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4 Opinión LUNES 2 5 2005 ABC LIGA DE ESTRELLAS UIZÁS el peso político de Fraga y el legado de su prolongada gestión al frente de la Xunta no basten para que su partido revalide la mayoría absoluta que volverá a necesitar para gobernar Galicia durante los próximos años. Sin embargo, el PP apuesta fuerte al reducir la presencia- -episódica y secundaria- -de Mariano Rajoy durante la campaña gallega. Todo lo contrario de lo que sucede en el PSOE, forzado a fichar a un galáctico con tirón popular, aquí interviene Zapatero, para suplir la falta de carisma y tirón del candidato socialista, Pérez Touriño. Los carteles ya están impresos y cada partido programa sus mítines con lo mejor de sus banquillos, procedan o no de de la cantera. Zapatero sale de titular y Rajoy se reserva, confiando en que Fraga gane un partido crucial para la Liga española. Jugada de riesgo para el PP. Q PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil BLAIR, PESE A TODO A reelección de Tony Blair parece segura. Al menos con la seguridad que ofrecen los vaticinios en la previsible vida política británica. Las encuestas están ahí. La ventaja sobre los tories se ha ensanchado a lo largo de la semana pasada y todo parece indicar que seguirá siendo así. Ni siquiera el traspié dado por Blair en el debate televisado del pasado jueves en la BBC ha restado peso a la ventaja sobre sus rivales. A tres días de las elecciones, los sondeos son unánimes, ya que todos los estudios de opinión dan como ganadores a los laboristas por un margen que oscila entre los tres y los nueve puntos de diferencia sobre los conservadores de Michael Howard. Este dato demoscópico, sumado a la escasa propensión que los británicos han mostrado históricamente hacia los sobresaltos, hacen difícil aventurar otro desenlace que no sea la victoria de los laboristas por tercera vez consecutiva. Y no sólo porque lo inesperado contraríe su natural inclinación hacia la búsqueda de escenarios cotidianos de seguridad, sino porque ninguna de las alternativas a la política de Blair parece propiciar ningún cambio al respecto. En este sentido, la falta de tirón de sus oponentes es notoria. Como lo son sus respectivos programas electorales. En realidad, los conservadores siguen arrastrando el trauma posthatcheriano, tal y como evidencian los problemas de liderazgo sufridos de la mano de William Hague e Ian Duncan Smith. Incapaces de mudar sus mensajes y retomar un estilo menos envarado y rígido, los tories continúan con el pie cambiado. El giro hacia el llamado nuevo centro sigue sin producirse en sus mensajes. De hecho, parecen no comprender que una cierta frescura y un tono más urbano harían más fácil su cercanía a ese entorno de clases medias de nuevo cuño emergidas a finales de los noventa y que han evolucionado hacia una flexibilidad individualista y utilitaria que ha erosionado notablemente su adhesión a los cánones característicos de los segmentos más conservadores de la sociedad británica. Esta circunstancia, sumada a la radicalidad con la que los liberales- demócratas de Kennedy han ido trans- L José Bono JAVIER PRIETO PUENTE AÉREO COMPAÑADO del Jefe del Estado Mayor de la Defensa y de altos cargos de su departamento, José Bono parte hoy con destino a Washington, donde mañana tiene previsto entrevistarse con su homólogo estadounidense, Donald Rumsfeld. La línea regular abierta por el Gobierno español con destino a la capital norteamericana sigue registrando un flujo incesante: los ministros van y vienen por un puente aéreo cargado de buenas intenciones y propósitos de enmienda, gestos amistosos hacia un país con el que conviene llevarse lo mejor posible y hacerle olvidar desaires recientes. El avión del ministro de Defensa parte hoy para repetir una rutina forzada por una serie de tropiezos diplomáticos- -algunos premeditados- -que conviene facturar y perder en una maleta. A formando su estilo de oposición, especialmente tras su oposición a la guerra en Irak, han hecho posible que la centralidad política sea ocupada por Tony Blair con rotundidad. De hecho, ni los conservadores por un lado, ni los liberal- demócratas por otro, han sido capaces de introducir una semántica nueva ni una estrategia de comunicación capaz de erosionar la ventaja posicional que detentan los laboristas en el espectro político británico. Sobre todo desde que Blair articuló su famoso giro al centrismo de la mano de la