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ABC JUEVES 28 4 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC TRISTEZA DE ESPAÑA POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA Y luego hay la cuestión religiosa, artificialmente resucitada. El cristianismo ha estado, está, unido a nuestra cultura. Si ha habido excesos, pagados están. Pero quedar huérfanos, no entender nada de nuestra historia, nuestros ritos, nuestro arte... H E estado diez días en Libia, con setenta miembros de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, recorriendo las ciudades griegas y romanas: Cirene, Leptis Magna, Sabratha. Espléndidas ciudades. Recordando a Heródoto y a Píndaro, a Trajano y Adriano, Marco Aurelio y Septimio Severo, Justiniano y los cristianos. A todos los que, a través de descendientes ilustres, conformaron nuestro mundo, que algunos pretenden hacer olvidar. Sin ellos no seríamos lo que somos. O lo que deberíamos ser. Explicábamos todo aquello Antonio Alvar y yo. Luego, procuraba olvidar la tristeza de España. En cuanto se abre la TV o un periódico, se reencuentra. No hablo del Gobierno, todos abusan de la TV. Pero ¿a qué tanta cancha a ese personal impresentable que ya saben? ¿Por qué hacerles la propaganda gratis? Va contra la salud mental del pueblo español. Cuando uno espera reencontrar lo malo, algo de bueno encuentra. Por ejemplo: el Gobierno, el Tribunal Supremo y el Constitucional han rechazado la primera candidatura filo- ETA (y tolerado la segunda) Por ejemplo, parece que se ha logrado ofrecer, en los planes universitarios de Filología, el español como una titulación propia. Y una titulación de Filología Clásica. Es para felicitarse. Pero luego, ¿qué les voy a decir? En lo internacional seguimos siendo un paria, una cabeza de puente en Europa de los populismos hispanoamericanos. En la lengua, desde el primer momento, el español como lengua común, la única que todos los españoles tienen obligación de conocer y derecho a usar, que dice la Constitución, sigue sufriendo recortes. Vastas áreas, desde la enseñanza a la Administración, se le substraen. Hay una represión bien evidente. Y un volver la cabeza a otro lado. Podría haber habido acuerdos, soluciones. Nada. Y lo que no era un problema, la existencia de lenguas varias, absolutamente respetables, junto a una lengua común que hablan todos, convenientemente explotada sigue convirtiéndose en una serie de presiones intolerables y en un pretexto para enfrentamientos políticos. Pero si esto viola el artículo 3 de la Constitución, los partidos separatistas y filoseparatistas violan el 6, el que dice que los partidos son libres dentro del respeto a la Constitución No sólo no la respetan sino que quieren modificarla a su favor. marías, intervención de autoridades múltiples, hermosos términos abstractos, nada que proponga, simplemente, instruirse. Saber cosas. Los profesores preferirían pocas materias importantes, obligatorias, sin opcionales que las contorneen. Tememos por lo poco que para el Latín y el Griego se había conseguido, con el PSOE y el PP: un cierto equilibrio, a la baja. Ahora, otra vez a empezar, como en el juego de la oca. ¿Habrá que visitar, una a una, las diecisiete Autonomías, a ver qué nos conceden? ¡Qué cansancio! Es, al menos, reconfortante que más de 2.500 personalidades hayan firmado un manifiesto de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y las Reales Academias Española y de la Historia respalden el estudio de los clásicos en la enseñanza secundaria. Un poquito de diálogo y talante es lo que pedimos del Gobierno, que, pienso, no habría debido reiniciar este tema. Incertidumbre tras incertidumbre. Todo un panorama artificialmente triste, en un país vigoroso, unido por una historia larga y difícil que sólo mentirosamente es negada. La transición fue un modelo en el mundo, el socialismo de Felipe González, tras algunos excesos y con algunos errores (como en Educación) volvió al camino de nuestra historia, hizo crecer a España. Peores todavía son esos intentos de reabrir las heridas de España, ya olvidadas por la mayor parte de los españoles. Pero hay