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62 Cultura DOMINGO 1 5 2005 ABC La biografía de Dora Diamant no sólo narra la última gran pasión del autor de El castillo por una joven judía, sino el trágico mundo que les tocó vivir a ambos. Dora fue la única mujer con la que Franz Kafka convivió Kafka, en brazos de su último amor TEXTO: TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. En un cementerio inglés, en el United Sinagogue Cemetery de Marlowe Road, en East Ham, hay una tumba en cuya lápida puede leerse un nombre, Dora Diamant, y la siguiente inscripción: Sólo quien conoce a Dora sabe lo que es el amor Estas palabras, hermosas y definitivas, fueron escritas por Robert Klopstock y constituían un homenaje al gran amor- -correspondido- -que aquella mujer sintió por Franz Kafka. Una joven judía- -alegre, espontánea. inconformista y parlanchina- que confesó que vivir con Franz un solo día valía más que toda su obra Cuando se conocieron, en días en que el aire tenía sabor marino, él tenía 40 años; ella, 25. La historia de esta pasión puede conocerse en un libro- Dora Diamant (Circe) de Kathi Diamant- que no sólo recorre la existencia de aquella relación de fascinación mutua, sino las circunstancias que la época les llevó a protagonizar como ciudadanos de un mundo terriblemente complicado que se encaminaba, con seguridad aplastante, hacia horrores diversos: Hitler, Stalin... En el ambiente podía percibirse ya el olor de lo terrible. Y, además, estaba la enfermedad de Kafka. La entrega de Dora fue total, porque ella y él superaron lo indecible al fundirse en una armonía absoluta. Kathi Diamant, a quien no unen lazos familiares con la protagonista de su obra, es fundadora y directora del Kafka Project de la Universidad de San Diego (California) y dirigió la investigación oficial para recuperar los documentos del autor que fueron confiscados por la Gestapo. Ha investigado más de una decena de años para escribir sobre Dora y ha logrado material hasta ahora inédito. Un día en la playa El autor de El proceso publicado tras su fallecimiento, murió el 3 de junio de 1924, pero ya en 1919- -los amantes vivían en Berlín- la situación de Alemania era caótica tras la derrota sufrida en la I Guerra Mundial. Se asesinaba a líderes políticos socialistas y comunistas como Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, y a líderes judíos. Aunque suene imposible, en 1923 el coste de la vida se incrementaba un veinte por ciento todos los días. Ese fue el mundo que les tocó vivir, al margen de los fantasmas interiores de Kafka y de su más que difícil relación con su padre. Pero Dora incluso pudo con aquellos espectros. Aquella joven polaca extraordinariente independiente no dudaba en enfrentarse a su padre, que era rabino. El deseo de la muchacha de aprender más sobre su religión se consideraba antinatural y destructivo Tuvo que simular que seguía las reglas impuestas en el hogar y por la sociedad, pero, en se- Dora Diamant sostuvo la cabeza de Franz Kafka segundos antes de que el escritor muriera creto, se unió a un grupo de teatro, un espacio al que regresaría a lo largo de su vida. Dora, que admiraba a las mujeres alemanas que transformaban el modo de entender la existencia femenina, estudiaba las leyes de la Tora, interesándose por los temas más profundos y humanistas. Quería, en fin, ser una mujer moderna. Dos veces se esca- ABC Vivían en un mundo complicado que se encaminaba, con seguridad aplastante, hacia horrores varios: Hitler, Stalin... pó de casa. La primera, su padre hizo valer su autoridad; la segunda, la dejó por imposible. Ella se marchó, según sus propias palabras, con el alma ansiosa Así llegó a dar, en julio de 1923, con Müritz, una localidad al norte de Alemania, junto al mar Báltico. Trabajaba como voluntaria en la cocina de una colonia para niños judíos. Un