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28 Internacional MARTES 26 4 2005 ABC Después de 29 años de ocupación militar y de tutela política, económica y cultural, los últimos soldados y agentes de Damasco abandonan hoy el País del Cedro, que mira ilusionado al futuro El Líbano rompe las cadenas sirias TEXTO JUAN CIERCO. CORRESPONSAL FOTO AFP JERUSALÉN. Apenas queda ya arena en el reloj que desde hace 29 años desgrana la ocupación siria del Líbano. El último puñado de soldados sirios, acantonados en el valle de la Bekaa, abandonará hoy el País del Cedro tras participar en la ceremonia militar que pondrá fin a la presencia, que no a la influencia, de Damasco en Beirut. Atrás quedarán casi tres décadas de ocupación, lanzada por cortesía de la Liga Árabe en 1976 con la intención de acabar, sin éxito, con la descarnada guerra civil libanesa (1975- 1990) y prolongada demasiado tiempo por intereses geoestratégicos, políticos, económicos y militares. Comienza una nueva era para el Líbano, ilusionado por el futuro soberano que llama a la puerta de su desconchada vivienda pero consciente de las dificultades que tendrá que afrontar en los años venideros. Sin ir más lejos, las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina (finales de mayo) El pronosticado triunfo de la oposición, que supondría el final de un Parlamento prosirio, no garantiza en absoluto un periodo de estabilidad interno, algo muy difícil de asegurar a corto plazo dados los intereses cruzados que abanderan cristianos maronitas, drusos, musulmanes chiíes y suníes. No obstante, y aunque la mayoría de libaneses miran al futuro esperanzados, muchos se detuvieron ayer, y a buen seguro lo harán hoy también, durante unos minutos para recorrer a buena marcha un pasado poco propicio para la nostalgia. Policías militares libaneses preparaban las banderas para el acto de despedida de hoy, en la base aérea de Rayaq, en la Bekaa Caída libre de los generales libaneses J. C. JERUSALÉN. Uno tras otro. Como fichas de dominó. En caída libre. Sin redes de protección. Los generales libaneses, unidos a sus colegas sirios con vínculos de sangre, han comenzado a tirar la toalla ante los inevitables cambios políticos que se avecinan en el País A golpe de coches bomba Recordaban, y recordarán, cómo miles de soldados y agentes secretos sirios penetraron en su país en 1976, aumentando durante años su presencia hasta superar los 40.000, hasta controlar todos los resortes del poder militar y de seguridad; hasta eliminar a golpe de coches bomba a muchos opositores que osaron dar un paso al frente y cuestionar la omnipresencia de Damasco. El último, después de haber mantenido durante muchos años excelentes relaciones con Hafez al- Assad, el ex primer ministro libanés Rafic Hariri, asesinado el 14 de febrero en el paseo marítimo de Beirut. Su muerte aceleró lo inevitable. Centenares de miles de personas se lanzaron a las calles para reclamar la retirada siria. Otras muchos se movilizaron a favor de su vecino y tutor, pero las cartas estaban echadas. La comunidad internacional, liderada por Washington y París, sacó adelante la resolución 1559 de la ONU, puerta de salida de aquellos acuerdos de Taif de 1989 que ya llamaron a la evacuación siria. Recordaban, y recordarán, el error del Cedro. Ayer dimitió el todopoderoso general Jamil al- Sayyed, jefe de la Seguridad General, hombre fuerte del régimen e investigado por la ONU, por su presunta relación con el asesinato de Hariri. Antes cayeron el jefe de la Policía, Ali Hajj, y el de la Inteligencia militar, Raymond Azar, huido con su familia a París. A alguno ni siquiera le dio tiempo de despedirse del no menos poderoso jefe de los servicios de Inteligencia sirios, el general Rustom Ghazale, quien ayer volvió a casa ante la alegría nada contenida den la oposición libanesa. de Damasco de no haber aprovechado la retirada israelí del sur del Líbano en mayo de 2000 para, acto seguido, haber salido por el norte. Recordaban, y recordarán, los 2.000 millones de dólares anuales que extraía Siria del País del Cedro para reactivar una economía en estado de defunción, cuando la libanesa, por ejemplo, creció un 4 por ciento en 2004. Recordaban, y recordarán, esa inalterable tutela política, económica, cultural y militar, traducida en la falta de relaciones diplomáticas entre ambos países, pues Damasco no reconocía siquiera la soberanía libanesa. Las presiones de la calle y de la comunidad internacional han obrado el milagro que, sin embargo, no significa la desaparición siria del Líbano. Beirut no quiere una desconexión absoluta; la oposición, tampoco. Resulta a estas alturas impensable que el nuevo gobierno libanés que surja de las legislativas pueda, por ejemplo, negociar por libre, sin contar con Damasco, la paz con Israel. Tampoco Siria se va a quedar de brazos cruzados. Querrá sacar réditos en sus relaciones con EE. UU. y la UE tras ceder a sus presiones. Queda además la incógnita de Hizbolá y su complejo desarme, exigido en la resolución 1559. Todo se andará. O no. Por el momento, las flores rojas y amarillas que florecen durante el año en los cedros libaneses cobran estos días mayor esplendor.