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ABC MIÉRCOLES 27 4 2005 29 Schröder se suma a Chirac en la campaña por el sí en el referéndum francés sobre la Constitución europea Histórica visita a China del presidente del Kuomintang, el partido de los nacionalistas taiwaneses Las tropas sirias se han retirado del Líbano en consonancia con la resolución 1.559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que llama asimismo a disolver y desarmar a la guerrilla proiraní del Partido de Dios ¿Quién le pone el cascabel a Hizbolá? TEXTO J. CIERCO JERUSALÉN. Lo dice con todas las letras la resolución 1.559 del Consejo de Seguridad de la ONU, aunque aquel 2 de septiembre de 2004 no se pusieron nombres ni apellidos: Todas las milicias libanesas y no libanesas deben ser disueltas y desarmadas Se hablaba de todas, pero los redactores de la resolución, lanzada por Estados Unidos y Francia, pensaban en una: en la guerrilla chií proiraní de Hizbolá, el Partido de Dios. Con la retirada completada ayer de las tropas sirias del País del Cedro todas las cartas menos una están boca arriba. Considerada una organización terrorista por Washington, no por Bruselas, Hizbolá es la única fuerza militar árabe que ha derrotado a Israel, que tuvo que salir por la puerta falsa del Líbano en mayo de 2000. Pero no es sólo eso. lleros caídos en combate con Israel... Con el apoyo económico de Teherán y el sustento de una Siria ahora en retirada, la fuerza de Hizbolá preocupa en Estados Unidos, en Israel y en la Unión Europea. Es el actor clave en la nueva era que se abre en el Líbano tras el adiós sirio. Y esa fuerza indiscutible descansa en su capacidad militar. Desarmar a Hizbolá no será fácil. Tan compleja parece la operación que ni siquiera los líderes de la oposición, con el druso Walid Yumblatt a la cabeza, apuestan por llevarla a cabo a corto plazo. Un millón doscientos mil chiíes El jeque Nasrallah es más consciente que nadie de la necesidad, por el momento, de mantener armado al Partido de Dios. Nadie le discute esa intención en los barrios más pobres de Beirut; ni en Baalbek, ni en sus feudos del sur del Líbano. Un millón doscientos mil chiíes, de los casi cuatro millones de libaneses, lo secundan. Con este apoyo político que pasará otra prueba del algodón en las legislativas de mayo; con su red social; con el sustento de Irán y de Siria (aunque en la distancia) a ver quién se atreve, por mucho que lo diga la resolución 1.559 del Consejo de Seguridad de la ONU y lo exijan Estados Unidos e Israel, a ponerle el cascabel a Hizbolá. Combatientes de Hizbolá, durante una fiesta religiosa chií en el sur del Líbano AP Doce diputados en Beirut Hizbolá es un partido político con doce diputados en el muy fragmentado Parlamento de Beirut. Su influencia y su peso crecen día a día. Una sola llamada pública de su líder, el jeque Hasán Nasrallah, a través de su cadena de televisión, Al Manar, y de sus emisoras de radio, reunió a medio millón de manifestantes hace dos meses en la capital libanesa para oponerse a las presiones de la comunidad internacional tras el Su red asistencial tiene cuatro hospitales, doce escuelas, guarderías y orfanatos... y la Fundación de los Mártires, que atiende a viudas y huérfanos de los 1.250 guerrilleros caídos frente a Israel asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri, el pasado 14 de febrero, en un atentado con diecisiete muertos. Cuenta también Hizbolá con una red de asistencia social que se traduce en cuatro hospitales en los que atiende a los enfermos a mitad de precio; en doce escuelas en las que las familias más pudientes del país matriculan a sus hijos; en guarderías y orfanatos; en la Fundación de los Mártires, donde se cuida a las viudas y los hijos de los 1.250 guerri-