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50 Los domingos DOMINGO 1 5 2005 ABC LAS RAÍCES DE BENEDICTO XVI Baviera Una tierra que imprime carácter Baviera, moderna y tradicional, afanosa pero relajada, es de esas tierras que marcan para siempre. Será interesante ver cómo luce el chovinismo bávaro- -que nada envidia al polaco- -en el sillón más universal: el del Papa de Roma. POR RAMIRO VILLAPADIERNA aramente se dé lugar más proclive al cliché que Baviera, si se obvia a Andalucía, y es que precisamente pensar en Alemania e imaginar a un bávaro es tan fácil como al extranjero pensar en España e imaginar a una cordobesa. Y, como pasa con el tópico, todo lo que se dice es verdad, pero no es ni mucho menos todo, pues por algo los más fervorosos seguidores del modelo nacional bávaro parecen los catalanes. Encantados de conocerse. Baviera es moderna y tradicional, afanosa pero relajada, de esas tierras que marcan de por vida. Será interesante ver cómo luce el chovinismo bávaro- -que nada envidia al polaco- -en el sillón más universal: el del Papa de Roma. De entrada, los tópicos: cerveza, iglesias, montaña, fieltro, barroco, bandas de música, castillos, geranios, coros (yoddel) salchichas blancas, polkas y BMWs. Pero más que con pantalón corto y sombrero, hoy es fácil que el bávaro vaya de Armani, con un ordenador portátil y al volante de un descapotable, aunque lleve detrás a tres niños. Y por supuesto que él y ella tienen su el traje- -de ahí viene- -tradicional, pero es para las cenas, y el color de piel ya no es el de la montaña, sino de rayos uva. En su ensimismamiento, Múnich es sinónimo de música y pintura, y no deja de ser una de las metrópolis modernas y cosmopolitas de Europa y, estadísticamente, la ciudad en que todo alemán quisiera vivir. Para todas las complejidades alemanas, Baviera parece incomparablemente resuelta y feliz de conocerse: Bismarck decía ya que Baviera había sido la única región alemana capaz de crear una ciudadanía contenta de su sentido nacional que esto sí que es un hecho diferencial: el país que era reino hasta hace ocho décadas no le echa la culpa de nada a nadie y está convencido de que el resto de Alemania quisiera ser como ellos, sólo que ni saben ni pueden Pues ¿no tenemos el primer Papa bávaro en 2000 años y resulta que estos prusianos se lo quieren apropiar? escribía en Die Welt un comentarista próximo al hasta R IGNACIO GIL Ratzinger, dicen sus compatriotas, nunca fue un típico bávaro con tirantes Ahora, el se viste para las ocasiones de gala, como la visita al Papa, y el moreno de la piel no procede de su campiña- -a la derecha- sino de los rayos UVA GONZALO CRUZ ahora cardenal Ratzinger. La frase hace referencia a que, para los bávaros, lo que hay al norte del ecuador de la salchicha blanca es Prusia, o sea Alemania; que no es que ellos no sean alemanes, naturalmente, somos bávaros que sería lo mismo pero muchísimo mejor. Alemania sería un tinglado de alemanes que montó Bis- marck y sus soldadotes hace siglo y medio por ver de meter la cuchara en Baviera. Felices de su tempo lento, de figurar desde el siglo VI como una de las primeras creaciones estatales, de sus profundas creencias, de estar más cerca de Roma que de Berlín, de ser más divertidos y vivir más y mejor, convencidos de la espectacular belleza de sus Alpes, sus lagos y su Danubio, de tener en Múnich la mejor ópera del mundo y en Bayreuth su gran festival wagneriano. Naturalmente- -explica el politólogo Jürgen Falter, de la universidad de Mainz- -esta actitud es insoportable y denostada por el resto de los alemanes, que lo menos que hacen es sacudir la cabeza repitiendo como un mantra liberador frases como están locos estos bávaros pero todo esto a