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ABC VIERNES 29 4 2005 Opinión 7 ÁNGEL CÓRDOBA Algunas de las personas que mejor sirven al BCE proceden de países pequeños. Impedir a los países pequeños- -además de a otros grandes- -competir por determinados puestos vacantes reduce la posible competencia del Comité Ejecutivo no garantiza que el nombramiento recaiga en la persona más apta y políticamente independiente; sólo aumenta la probabilidad de semejante resultado. Al fin y al cabo, los gobiernos miembros seguirían eligiendo a los candidatos y en un proceso esencialmente político no se puede rehuir la política. Si los gobiernos miembros se proponen elegir malos candidatos, será imposible evitarlo. Aun así, es muy probable que el resultado de un proceso competitivo y abierto, aunque con los inevitables tira y afloja y transacciones políticas que entraña, sea la elección de miembros mejores para el Comité Ejecutivo que mediante el sistema actual. Los funcionarios superiores del BCE, conscientes del peligro de que Schröder elija a un candidato dudoso para el cargo de Issing, están ya examinando discretamente posibles maniobras para impedirlo. Una propuesta que corre actualmente por Fráncfort es la de dividir el cargo actual en dos y transferir parte de las atribuciones del economista principal a otro miembro del Comité. Otra es la de separar totalmente la jefatura de la sección de economía del puesto alemán La cuestión es si Alemania reaccionará afirmando que le pertenece el cargo de Issing, además de su puesto. Hasta ahora, los países grandes han podido salirse con la suya en su ocupación del poder, porque los pequeños han estado demasiado desunidos para lanzar un contraataque eficaz. Bélgica, por ejemplo, se queja constantemente de su falta de representación en el Comité Ejecutivo, pero ha estado más interesada en pedir un trato igual al de los Países Bajos en el BCE que en aplicar una estrategia común con su vecino para contrarrestar la injustificada posición de los países grandes en pro de la existencia de puestos permanentes. Los nuevos miembros de la UE procedentes de la Europa central y oriental, en particular, se juegan mucho con el desenlace de esa cuestión. Muchos de los nuevos miembros serán países pequeños que introducirán el euro algún día y querrán tener un puesto en el Comité Ejecutivo. Si no es posible, porque los países grandes originales hayan copado la mayoría de los seis puestos del Comité para sí, la opinión pública de Europa- -que es mayor que la opinión alemana, francesa, española e italiana- -podría volverse contra el BCE. Tan sólo por esa razón, la competencia por los limitados puestos del Comité Ejecutivo debe ser abierta. Project Syndicate, 2005 LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA CUOTA SIMPSON ÉPLICAS andantes de la familia Simpson acechan en aeropuertos, estaciones de tren, playas y museos. Eructan, avanzan como bisontes extraviados, comen y hablan con la boca llena, ponen los pies en los asientos y ostentan esa gracia imperecedera de la buena gente crecida en un mundo ya sin manuales de urbanidad. Incluso tienen sentimientos aunque nunca deberes. Si el clan viaja al completo, el más normal es el tortuoso señor Burns, por lo menos capaz de distinguir entre bien y mal en un mundo de simpleza moral legitimada por la disfuncionalidad. Millones de telespectadores comparten la vagancia de los Simpson, tal vez porque como papá Homer VALENTÍ acostumbra a decir: Si alPUIG go es difícil de hacer, no vale la pena hacerlo Todos tenemos ya algo de los Simpson, como un polen clónico que universaliza al adolescente que es un delincuente hiperactivo o a la hija saxofonista. Son dioses de la pequeña pantalla. La aparición de la familia Simpson en la ciudad de Springfield fue inicialmente la botadura de un velero pirata, políticamente incorrecto, pero la hegemonía irrefutable del mimetismo la ha transformado en código de normalidad. Las crisis de los Simpson ya no son el eco de una parodia- -a menudo de Star Trek- sino una solicitud de compasión por mucho que se merezcan esas catástrofes inminentes que al final un destino benévolo resuelve