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90 Economía LUNES 25 4 2005 ABC JUAN VELARDE FUERTES HACIENDO DE REPÚBLICA: LA ECONOMÍA lrededor del pasado 14 de abril, de modo curioso y sospecho que porque ya no se lee a Julio Camba, ha surgido una especie de reivindicación de la II República. Desde el punto de vista de la economía es preciso subrayar que la época republicana fue un auténtico desastre, tanto por la realidad socieconómica generada como por las medidas que se adoptaron para intentar mejorarla. Es oportuno, en este sentido, transcribir en primer lugar algunos párrafos de lo que sobre esto señala Leandro Prados de la Escosura en las páginas 159- 160 de su insustituible obra El progreso económico de España (1850- 2000) (Fundación BBVA, 2003) Comienza por señalar que en esa etapa republicana es cuando se quebró la intensa expansión de la década (monárquica) anterior; tanto el PIB absoluto, como el relativo acusan un marcado declive Conviene, en este sentido ofrecer datos exactos. El PIB real por habitante había crecido entre los seis años que transcurren entre 1923 y 1929 un 19,69 Entre 1929 y 1935, otros seis años, en vez ce crecer, cae nada menos A que un 5,69 Y no se derrumbó más como consecuencia de la mejora del segundo bienio, el famoso bienio negro bautizado así para criticar los gobiernos de centroderecha, esencialmente radicalcedistas. Respecto a 1930- -y no respecto a 1929, porque la crisis ofrecería cifras aún más escandalosas, porque 1930 ya cae, por cierto, un 4,32 respecto a 1929- el PIB por habitante de 1933 lo hace en un 5,13 En cambio, 1935, sobre esta magnitud de 1933, crece un 3,89 enmendando en parte el caos socieconómico anterior. Los denostados Gil Robles y Lerroux, como más significativos, ayudaron seriamente a nuestra economía. Igualmente sucede con la renta relativa. Nuestra convergencia con los ocho países de la que se puede denominar la Europa avanzada- -Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Holanda, Reino Unido y Suecia- que por supuesto experimentaba con mucha fuerza los efectos de la Gran Depresión, era del 75,1 en 1929 y cae espectacularmente al 66,3 en 1933. Respecto al conjunto de los otros 14 países de la Europa occidental- -los anteriores más Italia, Finlandia, Noruega, Suiza, Portugal y Grecia- el derrumbamiento de la convergencia desde 1929 a 1933 fue nada menos que del 11,10 Es lógico que Francisco Comín Comín, en su trabajo La economía española en el periodo de entreguerras (1919- 1935) publicado en el libro dirigido por Jordi Nadal, Albert Carreras y Carles Sudriá, La economía española en el siglo XX. Una perspectiva histórica (Ariel, 1987) hable de un impacto reducido de la Gran Depresión en España. Lo que existía era una deleznable política económica basada en cua- tro mitos que, en cambio, había evitado la monarquía de Alfonso XIII. El primero, era el mito del reparto Este precipitó al primer bienio hacia la llamada Reforma Agraria. Pero en vez de plantearla seriamente, como pretendió la comisión técnica constituida por Flores de Lemus, Sánchez Román y Pascual Carrión, al prescindir el Gobierno Azaña de la creación del Banco Agrario, mató esta política. No quedó otro recurso que el de desplegarla, no como política económica racional, sino como castigo a los que consideraba enemigos de la República Juan Muñoz nos señaló cómo, en buena medida, esto afectó a las pequeñas propiedades de los ruedos de los pueblos. Creó así un conjunto de odios gigantescos que explican más de una barbaridad sucedida al comienzo de la Guerra Civil. Analizó en la etapa republicana el profesor Vergara Doncel, en un ensayo que estaba inédito y que yo rescaté y publiqué en Agricultura y Sociedad cómo una racional reforma agraria hubiera podido aumentar la demanda efectiva en España, y así corregir en parte la crisis, por el peso que entonces tenía la producción rural. El segundo mito fue el del pan barato Obsesionado con él, el dúo Marcelino Domingo- -ministro de Agricultura- -y Santiago Valiente- -su subsecretario- -importaron trigo de Argentina coincidiendo con una excelente cosecha en Castilla. Resultado: la ruina del campo castellano