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34 Madrid MARTES 26 4 2005 ABC Las seis primeras casas ocupadas ilegalmente, de un total de veinte, fueron reducidas ayer a escombros por las excavadoras en un barrio de Vallecas. Sus ocupantes se han quedado en la calle De la patada en la puerta a vivir en la calle en Vallecas TEXTO: M. J. ÁLVAREZ FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Es cierto que me metí en una vivienda que no era mía, pero estaba vacía y no tenía a donde ir: estaba en la calle Así de rotunda se expresaba Luz Divina Fernández, una joven embarazada de ocho meses. Ocurrió hace cuatro años y desde ayer vuelve a estar en la misma situación que entonces. Ya lo esperaba. Hace dos semanas recibió una notificación judicial con la fecha del desalojo y derribo de su precaria residencia. El día señalado fue ayer. A partir de las 10 de la mañana, la piqueta se encargó de hacer añicos la infravivienda en la que había vivido con su hija y su marido durante este tiempo. Como ella, hay otras personas- -25- -en la misma situación, ocupantes de las seis viviendas situadas en la calle de Perelada, en la zona del Alto del Arenal (Puente de Vallecas) Son de etnia gitana. Accedieron por el mismo método: el de la patada en la puerta Como ellos hay otras familias, una veintena, de ésa y otras dos calles aledañas, que correrán la misma suerte en mayo. En total, un centenar de personas. Ellos han sido los primeros. al menos, una habitación o un piso viejo y pagar el alquiler. ¡Aunque sólo sea por estas criaturitas! ¡Somos humanos! Medio centenar de personas- -han acudido familiares- -están en la zona ante el panorama de un solar repleto de escombros. Han llevado mesas y hamacas. Aseguran que no se piensan mover de allí porque no tienen donde ir. En casa de mis padres hay veintitantas personas, ya no cabe un alfiler dice Israel. Otros se quejan de que, prácticamente, están con lo puesto, aunque han tenido tiempo de vaciar el inmueble. No tenemos donde ir ¿Dónde vamos a meter nuestras cosas? se interroga. Algunas están ahí- -señala varios sofás, polvorientos, y sillas- Los electrodomésticos se quedaron dentro dice. Nos han creado ilusiones que se han desvanecido añade otra mujer. Alude a una carta del Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima) del 17 de marzo, en la que requerían a los habitantes de la zona, en fase de remodelación, la presentación de documentos para proceder al realojo, entre ellos, la fotocopia del contrato de la vivienda o del alquiler. El director gerente del Ivima, Domingo Menéndez, sale al paso de las afirmaciones anteriores y dice que esa nota se le entregó a todo el mundo, pero que es evidente que no podían acreditar algunas cuestiones. Es lamentable tener que llegar a estos extremos- -indica, en alusión al desalojo- sin embargo estas personas eran plenamente conscientes de su ilegalidad y accedieron a viviendas inutilizadas por su estado y falta de salubridad La antigüedad y el deterioro de los inmuebles, de dos plantas, es la causa de la remodelación, que comenzó en 1996. Los inquilinos y propietarios son Las familias desalojadas quieren una solución y dicen que no tienen donde ir Mujeres embarazadas y niños, algunos recién nacidos, se han instalado frente a las casas derribadas Los ocupantes ilegales de casas no pueden tener el mismo derecho que el resto afirma el gerente del Ivima realojados en pisos construidos por el Ivima en la zona. Ya se han entregado 112 y quedan pendientes otras dos fases, 162 en total; y, precisamente, la actitud de los ocupantes de los edificios derribados ayer está retrasando la primera fase, de 56 casas. Lo que no puede ser es que quienes no utilizan los cauces legales para acceder a una vivienda quieran tener el mismo derecho que los demás argumenta el ge- rente. Junto a ello, explica que el procedimiento para desalojar a los ocupantes ilegales es largo. Primero, se les comunica su situación y se abre un procedimiento administrativo en el que se les insta a abandonar el inmueble voluntariamente. Si no lo hacen, el asunto se lleva a los tribunales y es el juez quien les obliga a ello. ¡También tenemos derechos! Están indignados. ¡Nosotros también tenemos derecho a una vivienda digna, como dice la Constitución! espeta una mujer, visiblemente enojada. Un hombre mayor añade: ¡Que se preocupen más por los españoles! ¿No queremos ser olímpicos? dice otra. Una joven da el pecho a un bebé que ni siquiera ha cumplido un mes sentada en una silla de plástico, mientras una nube de polvo procedente de las excavadoras nubla la vista. Se llama Consuelo Barroso y tiene 25 años. Afirma que pasará la noche a la intemperie con su hijo de 25 días. ¡Somos gente honrada y trabajadora y no nos podemos pagar un piso con nuestros sueldos. Queremos No podemos hacer excepciones Estas personas están informadas desde el primer día, muchos desde hace más de un año y podían haber intentado buscar una salida Indica que algunos de los que dan la patada en la puerta saben donde se meten y tienen la esperanza de beneficiarse al final, pero no es posible, no se pueden saltar las normas y no podemos hacer excepciones ¿Las opciones? Recurrir a los servicios sociales y solicitar un piso de protección oficial, que reserva un cupo para personas en situación de necesidad. Somos conscientes de que hay más demanda que oferta. En una de las últimas promociones había 7.000 peti-