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64 Espectáculos LUNES 25 4 2005 ABC París aplaude un Don Juan de origen canadiense y acento español b El musical, que llena a diario el Palais des Congrès de la capital francesa, cuenta con la coreografía de Carlos Rodríguez y Ángel Rojas JULIO BRAVO PARÍS. Un musical inspirado en un mito español, Don Juan (aunque tamizado por la pluma francesa de Molière) y con autoría y mayoría de intérpretes canadienses, triunfa estos días en el Palais des Congrès de París, un monumental auditorio con capacidad para cerca de cuatro mil espectadores. El compositor Félix Gray es el autor de este musical, que se estrenó hace poco más de un año en Montreal y que ha arribado a París, donde ya lo han visto trescientas mil personas, después de un periplo de casi un año por diversas ciudades de Canadá. Del disco con la música del espectáculo se han vendido más de trescientos mil ejemplares, y la canción Changer se mantuvo durante varias semanas entre las más pinchadas por la radio canadiense. Don Juan sigue la moda de otros títulos francófonos como Notre- Dame de Paris de Richard Cocciante y Luc Plamondon (que se pudo ver, sin excesivo éxito, en Barcelona) o Romeo et Juliette de Gerard Presgurvic: escenografía ampulosa y colosal puesta en escena para una sucesión de canciones más o menos ajustadas a la acción dramática. El espectáculo va de menos a más, con una primera parte apática e inapente, envuelta en temas azucarados y faltos de brío, y un segundo acto que va cobrando vida progresivamente hasta alcanzar momentos emocionantes tanto musical como dramáticamente. Los intérpretes de La cantante calva en el montaje de Yllana ABC TEATRO La cantante calva Autor: Eugène Ionesco. Traducción: Luis Echávarri. Adaptación, dirección y espacio escénico: Yllana. Dirección artística: Joseph O Curneen. Iluminación: Diego Domínguez. Vestuario: Sol Curiel. Intérpretes: Paloma Tabasco, Paco Churruca, Roser Pujol, Carlos Cañas, Carmen Ruiz y David Fernández. Lugar: Teatro Alfil. Madrid. SE SIGUE PEINANDO IGUAL JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN a paradoja es ese espejo que nos muestra el culo (ejem, el otro lado quería decir, ustedes disculpen) de la realidad, el gozne sobre el que se articula el sentido del sinsentido, un pellizco del absurdo- -ya llega- L mos a la palabreja- que late bajo muchos aspectos de lo cotidiano. La cantante calva estrenada en París en 1950, está considerada la piedra fundacional del teatro del absurdo, una denominación acuñada por Alfredo Marqueríe y que habría también que aplicar con un rataplán precursor a Tres sombreros de copa escrita bastante antes por el gran Miguel Mihura y destinada a convertirse en una pieza incomprendida condenada al olvido, pero que fue estrenada años después que la comedia de Eugène Ionesco (1912- 1994) gracias a alguna carambola del destino y a la tenacidad fervorosa de Gustavo Pérez Puig. Pero volvamos al raíl previsto para estas palabras. Esa factoría de humor que lleva el nombre de Yllana montó en sus comienzos La cantante calva y la recupera ahora gozosamente en un montaje desternillante, apoteósico, perfecto de ritmo y rebosante de la intención crítica inoculada en su texto por el dramaturgo francés de origen rumano. El teatro del absurdo suele a veces pre- sentarse de una manera grave, torturada y heladora del ánimo; hay obras muy indicadas para ello y hay motivo, por otra parte. Yllana ha escogido otra clave, la del humor desatado que trisca sobre el escenario con la alegría de un potro en un prado húmedo, el que descerraja tópicos y convenciones desnudándolos a la vista de todos, un humor físico y verbal, que destapa las ciénagas inanes del lenguaje, esas fórmulas repetidas una y otra vez formando enjambres de palabras que terminan por no decir nada y que son usadas como