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ABC MARTES 26 4 2005 Nacional 17 EL TERRORISMO ISLAMISTA LA INVESTIGACIÓN DEL 11- M El jefe antidroga no informó en la Comisión de que uno de sus agentes recibió un aviso de un posible atentado El comisario habló con un confidente seis meses antes de su comparecencia b El mando policial dijo en la Comi- Un marroquí detenido en Luxemburgo dice tener nuevos datos ABC MADRID. La Policía de Luxemburgo ha detenido en fechas recientes a un marroquí que dice tener conocimiento de la autoría intelectual de los atentados del 11- M. Ante este testimonio, agentes de la Comisaría General de Información se han trasladado a Luxemburgo para conocer de forma directa los datos aportados por el arrestado. No obstante, fuentes policiales se muestran de momento un tanto escépticas sobre la calidad de las declaraciones del marroquí, por lo que las ponen en cuarentena. Según las fuentes consultadas, el detenido ha manifestado que conoce a alguno de los detenidos en España. Sin embargo, las primeras indagaciones no han detectado ningún vínculo. sión que si su unidad hubiera tenido algún dato que hubiera permitido prever los atentados lo habría comunicado inmediatamente S. N. MADRID. El que fuera responsable de la Udyco (Unidad de Drogas y Crimen Organizado de la Policía) Juan Manuel Calleja, no mencionó durante su comparecencia en la Comisión parlamentaria del 11- M, el 19 de octubre de 2004, que un agente de su unidad recibió en las Navidades de 2003 un chivatazo sobre los planes que un grupo de islamistas tenía de atentar contra trenes en Madrid. Tampoco lo hizo el ex director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera. El comisario Calleja conocía la existencia de la confidencia al menos desde el 19 de abril de 2004, fecha en la que un confidente- -en la actualidad testigo protegido S 20- 04- J 56 del sumario del 11- M- -le llamó para confirmarle que los dos marroquíes de los que conocía su implicación en la masacre desde diciembre eran los que estaban apareciendo fotografiados en los medios de comunicación. El chivatazo llegó a la Udyco tres meses antes de los atentados, en las Navidades de 2003. Así lo declaró ante el Mohamed Oulad juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo el testigo protegido S 20- 04- J 56 el pasado 22 de abril, tal y como consta en el sumario. Dicho testigo, confidente de la Policía, se enteró de que se iba a cometer un atentado contra los trenes en Madrid a través de su cuñado, Abderraman Hammadi, un traficante de drogas que había contactado en Francia con personas que le traían chocolate de Marruecos. Entre esas personas, se encontraban los hermanos Mohamed y Rachid Oulad Akcha, dos de los terroristas que se suicidaron en Leganés. Cuando Abderraman Haddadi se lo comentó al testigo protegido, éste intentó comunicar con un agente de la Ucie (Unidad Central de Información Exterior) pero no lo consiguió. Entonces llamó a Evaristo Tobares, de la Udyco, a quien también conocía, para alertarle de que no tomara ningún tren o transporte público de metro porque sabía que iban a poner bombas en los mismos El testigo protegido llegó a conocer personalmente a los hermanos Oulad catorce días antes del 11- M, en una reunión a la que acudió junto con su cuñado para cerrar la compra de una partida de hachís. En ella, sin embargo, no se hizo mención alguna a los atentados. Durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados, a preguntas del diputado del Partido Popular Vicente Martínez- Pujalte, Juan Manuel Calleja aseguró que si en su unidad se hubiera tenido algún dato que hubiera permitido prever la comisión de un atentado de fundamentalistas islámicos en España evidentemente lo hubiéramos participado con inmediatez También indicó, al responder al diputado de ERC Joan Puig, que a lo largo de toda su carrera, no se ha encontrado en España con ningún caso en el que se haya producido colaboración entre las redes del narcotráfico y grupos terroristas. Un testigo que salvó la vida porque llegó tarde al tren reconoció a uno de los imputados por los atentados en las inmediaciones de la estación de El Pozo. Llevaba, dice, un móvil en la mano Me miró con sonrisa irónica cuando dije en voz alta que perdía el tren TEXTO: N. C. MADRID. Tenía que ser una mañana como todas las demás, pero no fue así. Se dirigió como cada día a coger el cercanías en la estación de El Pozo y, afortunadamente para él, lo perdió. Las explosiones le sorprendieron en el andén y pudo salir corriendo de ese repentino infierno. Juan (llamémosle así) ha prestado declaración como testigo ante el juez Juan Del Olmo para contarle su experiencia de ese día, lo que vio y, sobre todo, a quién vio. Este ciudadano pudo reconocer a Abderrahim Zbakh, uno de los imputados por el 11- M, inicialmente considerado autor material de la masacre y puesto después en libertad a petición de la Fiscalía por la debilidad de los indicios en su contra. Pero Juan está convencido de lo que vio y así lo relató en el Juzgado. Cuando llegó a las inmediaciones de la estación, se fijó en un coche. Era grande y de color negro, quizás un BMW, y estaba parado en la calzada con las luces encendidas y el conductor dentro, obstaculizando el tráfico, pese a que había muchos sitios libres para aparcar. Juan siguió su marcha sin darle importancia alguna. Ya iba por Entrevías cuando vio llegar el que debía ser su tren, pero desistió de correr. Que le den comentó en voz alta. Justo en ese momento, se cruzó con un individuo que estaba parado, que miraba los vagones pasar y que reaccionó a su comentario con una sonrisa irónica Otro detalle sin im- portancia, como el hecho de que esa persona llevara en sus grandes manos un objeto que le pareció un teléfono móvil de los antiguos o como que, al tiempo que él entraba en el andén, aquél se dirigiera hacia unos arbustos desde donde puede verse con claridad la llegada del convoy Apenas le dio tiempo a Juan a entrar en la estación cuando se produjo una gran explosión que lo tiró al suelo. Y vino la segunda, lo que le hizo salir corriendo de allí. En su huida comprobó cómo el individuo del teléfono salía rápido de detrás de los arbustos y entraba en el coche negro, que arrancó haciendo chirriar sus ruedas Fue entonces cuando aquellos detalles sin importancia cobraron sentido.