llamada Tercera Vía Gracias a esta maniobra táctica logró no sólo que la opinión pública británica olvidara la imagen trasnochada que los laboristas arrastraban desde la década de los setenta, sino que laminó a la vieja guardia izquierdista mediante un cambio de rumbo que abrió el Partido Laborista a una generación educada en la nueva sensibilidad política surgida de la consumación del llamado fin de las ideologías mediante el derribo del Muro de Berlín. Consciente del valor de combinar con inteligencia la asunción del legado económico thatcherista con un estilo más ágil y pragmático, que ha matizado con guiños sociales en educación y sanidad, Blair ha logrado situar al laborismo en sintonía con los sectores más dinámicos y progresivos de la sociedad británica. En este sentido, es indudable que sus recetas han logrado más éxitos que fracasos. La economía británica sigue dando muestras de vitalidad a pesar de ciertos indicios de fatiga que se proyectan, también, sobre el crédito personal y la imagen de un primer ministro que ha sufrido serios reveses ante la opinión pública, especialmente a raíz de la guerra en Irak. El deterioro de los servicios sociales sigue caldeando el ambiente y la línea de crítica ensayada por los conservadores en torno al problema de la inmigración y ciertos brotes de xenofobia apunta derivas que en el futuro pueden dar algún que otro quebradero de cabeza. Con todo, parece inevitable que el proyecto político liderado por Blair volverá a revalidar su mayoría aunque, eso sí, a costa de agotar definitivamente un ciclo que será muy difícil de gestionar por sus herederos. LA REFORMA LABORAL PENDIENTE OS sindicatos han celebrado el Primero de Mayo con su liturgia tradicional, aunque con más carácter festivo que reivindicativo; por algo reciben el buen trato de fuerzas sociales representativas y reconocidas, con buen acceso a los Presupuestos públicos. De su discurso oficial forma parte la reclamación de estabilidad en el empleo, la crítica a la contratación temporal y la exigencia de ni un paso atrás respecto al coste del despido y a otras medidas pretendidamente proteccionistas del empleo y los empleados, un programa sobrado de retórica y corto de eficacia y realismo. El empleo en España ha mejorado sustancialmente, especialmente durante la última década. El paro se sitúa hoy casi en la media europea y la tasa de actividad ha mejorado para aproximarse también a los parámetros de la UE, aunque sigue pendiente la incorporación al trabajo de un buen porcentaje de mujeres, cuya tasa de ocupación es aún veinte puntos menor que la de los hombres. Ha cumplido veinticinco años el Estatuto de los Trabajadores, que fijó el marco de las relaciones laborales. Su- CAJAS INDUSTRIALES E L boom inmobiliario registrado en España en los últimos años ha llevado a las cajas de ahorro a incrementar su cifra de negocio hipotecario con índices que el pasado mes de febrero superaron el 20 por ciento. Sin embargo, los reducidos márgenes de beneficio de estas operaciones y el previsible final de este proceso alcista han llevado a las cajas a tomar cada vez mayores participaciones industriales, un camino alternativo para el negocio tradicional que ha proporcionado al sector unas plusvalías de 13.728 millones de euros. Las cajas salen de la oficina y se dirigen- -con paso firme, para quedarse- -hacia los polígonos industriales. L puso en su día un avance, pero necesita retoques y adaptaciones. Los sucesivos gobiernos, con o sin el apoyo de las fuerzas sociales, acometieron en este periodo cuatro reformas laborales: dos en la etapa González y dos en la de Aznar, todas ellas contestadas, incluso con huelgas generales, pese a contribuir a la flexibilidad y adaptación del empleo y a su mejora. Ahora está pendiente una quinta reforma, que no será la última, para normalizar políticas de empleo, modernizarlas y sentar bases más sólidas para lograr el óptimo índice de ocupación que permite la actual sociedad española. El Gobierno quiere que sindicatos y patronal asuman y dirijan esa agenda de reformas, que convengan las medidas necesarias para que la Administración luego haga su parte. Los sindicatos pretenden que el Gobierno se comprometa en la negociación y que no se quede mirando. Tienen razón: el Ejecutivo debe asumir costes y llegar con la legislación hasta donde haga falta para mejorar el empleo, para flexibilizar los mercados de trabajo y para abatir las barreras a la contratación.