Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 25 4 2005 37 El sur de México ha registrado más de 1.200 asesinatos de mujeres en los últimos tres años, según la ONU Siria retira sus últimas unidades militares del Líbano después de casi tres décadas de protectorado El derrocado Lucio Gutiérrez se marcha por la puerta de atrás al exilio dorado de Brasil Preparó su salida de Ecuador como quien va a la guerra, con pasamontañas y traje verde oliva b El gobierno brasileño asegura que concedió asilo al ex presidente ecuatoriano no por simpatías políticas, sino por tradición y respeto a los tratados internacionales CARMEN DE CARLOS ENVIADA ESPECIAL QUITO. A las cuatro de la madrugada, amparado por las sombras de la noche, el ex coronel que un día fue golpista se camufló en el interior de un todoterreno. En la entrada principal de la Embajada de Brasil en Quito, hacía guardia una patrulla de periodistas. Las cámaras de televisión se afanaron en recoger las imágenes de un vehículo que salió como alma que lleva el diablo, pero se trataba sólo de un cebo, un simulacro de huida. En ese mismo momento, por la puerta de atrás, el auténtico Lucio y su disfraz- -pasamontañas y uniforme verde oliva- -escapaban en otro vehículo blanco. Policías de elite estuvieron al frente de la operación, de la real y de la de despiste. Una cámara inquieta filmó a un hombre derrotado, a un hombre a una nariz pegado. El inconfundible perfil árabe del ex presidente andino asomaba entre los orificios del verdugo. En el aeropuerto Mariscal Sucre le esperaba un helicóptero Super puma en el que viajó junto a su mujer, Ximena, y su hija Carina, de 15 años. La mayor, Viviana, para no perder el curso escolar, se quedó en la capital ecuatoriana. Lucio Gutiérrez, junto a su mujer y su hija, a su llegada ayer a Brasil AP Junto a su familia A las 5.50 los Gutiérrez aterrizaron en la base aérea de Latacunga. Allí, un aparato de la Fuerza Aérea brasileña les llevaría a territorio seguro: Brasilia, capital del imperio suramericano y tierra prometida de dictadores nonagenarios como el paraguayo Stroessner, el ex general Lino Oviedo o el ex presidente Raúl Cubas. Horas más tarde, mediodía en Ecuador, el grupo de asilados pisaba terreno seguro y se trasladaba a su nueva morada: una residencia militar. El embajador de Brasil respiró hondo; sus preocupaciones, por fin, habían terminado. Había vivido los últimos cuatro días, virtualmente, bajo el Antes de su salida de la Embajada, se organizó un simulacro de huida para despistar y garantizar su seguridad asedio de un puñado de manifestantes que, ante la indiferencia de las autoridades locales, le habían bloqueado la legación diplomática e, incluso, apedreado su automóvil y golpeado a un funcionario. Tras un juego (peligroso) de retrasos y aplazamientos, el gobierno le entregó el correspondiente salvoconducto para que el perseguido viajara. La bendición, el puente de plata al enemigo que huye, finalmente, la dio Alfredo Palacio, el ex vicepresidente de Gutié- rrez y, por ahora, el nuevo jefe de Estado. En menos de una semana, a Gutiérrez le pusieron entre las cuerdas los forajidos clase media convocada en manifestaciones por los móviles y el correo electrónico. Las Fuerzas Armadas le abandonaron a su suerte, y una representación del Congreso le firmó un falso certificado de defunción pese a estar vivito y coleando, entre lágrimas, en el Palacio Presidencial. El hoy exiliado pecó de abuso de poder al disolver la Corte Suprema, pero en lugar de juicio justo recibió condena definitiva Oculto en el maletero de un coche y por primera vez disfrazado de cualquiera, Gutiérrez se refugió en la Embajada de Brasil. Calzaba zapatillas de deporte y su pecho castrense se encogía en una camiseta del club de fútbol Deportivo Aucas. Cómo salió ayer del mismo lugar, ya es historia.