus alianzas con ERC e IU y el parón al Plan Galicia, ponen difícil al PSOE captar el favor de una mayoría popular sostenida por el 50 por ciento del electorado desde hace 16 años. El Gobierno intenta corregir sus agravios hacia Galicia con inversiones de última hora, casi de precampaña, para desactivar el mensaje de Fraga, que se presenta dispuesto a quemar sus últimas energías en defensa del gran proyecto de inversiones en la Comunidad. Como dicen los diputados gallegos, después de la bofetada histórica del frenazo al citado plan, que Zapatero acuda a Galicia a ofrecer sonrisas y talante puede ser un tanto contraproducente para las expectativas de Touriño. Sin robar papel a Fraga Es que él sigue siendo el mejor candidato posible, el referente absoluto, nadie cuestiona su derecho a presentarse dicen en la dirección del PP. En el equipo de Rajoy ni se plantearon el relevo de Fraga. Ahora están en sus manos. Aunque quien se examina en primera instancia es el presidente del Xunta, Rajoy también se juega mucho: como mínimo, la tranquilidad de mantener un feudo electoral del PP para aspirar a la victoria en las próximas generales. Queda descontado que los so- PP, necesitan que sea su jefe máximo el que lleve el peso de la campaña. Touriño solo gana a Fraga en juventud. La comparación en currículo, conocimiento o popularidad es apabullante a favor del candidato popular. Ni siquiera es Touriño quien manda en el PSOE gallego, pues ese papel recae en el todopoderoso mano derecha de Zapatero y secretario de Organización, José Blanco. Esa será una de las claves de la campaña. El PP destacará la obra, el ímpetu, el peso político y la propia personalidad de Fraga frente a la debilidad y corta carrera de Touriño. El PSOE tendrá que incidir en la edad, el desgaste del presidente de la Xunta y los problemas internos del PP gallego para defender otra vez la genérica propuesta de cambio con el ejemplo de la llegada de Zapatero al poder. Pero es que esa oferta en Galicia hace un año fue rechazada. Con los datos de los comicios generales del 14- M aplicados a las autonómicas, el PP repetiría mayoría absoluta. La crisis del BNG por la jubilación forzada de Beiras y la irrupción como nuevo candidato de Anxo Quintana permite a los socialistas contar, de salida, con unos cuantos diputados más para deshacer el empate a 17 de la actual legislatura. Pero, como en Cataluña, están condenados a entenderse después con los nacionalistas locales si quieren aspirar al poder. El trasvase entre ambos electorados es fluido, pero la coalición previsible les frena el crecimiento entre los desencantados o aburridos por las mayorías de Fraga.