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ABC LUNES 2 5 2005 Opinión 7 Es ley de vida, que en demografía se teoriza como complementariedad. Mas no habría razón de alarma ante el hecho mismo de tan gran trasvase de recursos humanos si los países receptores hiciesen un buena gestión de los mismos. Pero ¿qué es hacer una buena gestión del aporte inmigratorio? No basta con impulsar la economía, sino que se requiere sobre todo vigorizar las instituciones e insuflar en la ciudadanía fe en el futuro. Las instituciones deben llegar a un gran consenso patriótico que fortalezca el Estado de Derecho y active el núcleo de su propia razón para que asuma nuevos intereses sociales, vigilando para que la ciudadanía no se escinda en sectores privilegiados, ni se desintegre en estratos étnicos marginados. La integración social de estos millones de inmigrantes es un asunto de Estado y atañe, esencialmente, a su inclusión político- jurídica. Y la fe en el futuro se insufla en la ciudadanía mostrándole la importancia de sus valores para asumir su nueva tarea y su responsabilidad cotidiana en sus relaciones laborales, vecinales, escolares y familiares. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA ESCANDALERA A política nacional se ha convertido en una escandalera que amenaza ruinosa y descomunal perennidad. Articulistas, politólogos, contertulios, tertulianos y charlatanes no dejan de prenderle mecha al fuego con una mano mientras exigen calma con la otra. Un ardor a los dioses celestiales y otro, más alterado e incandescente, a los infernales. Desde el Prestige y su malhadado chapapote hasta el DVD de FAES, con la verdad de las mentiras y todo su contrario, secuencia tras secuencia. La penúltima escandalera nacional, provocada por la ley del matrimonio homosexual, pronto pasará al olvido, pero las viñetas de indignación J. J. ARMAS moral, disgusto político MARCELO y rasgado de vestiduras siguen sucediéndose como si nos hubiera inundado un tsunami oriental para toda la eternidad. La hipocresía exhibida en cualquier bando resulta tan patética como grotesca y resulta evidente que ni unos ni otros, y ni siquiera los terceros y cuarterones, dicen en público lo que piensan en privado. Mucha gente de izquierdas apoya en público la ley pero deplora ciertos aspectos jurídicos del asunto en los discretos salones sociales a los que asiste para mantener su reputación e influencias. En la derecha es al revés: rechazan en público la ley, pero la aceptan, en un alarde de innegable buena voluntad en los mismos salones donde sus adversarios son capaces incluso de negarla. Matizando, que es gerundio. Den por seguro que, dentro de un año y extinguido el fuego destructor, miraremos hacia atrás con bastante vergüenza al recordar la impúdica petulancia de estos días en los que la escandalera de los gays y otros debates han ocupado todas las pantallas, emisoras, papeles y conversaciones. El problema lo tendrán ahora los homosexuales, que a mi modo de ver entran con todo su derecho en la institución matrimonial, tan burguesa, y tan denostada hasta ayer por esclavista y capitalistoide. Ahora comenzarán las bodas, sus alegres y caras celebraciones. Y, al tiempo, las separaciones, los disgustos familiares, los costosísimos divorcios (con su secuela del pago de pensiones, ya verán lo que es bueno) las odiosas peleas por los bienes gananciales, el rencor. Mal dice el bolero: odio quiero más que indiferencia. Algunos exaltados me exigirán que hable y escriba con más seriedad de asunto tan relevante, pero su deriva de escandalera social y política me provoca tal irritación que sólo le deseo al falso debate, animus iocandi, que pase cuanto antes a mejor vida: una vida normal e institucional. Como la de los hasta ahora felizmente casados una vez, dos y tres veces; los separados en varias ocasiones o los divorciados cuantas veces lo pida el alma de los tiempos. En todo caso, enhorabuena a los nuevos casados y casadas. Felicidad para los futuros divorciados y divorciadas. Bienvenidos al club. L ÁNGEL CÓRDOBA empleo estable. Fue lo mismo que nos sucedió en Europa entre 1880 y 1925, cuando tuvimos que bombear 25 millones de trabajadores inmigrantes nada más que a un solo país, los Estados Unidos de América. Si no hubiese sido así, el nivel de vida de la época hubiera rozado la miseria, el conflicto social hubiera reventado por doquier y no habríamos llegado a ser lo que