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ABC LUNES 2 5 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC MADRID, REGIÓN ABIERTA POR FERNANDO FERNÁNDEZ MÉNDEZ DE ANDÉS UNIVERSIDAD ANTONIO DE NEBRIJA No es que Esperanza Aguirre sea más lista que Pasqual Maragall, es que tienen distintos objetivos. El de Aguirre es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El de Maragall, hacer país. Juzguen ustedes los resultados ESENTA años hace desde que Fellini estrenara en 1945 Roma, città aperta. Veinticinco, desde que Almodóvar hiciera lo mismo con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón en la vorágine creativa de la llamada movida. Hoy Madrid es la región abierta y dinámica por excelencia. Sólo comparable en Europa a una Irlanda en la que la nostalgia de Joyce ha sido sustituida por la ambición emprendedora. En ambos casos, el noble oficio de la política ha permitido superar el ensimismamiento y ha forzado una apertura exterior aprovechando la globalización como la gran oportunidad para romper un statu quo que les condenaba a dolerse indefinidamente de sus heridas imperiales. Todavía hay muchos españoles que no se han dado cuenta, porque los tópicos permanecen en el subconsciente al menos tanto tiempo como las malas ideas económicas. Pero Madrid es hoy la región más dinámica de España. Tanto en términos culturales como económicos. Y donde se están produciendo las iniciativas políticas más interesantes. La que ha sustituido en creatividad y alegría, en conflicto y cambio, a aquella Barcelona de los Años sin Excusa de Carlos Barral que tanto admirábamos los jóvenes de mi generación. La admirábamos porque nos parecía Europa, pero hoy languidece, como Europa, incapaz de encontrar su sitio en un mundo revolucionado por los tigres asiáticos y volcada en volver a escribir la Historia como una conspiración para apropiarse de su balanza fiscal. S miento único que no puede consentir que una neocon como Esperanza Aguirre pueda tener éxito. Pero a la hora del balance hay que ser ecuánimes. Todo empezó, para bien, con Enrique Tierno Galván y Joaquín Leguina. El viejo profesor puso a Madrid de moda y rompió con esa imagen pesada y triste de los Nuevos Ministerios y el Monasterio de El Escorial que impregnaba Madrid de un aire de frustración por haber perdido el tren de la Historia. El demógrafo novelista puso cemento y masa a ese sueño. Creó una estructura de gobierno y la puso a funcionar con eficiencia, con transparencia y sin clientelismos notables. Ahora que hablamos tanto de memoria histórica, conviene en esta fiesta de Madrid repasar las hemerotecas y recordar lo que se escribía en aquellos finales de los setenta. Madrid era presentada como una región de parásitos, funcionarios incompetentes y chupópteros, que sólo subsistían medrando del centralismo de un régimen que asfixiaba las legítimas aspiraciones de la periferia. Bonito cuento que todavía hoy creen muchos nacionalistas, y algunos socialistas, a juzgar por sus declaraciones contra Madrid, símbolo inequívoco de opresión, y por hechos como el sistema de financiación presentado por el tripartito catalán. Pero lo cierto es que coincidiendo con la mayor descentralización política y económica que ha visto nunca la Historia en tiempos de paz y que ha resultado en un grado de autonomía sin precedentes, superior incluso al de muchos Estados Federales, la Comunidad de Madrid no sólo no ha entrado en barrena, ni ha perdido peso relativo, sino que se ha convertido en puntal y modelo del crecimiento español. Madrid ha contribuido casi el 20 por ciento al crecimiento nacional de los últimos diez años, cuando su población es sólo el 14 por ciento. Y por si algún malpensado cree que se debe al Pero volvamos a Madrid, esa región que a la hora de definir el mapa autonómico ni siquiera estaba segura de existir, que improvisó himno y bandera ante las chanzas y el desprecio de los nacionalistas de pata negra, que fue aceptada a regañadientes en el universo de los poderes establecidos porque no disponía de una oligarquía caciquil que la amparase y le diese legitimidad histórica. Esa comunidad a la que todavía hoy el Gobierno de España se permite desplantes con su presidenta que no haría nunca con la más pequeña de las Comunidades. Resulta que esa región sin derechos es la más dinámica de España. Está entre las primeras en todos los indicadores económicos y sociales relevantes: crecimiento económico, generación de empleo, porcentaje de emigrantes- -el 13 por ciento de la población según el último padrón de 2005- actividad laboral de la mujer- -la tasa de paro femenina es en Madrid 6 puntos inferior a la media nacional- estudiantes universitarios de otras regiones de España, de Europa y del mundo, destino preferente de la inversión extranjera (más del 50 por ciento del total) y sede de las principales empresas multinacionales. Y no en un año fortuito, sino en media de los últimos diez. No es fruto exclusivo de sus últimos gobernantes populares, que también. Sobre todo porque han sabido defender su modelo abierto y liberal frente a los ataques despiadados del pensa- ladrillo, añadiré que la industria aporta más al PIB regional que la construcción y que ésta ha crecido en Madrid por debajo de la media nacional en cinco de los últimos ocho trimestres. La razón de este éxito es sencilla. Madrid ha renunciado a las excusas y se ha puesto a trabajar con los instrumentos disponibles, el Estatuto y el marco de financiación general, para construir una economía abierta a todos, sin exclusiones. Como región rica, no ha cuestionado nunca sus obligaciones de solidaridad con el resto de España, y cabe decir que una primera estimación del sistema de financiación propuesto le reportaría del orden de seis mil quinientos millones de euros más, y por lo tanto de menos ingresos del Estado. Como región abierta, ha procurado profundizar en la libertad de mercado, no siempre con toda la fuerza necesaria, es cierto, pero sin retrocesos manifiestos. Como región joven, ha encarado el futuro como una oportunidad, no como una amenaza a su identidad, y no ha utilizado sus competencias para crear una nación, como hacían aquellos textos de la España Imperial que estudiábamos en esa maría llamada Formación del Espíritu Nacional y que ahora se han multiplicado por las autonomías, sino para hacer más prósperos a sus habitantes. Como región liberal, ha orientado la acción de gobierno a la creación de las condiciones que permitan el desarrollo de la iniciativa privada en un marco de igualdad de oportunidades, no a intervenir en las preferencias de los individuos mediante subvenciones o impuestos que alteran el sistema de precios relativos y lo ponen al servicio de lo políticamente correcto; el último ejemplo, la obligatoriedad del doblaje. Por cosas como esas, Cataluña tiene una inflación que es un 18 por ciento superior a la de Madrid. La literatura especializada en desarrollo económico habla mucho últimamente de costes de transacción. Un concepto oscuro incluso para los economistas, que me atrevo a interpretar liberalmente como el coste total de hacer negocios, incluyendo el coste de hacer gestiones, de la incertidumbre administrativa, de la inseguridad jurídica, de la legitimidad de las decisiones y de la dificultad de aplicarlas. La Comunidad de Madrid ha prosperado porque su Gobierno se dedica a reducir los costes de transacción. Otras regiones lo aumentan sistemáticamente. No es que Esperanza Aguirre sea más lista que Pasqual Maragall, es que tienen distintos objetivos. El de Aguirre es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El de Maragall, hacer país. Juzguen ustedes los resultados. Si además de asturiano y madrileño fuera nacionalista, estaría encantado, porque pensaría que la prosperidad es como la Liga de fútbol, que lo que uno gana lo pierden otros. Pero como economista sé que la tarta no sólo se puede distribuir, sino que se puede hacer más grande, o más pequeña. Por eso estoy preocupado, aunque Madrid vaya bien.