y, como ha señalado Malefakis, los labriegos pequeños y medios españoles se convirtieron en enemigos acérrimos del régimen republicano. La época republicana fue un auténtico desastre, tanto por la realidad socieconómica generada como por las medidas que se adoptaron para intentar mejorarla El tercer mito fue el de la fortaleza de la peseta Se había criticado, por sus enemigos políticos, a la Dictadura por la caída de la cotización de nuestra moneda. No parecieron estos políticos republicanos haber reparado en lo que Keynes había señalado, en Madrid y en 1930: que el puntal que sostenía nuestro desarrollo, en aquella formidable caída de la economía mundial, era precisamente el deslizamiento continuo de la peseta. Pues bien; se decidió que no. Para imponer la colaboración del Banco de España, con la Ley Prieto de Ordenación Bancaria de 1931, se inició un fuerte intervencionismo en él, que condujo a la disparatada adscripción de España al Bloque Oro. Por supuesto, que nadie pareció haber leído el ensayo clarividente de Keynes, Las consecuencias económicas de Mr. Churchill o el más cercano Dictamen de la Comisión del Patrón Oro publicado en 1929, y referido concretamente a España. La crítica a la política expansiva de Primo de Rivera había conducido al cuarto mito, el del presupuesto equilibrado para lo que, incluso, Ramos, el ministro de Hacienda del Gobierno del Frente Popular, propuso aumentar los impuestos sobre el consumo, por lo que hubo de soportar, en el Congreso, la chacota del buen economista y excelente polemista, Bermúdez Cañete, que había sido elegido diputado como miembro de la Juventud de Acción Popular. La contracción así originada, lo mismo por Prieto que por Chapaprieta, concluyó por hundirlo todo. De paso, una desatinada política energuménica, que late desde la quema de los conventos e iglesias en 1931 a las decisiones desatinadas de 1936, asustó a la inversión. La consecuencia de todo fue un círculo vicioso, en el que crecía el paro sin prácticamente ningún auxilio y existía cualquier cosa menos una política económica racional. Ortega y Gasset, el 30 de julio de 1931, en las Cortes, advirtió: Un régimen naciente hoy y que no triunfe en la economía, no tiene franco el porvenir Y, claro es, como era absolutamente imposible que con ese haz de desatinos triunfase, no lo tuvo. El saldo vivo de deuda pública emitida por las Comunidades bajó el año pasado un 5 Cataluña, con 6.608 millones de euros, es la región que lidera el ranking ABC MADRID. El saldo vivo de deuda pública emitida por las Comunidades autónomas se situaba a finales de 2004 en 25.281 millones de euros, frente a los 26.635 millones al cierre del año anterior, un 5 menos, según el boletín estadístico del Banco de España. Cataluña es la Comunidad que presenta un saldo anotado mayor, ya que el saldo de su deuda emitida en circulación alcanza los 6.608 millones de euros (de los que 470 millones corresponden a valores a corto plazo) seguida de Andalucía, con un saldo de 4.681 millones de euros (336 millones a corto plazo) y de la valenciana, con un saldo en circulación de 4.221 millones de euros (288 millones a corto plazo) Madrid, en cuarta posición El saldo en circulación de deuda pública emitida por la Comunidad de Madrid se elevaba a finales de 2004 a 3.561 millones de euros, correspondiéndose todos ellos a obligaciones y deuda no negociable. Esta circunstancia también acontece en los casos de la Comunidad Foral de Navarra (641 millones en obligaciones y deuda no negociable) Canarias (640 millones) Castilla y León (621 mi- llones) y País Vasco (582 millones) El saldo en circulación de deuda de Castilla- La Mancha se eleva hasta los 538 millones, de los que 50 millones son valores a corto plazo, mientras que el de Aragón se sitúa en los 426 millones de euros, el de Murcia en 367 millones, el de Baleares en 166 millones, y el de Cantabria en 50 millones, todos ellos en obligaciones y deuda no negociable. Según el citado boletín del Banco de España, a finales del pasado año el saldo en circulación de las empresas públicas se elevaba a 473 millones de euros, todos ellos en obligaciones y deuda no negociable.