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ABC DOMINGO 1 5 2005 Los domingos 51 los bávaros nunca les ha importado y posiblemente muchos ni lo hayan oído. Pero el nacionalismo bávaro tiene la ventaja de no ser rencoroso o separatista, sino del tipo que sugiere este comentario de su jefe de Gobierno, cuando aceptó batallar por la cancillería de Berlín: Debo preguntarme qué puede hacer Baviera por Alemania; pero, ojo, también qué haría Alemania sin Baviera La región, una vieja provincia romana con enclaves celtas, fue conquistada en el siglo V por invasores bayuvaros. Cristianizada entre el VII y el VIII por irlandeses y escoceses, como San Bonifacio, San Corbiniano, San Ruperto y San Emmeram, su historia está marcada por la creación del obispado de Ratisbona (Regensburg) punta de lanza en la Europa bárbara, su devoción por Roma manifestada en el enfrentamiento entre güelfos y gibelinos, y su pertenencia electora a la federación del Sacro Imperio Romano Germánico. La casa de Wittelsbach fue elevada a monarquía por Napoleón, y aceptó integrarse en una unión aduanera con Prusia en 1834, así como en el imperio en 1871. Su rey aceptaría el predominio del emperador y sería finalmente depuesto y sustituido por una breve república soviética en 1918, sucumbiendo al nacional- socialismo, finalmente liberada por EE. UU. y elevada a land federado en 1949. EPA A Benedicto XVI lo veneran en su tierra y el Papa lleva a gala sus raíces: gusta de beber cerveza Paulaner de Múnich, ama sus Alpes y pasea por sus bosques, como el que aparece a la izquierda, y su elección ha profundizado aún más en la idea de que la iglesia es un centro de socialización y, como puede verse arriba, el mejor escaparate GONZALO CRUZ Tradicionales hasta en política Baviera no es dada a las sorpresas, y menos en política, así que lleva eligiendo desde hace cuatro décadas al mismo partido, la Unión Socialcristiana (CSU) con lo que a veces hacer política de oposición queda limitado a mera cortesía democrática. Los politólogos creen que los bávaros quedaron algo espantados del torbellino de valores de los años 60 y 70, en cierto modo como ha admitido el propio Ratzinger; además, la costumbre local ve que el mundo pertenece a Dios y Él ya se ocupará de cambiarlo, visión políticamente no muy arriesgada. Suma el que, desde los 70, los socialistas cometieron el error de despreciar y perder toda relación con la antecámara de la política local, que son las asociaciones deportivas y culturales, que imbrican la sociedad bávara. Si el folclorismo y la estética a veces desbarran generosamente hacia lo kitsch, en medio de la campiña del río Isar la aparición del gigantesco Centro de Excelencia de Siemens simboliza la transformación bávara de la vaca con cencerro a la alta tecnología. La barriada de Martinsried de Múnich alberga el mayor centro europeo de biotecnología y, tal vez en reconocimiento a esta actividad, la ciudad es sede de la Oficina Europea de Patentes. También tienen el mayor centro de producción del cine alemán y, en el Süddeutsche Zeitung, uno de los grandes periódicos mundiales. La receta bávara ha sido atraer inversores, proporcionando fondos públicos de la privatización para financiar créditos blandos a la nueva empresa, una aproximación a la industria sorprendentemente socialdemócrata para un partido conservador que gobierna Baviera desde hace medio siglo. Pero el hecho es que 30.000 empresas de tecnología e información se han instalado en el Isar Valley junto a Múnich. El gran número de fiestas religiosas no impide que la economía marche mejor, con lo que Baviera transfiere en concepto de solidaridad fede- El flamante Papa, rodeado por los suyos en Roma AP ral un 13 por ciento de su presupuesto (4.400 millones) Pero el catolicismo bávaro es tan identitario, acentuado además por la batalla cultural centralizadora impuesta por el protestante Bismarck, que para Baviera es un modo de entenderse y explicarse a sí misma y, en el reciente debate sobre los crucifijos en las escuelas, los políticos aludían en su defensa a que es un signo cultural Un 34 por ciento de los alemanes se identifica como católico, y otro tanto protestante, pese a la gran secularización, pero también en esto Baviera es aparte. Aquí se habla abiertamente de creencias: Creo que somos más religiosos que los demás alemanes dice María enfermera (31 años) En la región de la que procede el Papa, es fácil que dos de cada cinco chicas se llamen María. No es sólo el barroco, el catolicismo es parte de la cultura y de la vida, de la familia Otra diferencia es que, mientras que los alemanes, por educación política, se resisten a manifestarse orgullosos de nada (que no sea el fútbol) los bávaros no tienen problema en hablar de su orgullo de tener un Papa en Roma, como subrayaba el alcalde de Marktl am Inn, la localidad natal, a unos kilómetros de la linde austríaca. Aquí, el Papa tiene raíces muy profundas, dicen antiguos conocidos. La iglesia es el principal punto de socialización en este mundo, y también de culturización, y, desde muy pronto, para el Ratzinger niño intelectualidad y piedad pasaron a ser dos caras de su personalidad. Ratzinger nunca fue un típico bávaro con tirantes- -dice su prima Ida en la vecina Prien- tiene una manera cultivada, es noble y reservado, pero muy cerca de nuestra tradición En sus memorias, de entre sus 38 libros escritos, Ratzinger ha dejado dicho que mi familia siempre fue muy patriota (bávara) y orgullosa de nuestra historia razón por la que muchos recuerdan mudanzas y dificultades de los Ratzinger en tiempos de los nazis. Por su parte, Benedicto XVI ha querido recordar a su Baviera en su escudo papal, manteniendo el que tenía en Múnich. La cerveza del Papa Sobre el tradicionalismo, el director del seminario de Traunstein, donde estudió el Papa, mantiene que sólo el que conoce la tradición puede diseñar el futuro Pero lamenta que la gente sea tan rápida juzgando sin conocer y opina que Ratzinger es un pensador muy sutil y matizado con una profunda comprensión de las tradiciones y un toque humano personal que fuera no se le conoce Lo cierto es que, abandonada la encomendada función de guardián de la fe, Benedicto XVI ha sorprendido a muchos, se ha mostrado incomparablemente abierto en sus alocuciones y bromista con los bávaros, a los que, cambiando al dialecto local, les ha narrado sentimientos durante y después de su elección. Así de cálido y humorado dicen recordarlo muchos. Por si acaso, él ha aclarado: Sigo siendo un bávaro, incluso como obispo de Roma Avisado queda. Y su cerveza preferida es la Paulaner de Múnich.