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60 MIÉRCOLES 27 4 2005 ABC Cultura y espectáculos El escritor y premio Cervantes, fotografiado en 2003 durante una entrevista EFE Muere, a los 87 años, Augusto Roa Bastos, último realista de la generación del boom iberoamericano En Yo, el Supremo acuñó el término tiranosaurio para los dictadores b El autor paraguayo falleció ayer por complicaciones surgidas en la intervención quirúrgica que se le practicó después de golpearse la cabeza en una caída en su casa SUSANA OVIEDO CORRESPONSAL ASUNCIÓN (PARAGUAY) El más importante de los escritores paraguayos, Augusto Roa Bastos, premio Cervantes en 1989, murió ayer en Asunción, cuatro días después ser sometido a una operación quirúrgica de urgencia como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico producido al caer accidentalmente en el modesto piso que ocupaba en la capital asuncena. La noticia sorprendió a la opinión pública, particularmente porque en la mañana de la víspera el parte médico daba cuenta de que el escritor se recuperaba favorablemente, tras retirársele el respirador en la Unidad de Cuidados Intensivos. Pocas horas antes de su fallecimiento, Roa recibió la visita de algunos amigos muy cercanos a los que una intermitente lucidez permitió reconocer. Sin embargo, no pudo emitir palabras. Su cardiólogo, el doctor Rómulo Caffarena, informó a la prensa de que la edad y el estado de deterioro en que se encontraba físicamente don Augusto hicieron difícil su restablecimiento. Superó la operación y nos volvimos optimistas por la evolución que estaba teniendo admitió el médico. En sus últimas horas su hijo mayor, el escritor Carlos Roa Mascheroni, fue el único de sus cinco hijos que estuvo a su lado. La inesperada noticia provocó una gran conmoción en todos los ámbitos, más aún porque el pasado 11 de abril reapareció públicamente, después de mucho tiempo, en el Centro Cultural de la República El Cabildo. Días antes había cobrado notoriedad en la prensa nacional tras una denuncia formulada por su hija, Mirta Rosa Mascheroni, también residente en el exterior, contra la asistente personal del escritor, a la que acusó de haberlo descuidado y de mantenerlo en total abandono, sobremedicado y aislado, y del robo de 27.000 dólares (unos 21.000 euros) Las hermanas del escritor, la hija y varios de sus amigos confirmaron tal situación y adoptaron medidas para que se brindará mejor atención al escritor, quien, según testimonios, una vez salió a pedir comida, porque su asistente lo había dejado sin alimentos y solo. Antes de la caída que sufrió en la madrugada del viernes en su apartamento, Roa, imbuido de un inusitado entusiasmo, había confirmado su participación, el pasado 23 de abril, en diversos actos. Apenas conocido el deceso, el Congreso Nacional declaró duelo parlamentario y se aguardaba que el Po- der Ejecutivo declare duelo nacional. El Ministerio de Educación y Cultura anunció una despedida multitudinaria con participación de estudiantes de todo el país el día del sepelio. Además informó que publicará una edición especial del Quijote, con prólogo de Augusto Roa Bastos. Más de veinte títulos, entre novelas, cuentos, obras de teatro y poesía, componen su obra, que ha sido traducida a veinticinco idiomas. Deja dos obras inéditas, de las que siempre decía que aún no estaban del todo listas: una novela, con el título provisional Un país detrás de la lluvia y un libro de proverbios, al que pensaba titular Mil proverbios rebeldes Austero y sufrido Augusto Roa Bastos nació en 1917 en Asunción. Pasó su infancia en Iturbe, un pequeño pueblo de la región del Guairá, escenario de sus primeros relatos. Con apenas 15 años se fugó con un grupo de compañeros de colegio a la Guerra del Chaco, contra Bolivia (1932- 35) como asistente de enfermería. Trabajó en múltiples oficios, entre ellos, el de periodista. En 1945, invitado por el British Council, viajó a Gran Bretaña y Francia, y sus entrevistas y crónicas del final de la II Guerra Mundial se publicaron en el diario El País de Asunción. En 1947, ya de nuevo en Paraguay, las persecuciones desencadenadas por la dictadura militar, tras una breve primavera democrática, le obligaron a huir a Buenos Aires, donde vivió un prolongado exilio. En Argentina sobre- Deja dos obras inéditas, de las que siempre decía que aún no estaban del todo listas: una novela y un libro de proverbios: Mil proverbios rebeldes