con magnanimidad. Es por estas razones que los Simpson se han salido de madre y andan a sus anchas haciendo cola en el museo del Prado, trotan por la Gran Muralla China o acaban de polucionar las aguas de Venecia. De la sociología al mito, las anormalidades acaban por ser modelo. Como siempre dice Bart: ¡Ay, caramba! Vivir al día mientras pague el Estado asistencial, ésa es la gran aventura. Luego todo se resume en que la sociedad acaba discriminando positivamente el microcosmos que representan los Simpson, tan necesitados de afectos, tan disfuncionalmente ubicados en la práctica del sin esfuerzo, tan activamente inactivos. Los guionistas logran ocurrencias, pensamientos e ingeniosidades expresivas para poner en boca de una conciencia iletrada, fagocitada por la televisión y abrevada en la barra del Moe s De ahí ha despegado un ejército de familias Simpson para obstruir las entradas de los grandes almacenes, comer pedazos de pizza chorreantes de queso fundido y lanzar gritos de guerra bajando por las escaleras automáticas de un museo del OVNI. Esa proliferación clónica por vía de la discriminación positiva genera un efecto de llamada muy potente: incluso la policía de aduanas se asemeja hoy en algo al corrupto Mayor Quimby y todos tenemos unas primas que son exactamente como las hermanas de Marge. Al abuelo Simpson le vemos todos los días, hecho una furia, dándole de patadas a un contenedor de basura. Cada época tiene los monstruos que se merece. R PALABRAS CRUZADAS ¿Sirve para algo el Ministerio de la Vivienda? HOY NO... PERO PODÍA SERVIR PARA NADA ERDÓN, perdón, se me escapó. Es malo crispar en tiempos de talante guay y de autoridades tan simpáticas como las que gracias a Dios (entre otros) disfrutamos. Y además, pensándolo bien, es falso. La legislación y la política de suelo y vivienda en general, y el Ministerio en particular, no son inútiles sino perjudiciales para los ciudadanos, a los que empobrecen mediante impuestos y encareciéndoles sus viviendas con exacciones, regulaciones y demás usurpaciones de su propiedad privada (otra vez, con perdón) Por otro lado, es beneficioso para políticos, burócratas y algunos otros lisC. RODRÍGUEZ tillos del campo sindical y empresaBRAUN rial. Todos ellos, si la política estribara en la libertad en vez de en la intervención, deberían ganarse el pan como los panaderos, es decir, sirviendo a los ciudadanos. El Ministerio es útil para el Gobierno, porque le permite desviar la atención de otros fallos más siniestros. Y es particularmente útil para los comentaristas, porque nos provee de sistemática y suculenta carnaza. Y también, por qué no decirlo, para el pueblo soberano: es verdad que paga toda esta onerosa y obscena juerga, pero a cambio puede echar unas risas con los trucos de la Truquillo R ESUCITAR el Ministerio de la Vivienda fue una ocurrencia desde la propaganda, una conclusión mecánica de gente poco avezada, ante el problema de una euforia de los precios inmobiliarios, consecuencia de una imprevista y exuberante demanda. Una decisión tan inmadura como irrelevante. Crear órganos administrativo- políticos para afrontar problemas reales suele añadir más carga al problema original. Pero cometido el error, podría haber dado fruto. Crear un ministerio, además de más gasto y enredo, otorga oportunidad para la agitación y para deshacer embrollos. Eso requiere contar con personas avezadas y expertas en la materia, F. GONZÁLEZ que acierten a poner en valor algunas deURBANEJA cisiones. Zapatero podía haber buscado al más experto promotor inmobiliario para encargarle modernizar ese mercado; un mandato temporal y patriótico, sin cupos ni cuotas. Un ministerio para amortizar, dirigido por una persona y un equipo capaces de crear, de deshacer tapones y de sembrar oportunidades. No fue el caso. Crearon el órgano que se va poblando de burócratas inexpertos que sólo dan que hablar. No sirve; si le hubieran dedicado algún pensamiento adicional, se lo habrían ahorrado o podían haberle alumbrado con más fuste y posibilidades. El problema ahora es cómo cerrarlo sin herirse. P ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate vpuig abc. es