argamasa entre silencio y silencio. Hay así en este montaje silencios perfectamente ingleses, matrimonios que van juntos de visita y terminan reconociéndose al cabo de un buen rato, un bombero con las manos llameantes y surtidores de agua distribuidos estratégicamente en su uniforme, una fámula con cachimba y un soberbio trabajo de los actores muy bien dirigidos y muy aplaudidos por el público. ¿Y la cantante calva? se preguntarán ustedes: pues se sigue peinando igual. Flamenco auténtico Buena parte del espectáculo se sostiene y se levanta sobre la coreografía de Carlos Rodríguez y Ángel Rojas, los creadores y directores del Nuevo Ballet Español, y que aportan, como es lógico, los tonos más puros y auténticos a un musical que en alguna ocasión se escapa peligrosamente hacia un chirriante pseudoflamenco de influencia gypsy- king Rodríguez y Rojas, que han demostrado en los últimos años su extraordinario talento creador, dibujan con pulso firme los números musicales más españoles donde destaca- -además de los propios Rojas y Rodríguez- -la seductora presencia de María López (componente del Nuevo Ballet Español) Existe una posibilidad de que el espectáculo llegue próximamente a España de la mano del empresario teatral y productor televisivo José Luis Moreno, que está estudiando la realización de la versión española del musical. ÓPERA La Walkyria Música: Richard Wagner. Dirección musical: Valery Gergiev. Dirección de escena: O. Schenk. Escenografía: G. Schneider- Siemseen. Vestuario: R. Langenfass. Iluminación: G. Wechsler. Intérpretes: P. Domingo, K. Dalayman, O. Sedgeeva, L. Diadkova. Orquesta del Metropolitan Opera House. Lugar: Metropolitan Opera House, Nueva York. SUPERMAN DOMINGO PABLO MELÉNDEZ- HADDAD H ace años que Plácido Domingo se ha ganado el título de superhéroe porque su fortaleza incombustible le sigue manteniendo en la cresta de la ola interpretativa y mediática. Su regreso al Metropolitan de Nueva York, sólo para dos funciones de La Walkyria -mientras ensaya un Cyrano de Bergerac de Alfano, que quizás aterrice en el Real- se esperaba con ansias por sus incondicionales, más todavía cuando se rumoreaba que era una de las últimas ocasiones de ver al divo espanol como Siegmund. Su entrega fue recibida con vítores: hubo incluso, nada más pisar el escenario, un amago de aplauso que fue acallado por los wagnerianos más conservadores. Su canto lució con brillo y sentido del estilo, graves consistentes y agudos perfectos, una línea en la que incluso aportó dulzura y una vitalidad corporal sorprendente, siempre con su particular dicción alemana. No era la primera vez que el tenor madrileño se medía con esta producción de Otto Schenk, que ya peina canas pero que sigue manteniendo la ilusión de una atmósfera melancólica de épocas pasadas. El resto de la compañía también se movió por derroteros de éxito, ya que tanto la Sieglinde de Katarina Dalay- man como la Brunnhilde de Olga Sergeeva aportaron lo suyo, pura dinamita: Dalayman incluso consiguió apianar en el primer acto, controlando un material generoso, punzante y de gran calidad, mientras que Sergeeva aportaba unos agudos siempre firmes en una voz con un vibrato intenso pero dramáticamente efectivo. Increíble la prestación de Larissa Diadkova como Fricka, una voz potente, de graves broncíneos, y muy convincente el Wotan de Mijail Kit, el tercer aporte vocal llegado del Este a este reparto. La opción de Stephen Milling como Hundig, casi declamatoria, no convenció en su voz inmensa y de afinaci on dudosa, mientras que las walkyrias salvaban con honor sus populares intervenciones. Desde el podio, el extrovertido Valery Gergiev dio rienda suelta a un espíritu indómito en los tempi demostrando una gran compenetración con los solistas, a pesar de que en varias ocasiones la inmensa orquesta se le revelara a su entero albedrío.