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ABC VIERNES 29 4 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS OTRA VEZ LOS ALBERTOS ARECE ser que el Tribunal Constitucionalseencuentra dispuesto aconceder amparo a los Albertos hasta convertir en papel mojado una sentencia impecable del Tribunal Supremo. Se trata precisamente de la sentencia que condena a los Albertos a tres años y pico de cárcel por dos delitos de estafa y de falsedad en documento público en relación de la actuación de los dos primitos en la venta de las torres de Kio. Y puedo calificar de impecable esa sentencia porque el Tribunal Constitucional no ha encontrado en ella nadaque permitarevocarla, y en cambio ha preparadoel terreno para poder declarar una prescripción tan caprichosa que en lugar de depender del plazo que la ley señala, JAIME puede depender del moCAMPMANY mento en que un juez o un tribunal decida realizar un acto judicial sobre el caso. Trataré de explicarme mejor o más claramente. Usted presenta una querella motivada por la perpetración de un delito cualquiera. Presenta esa querella dentro del plazo fijado por la ley para que tal delito prescriba. Parece claro que si la querella se presenta después de la finalización del plazo de prescripción, el delito ha prescrito. Si se presenta antes, el delito no puede beneficiarse de la prescripción, interrumpida al ser presentada la querella. Está claro como el agua, ¿no? Bueno, pues el Tribunal Constitucional inventa la interpretación de que si el juez o el tribunal toma una decisión sobre el caso cuando ya ha pasado el plazo de prescripción, el delito ha prescrito, sin tener encuenta la fecha de presentación de la querella. El Tribunal Constitucional ha aplicado esta peregrina teoría al recurso presentado en cierto caso protagonizado por un matrimonio de Orense. Aplicando la misma doctrina al caso de los Albertos, la querella presentada antes de la terminación del plazo legal de prescripción, se consideraría que llegó cuando el plazo ya estaba más que cumplido. Es una manera de dejar al arbitrio o capricho del juez, o a su diligencia, la fecha de prescripción de los delitos. En el caso de los Albertos, como el juez realizó un acto judicial sobre la querella después de terminado el plazo de prescripción, sus delitos de estafa y falsedad, que no habían prescrito, sí que habrían prescrito. Por fin han encontrado los magistrados del altísimo Tribunal la fórmula que permite exculpar a los Albertos. Hace tiempo que los abogados y juristas expertos en hurgarle a la ley las rendijas y las cosquillas buscan la forma de invalidar la sentencia del Tribunal Supremo que condena a los Albertos a cumplir pena de cárcel. Hasta ahora, el Tribunal Constitucional se ha limitado a admitir su recurso a trámite y dejar en suspenso la sentencia del Supremo. El hallazgo y la aplicación de esta interpretación pintoresca de la prescripción de los delitos hace sospechar que se vaya a aplicar al caso de los Albertos. No cabe duda de que todos los españoles somos iguales ante la ley. Pero tal vez no seamos tan iguales ante las interpretaciones de la ley. Y ahora me voy con Quevedo. P NIHIL OBSTAT EUROVISIVO H UBO una época en la que enviar a alguien a Eurovisión suponía un problema para el departamento de musicales de TVE. Ahora parece que también, pero por razones distintas. Antes, le daban alguna vuelta al tema y acababan eligiendo a bulto entre lo que tenían a mano y lo que le habían presentado algunas discográficas. No era demasiado atractivo ni para los participantes ni para los espectadores, que ya habían superado aquellas épocas en las que, efectivamente, se paraba el país y en las que todos sabían quién y con qué canción se había defendido el honor patrio por ahí. Ruayam Uní, de puán, Yunaitedquindon, chu poins. Se lo sabía todo el mundo al dedillo. Se produjo, como sabemos, el advenimiento de Operación Triunfo, aquél invento que efectivamente unió al país más que cualquier otra iniciativa histórica- -Pujol fue el único en darse cuenta del peligro y por eso CARLOS instruyó a su pueblo diciendo que HERRERA era rancio y tal y tal- y el festival volvió por las andadas. De nuevo media afición echando cuentas y otra media pendiente de las canciones, normalmente espantosas, que cada delegación aporta como vanguardia del gusto rítmico cantado en inglés. Este año TVE ha seleccionado a un trío de jovencitas ecijanas simpáticas y radiantes que interpretan una intrascendente canción de su tiempo que se llama Brujería y que es tan mala como las últimas que han escuchado los europeos en estos recientes festivales en los que, la verdad, tampoco hay por qué enviar al espíritu de Pau Casals interpretando a Granados. La polémica surge a cuento de que, a media canción, hay un par de versos- -por llamarlos de alguna manera- -que han despertado las iras de algunas representantes de estas redes feministas que están permanentemente de guardia, vigilantes ante cual- quier desliz semántico que resulte incorrecto a sus ojos. La letra dice: Tú me dominas con sólo mirarme y no me hacen falta cuerdas para atarme lo cual es un escándalo de dimensiones cósmicas para el pensamiento único y para los dictadores de lo políticamente correcto. Hay que tener ganas de leerse una canción de Eurovisión, en cualquier caso, pero se la han leído y han exigido que el autor retire inmediatamente esa imagen de mujer sometida que tanto daño hace a la lucha contra el sexismo y etcétera, etcétera. TVE, en un arranque de sensatez, ha dicho que va a dejar las cosas como están. Pero que no estén tan tranquilos: las paranoias ultracorrectas de determinados espíritus censores movilizarán de aquí en adelante no pocos resortes para que semejante ultraje no salga adelante y me juego lo que quieran que algún miembro del Gobierno se manifestará en este sentido de aquí a cuatro días. No les extrañe que, en virtud de su lucha contra la discriminación por género y su estricto sentido de la paridad, cualquier ministro baje a la arena y exprese su indignación. Tipo Carmen Calvo Dixit o López Aguilar. Entonces TVE no tendrá más remedio que envainársela, aunque suene sexista lo de envainársela, porque la inquisición habrá vencido y todos nos acostaremos satisfechos de vivir en un país en permanente vigilancia desde esos cuarteles pogres en los que se duerme con un ojo siempre abierto por si suenan las alarmas. No obstante le doy una idea al creador de la letra: que diga que es una historia que protagonizan dos mujeres poco antes de decidir casarse. Leído así ya verán cómo no despertará la misma intransigencia. Los ministros recogerán su vela al viento y las feministas irritadas reconsiderarán su postura. La canción pasará todos los filtros y su pureza final, su Nihil Obstat llevará el marchamo de aquéllos que son capaces, incluso, de gastar su tiempo y sus subvenciones en temas intrascendentes. www. carlosherrera. com