profesionales. Lo de la estatua de Franco fue ruin. Y están en lista de espera, parece, el Valle de los Caídos y el Arco de la Victoria. No sé si las pirámides de Egipto. Y hay quienes se dedican a desenterrar muertos, otros a escribir falsas historias, maniqueas. ¿Por qué no dejan a los muertos seguir muertos y a los vivos vivir? La guerra civil quedó atrás, o eso pensaba la inmensa mayoría de los españoles. ¿No es más urgente seguir adelante? Y luego hay la cuestión religiosa, artificialmente resucitada. El cristianismo ha estado, está, unido a nuestra cultura. Si ha habido excesos, pagados están. Pero quedar huérfanos, no entender nada de nuestra historia, nuestros ritos, nuestro arte, nuestra moral tradicional, es bien penoso. De los padres no se reniega, se ha visto estos días. ¿Llegará algo de esto a la legislación? De momento, el desafío más fuerte es el vasco. Todo el frente que va de ETA al PNV está a la ofensiva. Este último partido, el más peligroso, fue recibido en las Cortes con honores, en la persona de Ibarreche. Y ahora todos los españoles sufrimos con sólo ver las imágenes de esas elecciones. Y sufriremos del resultado. Quizá pudiera haber sido peor, pero tampoco es bueno éste. Ni lo sería ningún otro mientras cada poco se someta a votación la integridad de España. Es algo que habría debido evitarse. Y luego está la educación. La ministra ha expuesto, por fin, su proyecto. Lo de siempre: flexibilidad, opciones no definidas, menos materias serias y más Ahora retrocedemos a un entorno poco democrático, poco igualitario, poco socialista. De cuando en cuando, hay un golpe de timón acertado. Pero otras cosas son puro masoquismo, como aquél del 98. La democracia consiste en la igualdad y el respeto a las normas. Es crisis siempre, pero dentro de unos límites prefijados. Si no, explota. Exige, en España, respeto a cosas tan elementales como la unidad de la nación o la lengua española. Y no hay igualdad cuando se enfrenta a las comunidades por el agua o el dinero. O se les entrega la educación, con resultados pavorosos en algunas. Ni creo que todo esto sea exactamente socialista. El socialismo ha ganado la batalla política, hoy todos los partidos son más o menos socialistas. Y ha superado sus orígenes rebeldes, integrándose en la democracia y renunciando a ciertas utopías. Pero, al triunfar, se ha quedado sin un programa suficientemente diferenciado. Y busca votos en las causas marginales, en las extremistas y en las separatistas. Causas nada socialistas. Una desgracia para todos, para ellos los primeros. Por otra parte, el socialismo español, cuyo núcleo central es burgués y progresista al tiempo, español también, está tironeado, desde antiguo, por grupos radicales. Los de la huelga de 1917, los de las revoluciones y virulencias de 1934 y 1936, que crearon el ambiente del que salió la guerra civil. La alianza de socialismo y catalanismo separatista y la de un ala socialista y los comunistas y anarquistas estuvo en el centro de aquel desastre. Luego, el socialismo aprendió: muchos socialistas lo sabían desde el principio, pero fueron apartados del poder, lean los libros de historia. Cuando en 1982 subió al poder de nuevo, limó, ya digo, algunos excesos, se integró en la línea central de la nación. No dudo que muchísimos de entre los socialistas siguen pensando así. Pero hay esa terrible tendencia a repetir enfrentamientos nocivos y alianzas deletéreas. Es triste el panorama al que hemos llegado: aislados en el mundo, fragmentados por dentro, repitiendo viejos tópicos, rumiando una y otra vez un pasado del que habría que aprender para luego olvidarlo, convirtiendo cualquier cosa en arma política. Haciendo como si fuera normal lo que, desde luego, no es normal en una nación rica- -se ve viajando fuera- -y progresiva. Llevamos el desmadre con cierta dignidad, viendo lo menos posible, comentando lo menos posible, pensando que ya pasará, ya lo arreglará alguien con ayuda del sentido común. Pero el desmadre va siendo ya excesivo. Vivimos fundamentalmente de lo que queda de la vieja España, y de la esperanza de que el turbión, bastante artificial, pasará.