somos. En Gran Bretaña, entre 1870 y 1910, la salida a la emigración americana de un 3 por ciento anual de su población posibilitó elevar en un 12 por ciento los salarios. Y por eso, hoy, nos toca a nosotros recibir extranjeros. Pero la experiencia europea hasta el momento es decepcionante, habiéndose sumido instituciones y ciudadanía en una falsa tolerancia del todo vale, en el falso progresismo de que los inmigrantes hagan su vida por su cuenta, se organicen según sus tradiciones, asuman herencias ancestrales de manera obligatoria y se dejen acaudillar por líderes listillos que gestionan el reparto de los bienes sociales desde sus propios intereses de encerrar a los inmigrantes en comunidades separadas. Y entre nosotros, pese a que universitarios y activistas teorizan sobre la bondad de ese fracaso y la conveniencia de copiarlo nosotros, las instituciones están a la greña: el Gobierno, que cuando era oposición sermoneaba un día sí y otro también sobre la necesidad de un Pacto de Estado para la integración de los inmigrantes, está llevando a cabo una demencial regularización sin haber buscado ni el plácet de la oposición. Y la ciudadanía asiste con estupor al deshilachamiento del Estado y, en vez de fe en el futuro, se le propone mirar al pasado más negro de nuestra Guerra Civil desde un Gobierno que concibió esta regularización bajo la pedagogía de la delación y la ética de barra libre. Los bárbaros ya están en casa y los inmigrantes pronto se cerciorarán de ello. Las cifras de extranjeros en España no son, no, el mal. El mal es lo que podríamos y no queremos hacer. PALABRAS CRUZADAS ¿Ronaldo o Ronaldinho? LA GUASA DEL PALMERO Y LA SOLEDAD DEL RINOCERONTE RONALDINHO HA IDO POR TABACO PARA RONALDO R ONALDINHO es un abanico que se abre y Ronaldo es un abanico que se cierra. Uno despliega colorido, se pavonea, y el otro se aprieta y endurece como un garbanzo asustao. Ronaldo ataca solo, en tromba y con el mismo ruido y polvareda (y eficacia, dicho sea de paso) que el rinoceronte contra el árbol. Ronaldinho también ataca en tromba, pero con un jaleo y una pachanga, con sus palmeros y bailaoras, y con un gitanerío alrededor que da gloria verlo. Ronaldo hace goles de estampía, con toda la bueyada de su cuerpo directa al gol, y sacando contrarios de la vía como un AVE peleón, o pelón. Ronaldinho se entretiene- -y a veces, se OTI R. pierde- -en su propia fantasía: el que no MARCHANTE es capaz de imaginar mientras corre es como el que no es capaz de sudar mientras corre: ambos almacenan veneno. Sudar, sí que suda Ronaldo: le esculla el noctambuleo muslo abajo como al buen jamón en ese par de carrerones que se permite por partido. A Ronaldinho, en la espalda, no le han puesto un número, sino una nota; rescató al Barça del lodazal y lo ha convertido en un equipo bailón, con guasa y chisporroteo. En cambio, Ronaldo ha hecho del Real Madrid un equipo como italiano: bien amarrao, zapatazo y a ver qué cae. Y lo que cae, de vez en cuando, es un entrenador... ¿R ONALDO o Ronaldinho? Esto es como el cuento de aquel cochero andaluz que, molesto porque sus clienteshabían comprado tabaco yno le habíanofrecido, al requerirle estos para que les enseñara el San Antonio de Murillo, les enseñó el primer San Francisco que encontró a mano, en una iglesia. ¡Pero éste no es San Antonio, cochero! ¿Dónde está el Niño? El niño ha ido por tabaco para mí. Todos sabemos que los catalanes nunca ofrecen tabaco, y el cochero del fútbol se vengó de ellos vendiéndoles a Ronaldinho, que, a todos los efectos, no pasa de ser el niño de ese santo que es Ronaldo. Ronaldo y Ronaldinho no tienen en común más que el dentista. Ronaldinho es IGNACIO RUIZ un medio delantero pirotécnico como un QUINTANO cohete de pueblo y errático como el espermatozoo. Deus- -dirá el agente de Ronaldinho- -escreve direito por linhas tortas. Pero si Ronaldinho levantó un día la Copa del Mundo fue gracias a Ronaldo, que la ganó a base de desidia negra y astucia blanca, a cuya mezcla llamamos pereza fecunda. Sí, porque en el fútbol, como en la vida, la pereza fecunda consiste en empezar por el fin. Ronaldo llega antes de salir y acaba antes de empezar. La pereza inmortal de Ronaldo posee ya un encanto cultural como la dejadez mitológica de Fedra. ¿Para qué se mata a correr Eto o? Pues para llegar a ser algún día tan perezoso como Ronaldo. ¿Y usted qué opina? 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